lunes, 27 de febrero de 2017

Panorama Desde El Puente, Sopor Con Vistas Al Hudson

Este mes era para mi el mes Arthur Miller, la semana pasada Las brujas de Salem en el Valle Inclán, y esta semana Panorama desde el puente en los Teatros del Canal. Me resultaba muy interesante esta función ya que no la veía sobre las tablas desde la versión protagonizada por Helio Pedregal allá por el año 2000. Recuerdo que me gustó aquella producción, aunque no soy capaz de visualizarla, así que el tema nostálgico era un componente mas a la hora de animarme con esta producción. A ello hay que añadir que el texto me resulta muy interesante, y que es una de esas funciones que cuando "se dan bien" pueden llegar a lo memorable. No quise leer nada sobre el montaje que esta crítica ocupa, ya que las pocas referencias que me llegaron no eran buenas, y no me gusta ir condicionado al teatro, ya que prefiero sacar mis propias conclusiones cuando veo el espectáculo. Por desgracia, lo poco que me llegó era acertadísimo, y la velada de ayer, amén de decepcionante, me pareció irritante, ya que los problemas que presenta esta producción, como luego os iré contando, son graves y muy de bulto. La verdad es que después de las intensas Brujas de Salem del domingo anterior, iba esperando mucho mas de lo que recibí, sin duda un fallo por mi parte ya que se me agrió la velada a medida que iba avanzando (por decir algo) el espectáculo.



Panorama desde el puente, se estrenó en 1955, y constituye una de las cumbres del realismo estadounidense, y uno de los títulos mas afamados del repertorio americano. Miller nos descubre el "panorama que se vislumbra" desde el Puente de Brooklin, en el que un drama cotidiano entre inmigrantes italianos, legales e ilegales, es el catalizador para explicarnos la realidad que a Miller le interesa que sepamos, todo ello desde la perspectiva de la crítica social. Miller se sirve de un lenguaje duro y directo, propio de las clases bajas, y que define muy bien a unos personajes perfilados de forma magistral en el texto. Panorama desde el puente, es de esas funciones en las que se dicen muchas cosas sin que nada se diga, ya que los simbolismos están marcadísimos, y todo lo que ocurre en escena ocurre por algo, y nos va dando pistas a los espectadores de lo que va a ir ocurriendo a medida que la función se va desarrollando. Panorama es una obra difícil de interpretar, donde el subtexto es mas importante que el texto, y en el que un trabajo interiorizado por parte de los actores es importantísimo para que funcione, la tensión está a flor de piel en muchas escenas, aunque no se muestre en la palabra. Plasmar eso con toda la grandeza con la que Miller concibió su texto es sin duda la prueba mas dura a la hora de abordarla.



Vayamos con el elenco, francamente irregular, para ser sinceros.

Pep Ambròs. como Marco.
Correcto, en un papel poco lucido, pero que Ambròs lleva a cabo sin problemas, dando la entidad justa, a un personaje que realmente desencadena el drama pero hasta ese momento parece que no tiene mucho que decir. Me resulto muy convincente en los momentos en los que saca el carácter a relucir, especialmente en el último cuarto de la función.

Bernat Quintana, como Rodolfo.
Muy flojo, con serios problemas en varios ámbitos. El primero y mas notorio el poco calado de todo lo que dice, donde sus frases parecen soltadas de paso, y en el que el texto dice una cosa, y el actor reacciona de otra manera totalmente diferente. No encontré ninguna implicación, y el propio Quintana no parece creerse en ningún momento lo que está diciendo. Especialmente deslucida fue la bonita escena que tiene con Catherine, que pasa completamente sin pena ni gloria. Falta carisma, entidad actoral, y sobre todo verdad. No se pueden soltar frases sin que detrás haya absolutamente nada, no es suficiente con la potencia del texto, aunque de Miller hablemos, es necesario que el actor transmita las emociones por las que su personaje va pasando, y en esta producción, Rodolfo ni está ni se le espera. A medida que la función va a avanzando y se va complicando el conflicto, Quintana se va alejando mas y mas del espectáculo, llegando a ser una sombra que no nos cuenta nada, ni parece sentir nada de lo que ocurre. 

Marina Sala, como Katherine.
También con problemas, pero en este caso de otra índole. El primero el enfoque del personaje, supongo que en este caso no es culpa suya, excesivamente sensual, y vulgar, que va continuamente a la contra con lo que está diciendo. Tiene ciertas dificultades a la hora de imprimir carácter al rol cayendo en el sempiterno error de gritar cuando se pretende dar intensidad a las frases, estando en muchos casos injustificado, y sin el recorrido necesario para llegar a la emoción. Creo que está francamente mal dirigida, ya que me dio la sensación que se podría sacar mucho mas partido de ella, siempre y cuando partimos de la base, que dado el planteamiento de Katherine en el texto, Sala se me antoja completamente inadecuada para el papel, algo que sin duda tampoco es culpa suya. Sus primeras escenas con Eddie, son un completo despropósito, en el que el vínculo con su tío está completamente equivocado, y se da un mensaje erróneo al que Miller quiso plantear. En general la encontré un tanto perdida, y sin unas acciones claras que la ayuden a llevar a cabo su difícil papel.

Mercé Pons, como Beatrice.
Correctísima, y la que mas está en su lugar desde su primera escena. Con un trabajo mas interiorizado, sosegado y en definitiva mas creíble que el del resto del elenco. Tuvo momentos muy interesantes, en la escena previa a la boda, y en la discusión con Eddie, donde demostró que si hay entidad y profundidad las cosas funcionan. Con mucha seguridad, perfecta de tono, y una pulcritud encomiable, sale airosa de un difícil papel que vive mas por dentro que por fuera, y así nos lo demuestra sin necesidad de impostación alguna. Si hay algo que valoro es la honestidad en escena, Pons la tiene a raudales, y parece que está en otra función, mas atinada a todos los niveles, que la que ayer presencié.

Francesc Albiol, como Alfieri. 
Muy impostado en líneas generales, y excesivamente socarrón, algo que me dio mucha pena ya que es uno de los pocos personajes que en la función tiene ciertas licencias al lirismo, y cuyo papel de narrador de la tragedia, se merecía mas peso en la obra, y una visión mas cuidada del personaje. Está correcto pero nos chirría entre otras cosas por un extraño tono nasal que imprime a su personaje que no nos deja tomárnoslo del todo en serio, y con poco peso en las escenas en las que debe mandar, como hombre de vuelta de todo y preclara mente que se supone que es.

Eduard Fernández, como Eddie.
Irregular, con momentos muy conseguidos, y otros realmente pasados de rosca. Tengo la sensación de que se le ha dejado hacer, y una interpretación de esta envergadura debe ser metida en cintura para que funcione a todos los niveles. Si bien es cierto que ese aire cínico que le imprime al personaje está muy conseguido, no se puede mantener durante toda la función a medida que se va hundiendo en el abismo. Obviemente, Fernández es todo un carácter sobre el escenario, y algunos momentos son especialmente buenos, como la escena del baile, donde se vislumbra esa tensión soterrada, pero que enseguida se torna en superficial cuando la retranca vuelve a salir con menos atisbo de amargura del que debería haber. La escena de la cama me pareció sobreactuada en grado sumo, quedándose la lectura un tanto superficial, ya que el personaje funciona dentro de una comicidad que personalmente opino que lastra el acabado de la función alejándose del espíritu de la misma.



Vayamos con la propuesta escénica.
Georges Levaudant firma la producción, con grandes problemas a todos los niveles. El primero la dirección actoral, descuidadísima en líneas generales, fallando estrepitosamente en detalles facilmente solventables que hubiese ayudado a los actores en sus composiciones actorales. No hay moviemientos escénicos, ni acciones claras, y toda la función adolece de una estatismo exasperante, y que resulta ciertamente rancio en el planteamiento tanto a nivel visual como actoral. Durante la primera hora de función no ocurre literalmente nada sobre el escenario, a no ser actores que hablan y hablan, se sientan y se levantan, y dirigen los parlamentos con nula organicidad escénica. A todo esto hay que añadir la mas que discutible visión de la obra por parte de Levaudant, que parece empecinado en justificar continuamente a Eddie, eximiendo de toda culpa a uno de los antihéroes por antonomasia de todo el repertorio teatral, las bajas pasiones que mueven al protagonista quedan completamente desdibujadas, siendo parte fundamental en el desarrollo del personaje, y en la esencia del texto, ya que Miller quiso que fuese muy patente la mezquindad de Eddie, y sin embargo, aquí el efecto conseguido es completamente el opuesto. La obra tiene serios problemas de ritmo, resultando premiosa en algunos momentos, debido precisamente a las carencias que acabo de comentar, y en la que la ausencia de elementos escénicos, es un lastre importante para el trabajo actoral, ya que los actores no se pueden apoyar absolutamente en nada que no sea la palabra. A nivel estético tampoco funciona la cosa, con una propuesta muy poco inspirada, y de escaso interés, no se nos cuenta nada que no se nos haya contado antes, y además con unas mutaciones ciertamente desafortunadas que no hacen otra cosa mas que sacarnos del espectáculo, y dar sensación de cierta pobreza escénica. Todo está desangelado, todo es frío, y si con eso se nos quisiera decir algo, compraría la apuesta, el problema estriba en que detrás de todo eso no encontré absolutamente nada. En general le falta alma a la función por los cuatro costados, siendo el resultado desabrido y soporífero a partes iguales, y profundamente decepcionante.




En resumen, una propuesta decepcionante, donde ante todo priman los fallos de dirección, y de elección de actores, y lo que es mas imperdonable, la descafeinada versión de una de las tragedias americanas mas duras jamás escritas.




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