sábado, 7 de octubre de 2017

El Cantor De México, Oda Al Kitsch

Por fin se inauguró la temporada 2017-2018 de el  Teatro de La Zarzuela, temporada ambiciosa y de variado repertorio, que en líneas generales encuentro mas que interesante. Para abrir este ciclo se ha apostado por un título muy especial para mi, y por el que siento auténtica devoción. El Cantor de México. Mi alegría fue mayúscula cuando empezaron los rumores en los mentideros de La Villa sobre que El Cantor venía a Madrid, algo que finalmente se confirmó en la presentación de la temporada para regocijo mío y de muchos aficionados. Es imposible ver este repertorio en nuestro país (al menos hasta ahora) así que esta ocasión me pareció única, y sin ninguna duda de gran interés musical, ya que si bien El Cantor es una obra ligera, musicalmente es una joyita que no se puede dejar pasar de largo. Primeramente me gustaría romper una lanza por la incursión de obras como esta en nuestro Teatro Lírico Nacional, tiene interés, y es practicamente imposible abarcar este repertorio desde el ámbito privado en nuestro país, dados los costes de producción, y las complicaciones de toda índole que acarrea la opereta de gran espectáculo, y que dificilmente se puede llevar a cabo sin los medios que los teatros públicos ofrecen. Si a esto añadimos que desgraciadamente el espectador actual no conoce mucho el género en el que está incluido El Cantor, pues apaga y vámonos, ya que como proyecto teatral privado se puede considerar un suicido económico de enormes consecuencias.
Como este no es el caso, felicitémonos pues, por la iniciativa del Teatro de La Zarzuela y sobre todo disfrutémosla, que en este caso se puede y se debe hacer, con sus mas y sus menos, como iré desgranando, pero disfrutable sin ninguna duda. Hay que acercar géneros parejos, hay que enriquecer al espectador patrio, y hay que desempolvar conciencias en un mundo en el que un sector de la audiencia es tan purista como lo es en la zarzuela. El género lo necesita, por tanto la amplitud de repertorio y el conocimiento del mismo es necesario e imprescindible.
Ayer fue el solemne inicio de temporada, en el que el  "todo Madrid", que diría un antiguo, se encontró en el coliseo de la Calle Jovellanos con ánimo disfrutón y muy entregado a un espectáculo que me pareció que agradó mucho al respetable, y en el que se bisó el final dos veces, para entusiasmo de los presentes. En mi corrillo hubo diversidad de opiniones y alguna acalorada discusión sobre lo que estábamos viendo, algo que siempre tiene interés y sobre todo de lo que siempre se aprende, a no ser que como en los tiempos Callas-Tebaldi las palabras se dejasen de lado para que las bofetadas campasen a sus anchas entre los aficionados.
Me acerqué emocionadisimo a la Zarzuela, lo reconozco, y dispuesto sobre todo a pasármelo bien, ya que El Cantor, como obra  solo se escribió para un motivo muy claro, alegrarnos la vida. Nada mas y nada menos.



El Cantor de México, denominada como "opereta de gran espectáculo en 2 Actos y 20 Cuadros" fue estrenada cono abrumador éxito en el Châtelet de París el 15 de diciembre de 1951. Se trata de la opereta mas famosa de todas las que el compositor francés, de ascendencia vasca y latinoamericana, Francis Lopez escribió para Luis Mariano. La obra de Lopez se escribió a la medida del divo irundarra que causaba furor en Francia, y que allí era conocido como el "Príncipe de La Opereta". Mariano poseía un bellísimo timbre y una peculiar técnica, en la que los recursos estilísticos eran su gran baza, realmente inimitables, y de una singularidad excepcional. De agudo esplendoroso y mítico falsete, cuya forma de cantar marcó un estilo muy personal en la forma de abordar la opereta. El Cantor no es una opereta de estilo vienés, netamente lírica, sino que se encuentra mas cercana a la comedia musical, en su concepción escénica y melódica, donde lo ideal para ser llevada a cabo es la técnica mixta, aunque también es correcta su  ejecución por voces líricas especialmente en su rol principal.
Lopez compuso una obra de una elegancia apabullante, brillantísima orquestación, y ecléctico acabado formal, donde todos los números de solista principal, son un "hit" por si solo, Ruiseñor, Acapulco, Maitetxu, y como no podía ser de menos el tema central de la obra, famosísimo en nuestro país y que se repite varias veces durante la partitura. La música de Lopez arrastra desde los primeros acordes de orquesta con su inigualable sentido de la espectacularidad, energía y alegría. La música de El Cantor de México es puro espectáculo, deliciosa evasión y con indudable donaire.



Este Cantor se representa en versión libre de Emilio Sagi, y traducción al español de Enrique Viana. La versión de Sagi parece mas bien una excusa ligera para que los cantables se lleven a escena, en la que no queda practicamente nada del libreto original. El primer acto tiene un poco mas de chicha en cuanto a texto, pero una vez pasado el intermedio, una sucesión de números acontecen en escena con la única excusas del rodaje de una película. Encontré ciertamente endeble el argumento, entendiendo que el original no es precisamente el Rey Lear, pero si cambiamos o adaptamos debe ser para mejorar, no para simplemente cercenar el texto. Afortunadamente, hay coherencia y se entiende el espectáculo, pero eso si, la historia se puede resumir en 10 palabras, y que no diré por aquello de los "spoilers". La traducción de Viana, de los cantables,en líneas generales funciona, con excepción de los números netamente cómicos, en los que nuestro traductor se pone excesivamente creativo, y los lleva demasiado a su terreno. No nos debemos olvidar que hay que traducir, no otra versión libre que no tenga nada que ver con los temas originales.




Vayamos con el elenco.
La obra tiene un amplísimo cuadro de actores, y figurantes. Dentro del plantel actoral destaca mucho Ana Goya como ayudante de dirección, que lleva a cabo una composición magnífica y realmente divertida. Tambien destaca la pareja formada por Nagore Navarro y Maribel Salas como impagables limpiadoras mexicanas con unos cuantos momentos lapidarios que fueron muy celebrados.

Manel Esteve, barítono, como Bilou.
De lo mejorcito de la noche, intuitivo y muy timbrado, sirvió una función de altura en lo musical, dentro de un papel de no pocas dificultades canoras, especialmente en su último tema, y que Esteve solventa a la perfección. De hermoso fraseo y bonita voz que brilla mucho en la zona media y aguda. Actoralmente está magnífico, de gran naturalidad, y delicioso en todas sus intervenciones, dotando a Bilou de cierta inocencia muy conseguida y en total consonancia con el personaje.

Sonia de Munck, soprano, como Cricri.
Cricri, que no de Munck, tiene un problema. El papel tiene una tesitura bastante puñeterita, y no está muy definida dentro del espectro lírico, y a nuestra soprano no le va en absoluto vocalmente. Hay problemas con el volumen en algunos pasajes, en los que debido a la enorme orquestación que tiene la obra, y a que Cricri se mueve en una tesitura central durante casi toda la función que no es la de Sonia, pues la voz se pierde en varios momentos. La cosa cambia en el momento de entonar su vals, en donde si la vi plena, y dando el canto de calidad al que nos tiene acostumbrados. Luce bella y muy delicada en escena, y si bien su personaje es bastante desagradecido, cumple y logra imprimarle cierto carisma al pobretón material literario que le ha tocado en suerte.

Luis Álvarez, barítono, como Riccardo Cartoni.
Álvarez en su tono habitual, resulta acertado como casi siempre. Seguro y templado en sus partes habladas, y cargado de oficio en lo musical, demuestra que sigue siendo un activo para nuestra zarzuela, y al que los papeles de carácter suavemente cómicos le van como anillo al dedo.

Rossy de Palma, actriz, como Eva Marshall.
Muy descontrolada desde la dirección del espectáculo, no se la ha encauzado lo suficiente en un trabajo de limpiado y pulido que hubiese sido ideal. Se la ve en un código completamente diferente al resto de los actores, y chirría dentro de la visión en conjunto del espectáculo pareciéndo que Rossy de Palma es ella misma llevando a cabo la imagen que tenemos de su persona en la vida pública, dando la sensación de que Emilio Sagi no se atrevió a hincarle el diente al mejor personaje de la obra, y que resulta muy desaprovechado en un trabajo cargado de tics y que solo funciona a ratos. He de decir que como Tornada, el rol que interpreta en la película que se está filmando, me gustó infinitamente mas que como Eva Marshall y cuyos recursos cómicos tienen mas efecto. Vocalmente estuvo muy insuficiente en su primer número, no así en el segundo, partiendo de la base que es necesaria una artista con unas mínimas condiciones canoras para abordar el papel, algo de lo que ella tampoco tiene culpa, sino de quien realizó la elección de la actriz. Rossy da todo lo que tiene cantando, y se le debe agradecer, pero en este género hay que ser conscientes de que también se debe cantar, no queda otra. 

José Luis Sola, tenor, como Vicente Etxebar.
Lo primero que voy a decir es que nuestro tenor hace su Vicente, no imita a Luis Mariano, ni se pretende, algo desde mi punto de vista acertado, y que se debe juzgar desde sus características vocales. Comparaciones son odiosas, se me antoja una máxima imprescindible en este caso. Sola sirvió lo mejor a nivel musical de la función, y sin ninguna duda sale triunfante del complicado papel que le ha tocado en suerte, cuya exigencia es realmente grande y cuya dificultad mas notoria se encuentra en el estilo, de extremada complejidad, y que Sola borda en sus intervenciones. El falsete en el tema central de la opereta es magnífico, espectacularmente largo y brillantemente resuelto . La voz suena hermosa, y si bien es cierto que no es muy grande, si que corre sin problemas y pasa la orquesta. El mejor momento de la noche fue un Acapulco literalmente de infarto que me pareció sublime, dado el gusto y la sensibilidad con la que fue cantado.
Actoralmente se encuentra envarado, y en un código excesivamente de tenor, pero la verdad es que no me importó en absoluto, la parte vocal suple con creces cualquier expectativa y disfruté muchísimo de todas sus intervenciones. Sola triunfó anoche en la Zarzuela de forma rotunda, y fue ovacionadísimo por un público realmente entusiasmado.




Coro Titular del Teatro de La Zarzuela, dirigido por Antonio Fauró, mas tímido de lo habitual en lo musical, con algunos problemas en las entradas, y pequeños descuadres, que si bien es cierto siendo un estreno son perdonables y solventables. En las grandes apoteosis de la función resultan atronadores, dotando de mucha espectacularidad a la producción, tal y como mandan los cánones del género.

Oliver Díaz, dirige la OCM de forma absolutamente increíble. El Cantor no se puede llevar de otra forma que como la lleva Díaz. Dominando a la orquesta de forma admirable sin que se le vaya de las manos en ningún momento, en una partitura complicada y alejada del repertorio habitual del Teatro de La Zarzuela. Díaz dota a la función de un sonido muy espectacular, grandioso por momentos y de tiempos admirablemente medidos. Sin duda la OCM con Oliver Díaz es uno de los activos de esta producción, y uno de los elementos que mas lustre le da al espectáculo, donde el espléndido material escrito por Lopez sale a relucir en toda su grandeza.






Emilio Sagi firma la producción además de la versión. El Cantor de Sagi, me deslumbró como montaje, disfruté muchísimo, y a la vez me pareció con carencias en cuanto a la dirección actoral, que le confieren al espectáculo cierta falta de entidad en cuanto a la visión de los personajes, la relación entre ellos mismos y la verdad de lo que les pasa a cada uno. Entiendo que  estamos ante una obra muy ligera, y de asunto casi anecdótico, pero no podemos pasar por alto las partes de texto, que no acaban de resultar satisfactorias, y cuyos actores en algunos casos parecen estar un poco vendidos (De Munck y Sola) y que en otros no han sido metidos en cintura de forma adecuada (De Palma). Por tanto a este nivel se le escapa la función a Sagi, siendo el resultado un tanto bajo de tono en las partes habladas, poco homogéneo y menos gracioso de lo que era deseable. Lo que ocurre es que la obra es tan arrebatadoramente bella que nos da igual que los textos y su lectura no estén a la altura, y cuando la música, abundantísima por cierto, hace aparición, la magia surge de manera arrolladora y se lo perdonamos todo rendidos a los pies de Francis Lopez y su genio. Por otro lado encontré la producción de una belleza exquisita y de impactante resolución escénica, especialmente en el cuadro con el que finaliza el primer acto (muy aplaudido tras la mutación) que resulta francamente espectacular como la monumental oda al kitsch que es, y que yo entendí como una desprejuicida y festiva concesión a lo excesivo que a mi personalmente me dejó boquiabierto. Otro cuadro bellamente resuelto y que debe ser mencionado es el de Acapulco, atmosférico y preciosista en grado sumo. En todo esto que planteo la escenografía de Daniel Bianco, se adapta a la perfección al tono visual que pretendidamente se le da a la función, extremado pero sin sacrificar valores estéticos, y con momentos de relumbrón en lo visual. Quizás la única forma de afrontar esta versión de El Cantor sea así, para que entre por los ojos, nos apabulle por momentos y nos deleite con su música. Yo eché de menos una lectura menos plana a nivel actoral, y mas enjundia teatral en las interpretaciones.
La función es disfrutable en grado sumo (pienso volver) y nos encontramos con un espectáculo cuya factura final resulta epatante por los medios empleados y los resultados visuales y musicales, que si fuese mas profunda en su tratamiento, algo que no está reñido en la ligereza del argumento, sería realmente memorable. Tal y como Emilio Sagi plantea la producción, todo se queda un poco en el envoltorio, bellísimo y suntuoso, pero con poca sustancia dramática en el fondo.




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