viernes, 23 de septiembre de 2016

Evita, Y Argentina Lloró Por Ti

Eva María Duarte de Perón, Evita, es un personaje que me causa fascinación, algo que no solo me ocurre a mi, ya que su figura es una de las mas controvertidas y mas estudiadas de todo el  S.XX . A día de hoy cuando han pasado casi 70 años de su muerte todavía nadie se pone de acuerdo sobre ella, desde la "Santa Evita" que unos proclaman hasta la arribista populista que coqueteó con el fascismo según otros, la paleta de colores que envuelve el mito tiene tantos matices y aristas como la propia Eva. La conjunción de hechos históricos y personales que rodearon su vida, sin duda fueron arte y parte de su enigmática personalidad discutida y discutible.
Cuando uno piensa en Evita piensa en glamour, poder, fascinación, ambición, demagogia y también cierta piedad, ya que su temprana muerte a los 33 años, unida a la caída de su figura política, sin ninguna duda son una combinación digna de una tragedia griega de proporciones que a día de hoy casi nos parecen épicas. Si las motivaciones de ella fueron el revanchismo o una lícita conciencia social, Evita se lo llevó a la tumba, por tanto el mito y la controversia seguirán en pie hasta dentro de muchos años, ya que si algo mantiene la figura de  Eva Duarte hoy en día es la enigmática y contradictoria personalidad del icono argentino por antonomasia.
Que la vida de nuestra heroína fue digna de una ópera no me cabe ninguna duda, y la ópera rock de Andrew Lloyd Webber sobre su figura es para mi uno de los títulos mas interesantes de dicho compositor. En el momento que supe que se reponía esta temporada en el Nuevo Teatro Alcalá, tuve clarísimo que era un título imprescindible en mi bagaje como espectador ya que la mítica producción en español estrenada a finales de 1980 no alcancé a verla dada mi edad, así que uno de mis sueños era poder disfrutar alguna versión de la obra en España. Mi sueño se vio cumplido y ayer en gran noche de estreno presencié uno de los musicales mas importantes compuestos jamás.



La representación que esta crítica ocupa está producida (en una mas que loable iniciativa) por el Cabildo de Tenerife, y se ha llevado escena en versión íntegra con el añadido de la canción  You Must Love Me incluida en la película homónima dirigida por Alan Parker y galardonada con un premio Oscar. La canción en castellano ha sido titulada como Adórame

  
 Evita, ópera rock con música de Andrew Lloyd Webber y letra de Tim Rice estrenada en Londres en 1978, ya había sido grabada en 1975 en disco, con gran éxito, dándose la paradoja de que una obra escénica ya era popular antes de que se llevase a las tablas, algo que dice mucho de la conexión con el público de la obra de Webber. Evita es sin duda piedra angular del musical escénico, uno de los mejores ejemplos del género, y una de las piezas mas difíciles jamás escritas, especialmente para su protagonista. El compositor se sirvió de una música áspera y punzante, para reflejar el entorno de poder de Evita, y de un lirismo muy acertado para los momentos mas emocionales. La obra destila de principio a fin un hiriente sarcasmo muy bien reflejado en la partitura, siendo el resultado un sabroso y profundo reflejo de la psicología de cada personaje. La soberbia orquestación, ampulosa y muy atmosférica es otro de los fuertes de la partitura y una auténtica declaración de principios de lo que la obra ofrece, es decir una obra ambiciosa, y de gran empaque tanto escénico como musical. Dramaticamente se sirve de un astuto libreto, con una evolución interesantísima en el personaje de Eva Perón que nos va llevando poco a poco hacia su emotivo e impactante final. Evita no es un tratado de historia, que duda cabe, pero los momentos mas importantes de su vida y los rasgos mas contradictorios de su personalidad están ahí con sus grandezas y sus miserias, y con una riqueza de matices a todos los niveles realmente notable.



Vayamos con elenco.
Partiquinos perfectos, muy cuidados y que tanto abundan en la función y que cumplen si problema. Dos comprimarios son a destacar el Agustín Magaldi llevado a cabo en código lírico por Argel Campos con gran tino, de amplio agudo, así como un bello timbre que me resulto muy grato. Mención aparte para la conmovedora intervención de Miriam Reyes como amante de Perón, cuyo cristalino timbre y sensible interpretación no pasa desapercibida a pesar de la brevedad del papel.

Ignasi Vidal como Juan Domingo Perón.
Perón es un toro bravo difícil de cantar y muy desagradecido. Se trata de un papel marcado por los terribles recitativos que practicamente componen la totalidad del personaje,  y una sobrada y necesaria presencia escénica que no hacen que sea fácil encontrar un cantante con suficiente entidad como para llevarlo a cabo. Vidal gran conocido por los amantes de los musicales afronta su complicado rol sin el mas mínimo problema dotando de gran empaque actoral a su personaje desde un punto de vista muy marcial y cargado de una dureza que llega al paroxismo en su escena final con Evita, donde nos deja helados por su sangre fría y casi despiadada forma de tratar a su esposa. La voz suena impoluta partiendo de la peculiar colocación marca de la casa y que a mi me resulta muy atractiva. De poderoso volumen y gran expresividad en todas sus intervenciones, la creación de Ignasi Vidal musicalmente hablando es superlativa, dotando a su papel de una seguridad vocal y una robustez encomiable. Sólido como una roca y muy en su lugar durante toda la función, remata su trabajo de forma mas que solvente y sin duda aportando gran oficio y conocimiento sobre lo que el papel es y lo que representa. Estamos ante un Perón de altura y con un tratamiento muy cuidado en toda su extensión.

Jadel como Che.
Me ha sorprendido gratamente Jadel en su interpretación vocal. El cantante canario que reconozco que no había escuchado nunca, posee una bonita voz de tenor, quizás un tanto alejado del estereotipo que del personaje tenemos en España, pero que va en consonancia con el Che de los primeros elencos fuera de nuestro país. Llega al agudo sin problema y con brillante resolución. Había leído que tenía ciertos problemas con la dicción y niego la mayor sobre este tema, ya que se entiende absolutamente todo lo que dice, y no solo eso sino que el trabajo hecho a este respecto se percibe desde el patio de butacas de forma muy notoria. Seguro cantando, de perfecta afinación y con una lectura musical muy cuidada donde el fraseo brilló y mucho, sirvió una espléndida función muy braveada por el público. En la parte actoral está un poquito mas flojo, que no quiere decir que no cumpla, simplemente que un poco mas de energía o una interpretación mas carismática hubiesen acabado de rematar su por otra parte mas que notable trabajo vocal.

Inma Mira como Evita.
Mira afronta con bravura el personaje de Eva desde el primer minuto, el endiablado rol escrito por Webber no se sustenta sin una musicalidad por parte del cantante bien definida, y una inteligente forma de cantar, ya que la exigente tesitura del personaje de otra forma sería imposible de abarcar, es una cuestión mas de saber cantar que de voz. Inma Mira sabe cantar, tiene recursos sobrados para ello, y controla a la perfección su instrumento desde el minuto uno. Resolutiva en el agudo, con un correcto paso de la voz (uno de los caballos de batalla del personaje se encuentra precisamente ahí) y un centro de gran belleza y potencia que sabe aprovechar hasta sus últimas consecuencias. Inma Mira da absolutamente todas las notas sin aparente esfuerzo y de mas que interesantes resultados. A esto hay que añadir la soberbia interpretación actoral de un recorrido pasmoso y en total consonancia con el personaje. La Evita que Inma Mira lleva a cabo tiene mas capas que una cebolla, desde la política de dental estudiada y populista sonrisa, pasando por la trepa falta de escrúpulos, para finalizar de forma ciertamente conmovedora la caída del mito y que es precisamente donde se vislumbra la Evita mas humana de todas. Reconozco que el último discurso de Evita me emocionó mucho. Inma Mira llega, no hay otra, por brillo vocal, empaque actoral y honesto planteamiento a todos los niveles, que ni busca ni necesita referentes. Estamos ante una interpretación que se sostiene por si misma, de gran valentía y entrega que no deja indiferente.

Conjunto impecable, con una cuidadísima interpretación vocal donde el nivel fue elevadísimo. De perfecta afinación y gran solvencia en los momentos mas comprometidos. Brillan especialmente por las alturas de la partitura, en los concertantes y en el difícil número de los oligarcas y militares.
Los coros de Evita son duros y difíciles, y de un buen trabajo de la masa coral depende mucho el éxito de la función. Trabajando todos con gran entrega y moviéndose con gran soltura sobre el escenario y lo que es mas importante, disfrutando mucho con su trabajo.

La función tuvo como director musical al Maestro Francis Hernández que dotó de gran sonoridad a la orquesta, con una lectura de gran dramatismo y muy teatral de la partitura. Tiempos muy atinados y en líneas generales muy cuidados en base a las características de cada cantante, si tengo que elegir una palabra esta quizás sea fluidez, donde todo transcurre sin aparente complicación y la comunión escenario foso es perfecta.



Vayamos ahora con la propuesta escénica.
Jaime Azpilicueta firma el espectáculo, como ya hizo en la anterior producción, y sirviéndose de los recursos que tiene consigue una estupenda función en la que de forma inteligente matiza a los actores, para que la cosa funcione sin problemas. Estamos ante un propuesta modesta en lo escénico, nadie se debe llamar a engaño, pero que apuesta fuertemente por la calidad artística, y a eso se atiene Azpilicueta sacando el máximo de sus protagonistas. Varios recursos son a destacar y que merecen mención, el juego de las sillas de los políticos todo un acierto escénico que resulta visualmente atractivo e ingenioso en su resolución. Otro momento a tener en cuenta es el cargado de empaque visual cuadro del balcón de la Casa Rosada. Esa visión cínica y ligeramente irónica, de lo que es una farsa populista da un prisma muy interesante al tantas veces mal entendido No Llores Por Mi Argentina que es populismo en estado puro, a pesar de que la mayoría de las cantantes lo lleven al desmelene sentimentaloide. Aquí queda muy claro por donde van los tiros marcando una brutal y mas que acertada diferencia con el  último discurso de Eva en el que una vez mas se repite el No Llores Por Mi Argentina con diferente letra, esta vez si desde un prisma realista y desgarrador.
La producción se puede calificar de media en su infraestructura que no en el número de artistas, pero se mueve dentro de unos parámetros mas que dignos, y sobre todo muy honestos. Esta Evita vende lo que tiene, ni mas ni menos, y eso es de agradecer. Su falta de pretensiones la engrandece y nos permite entender que mas vale cuidar lo artístico que el envoltorio, porque cuando esto ocurre la cosa funciona, no siendo así cuando se trata del caso contrario, ya que una suntuosa apuesta no salva un mediocre elenco.
Sencillas pero vistosas coreografías de Ezequiel Dibelo, que mueven a toda la compañía sin problemas e inspiradas luces de Miguel Ponce con alguna atmósferas muy conseguidas especialmente en los momentos mas íntimos dan a la producción la suficiente dotación estética para que nos movamos en unos medios mas que aceptables en líneas generales.



En resumen una apuesta arriesgada, y que ofrece una oportunidad única para que las nuevas generaciones podamos disfrutar de la insigne obra de Webber y Rice. No debemos acudir a comparaciones siempre odiosas a la hora de ver el espectáculo, cuya apuesta es clara y directa hacia la calidad artística, y plantearnos que esta Evita sin duda es una mas que digna propuesta que llega al espectador dado el gran nivel musical ofrecido, algo que nunca se nos debe olvidar, en una ópera es completa y absolutamente primordial. Os la recomiendo encarecidamente, disfrutaréis mucho.



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