jueves, 21 de septiembre de 2017

Hablando de teatro con... Luis Cansino

Luis Cansino se trata sin ninguna duda de uno de los grandes barítonos del actual plantel de cantantes españoles. De reconocido prestigio internacional, y gran defensor de la zarzuela, que tantos éxitos le ha brindado, con gran justicia.
La primera vez que hice zarzuela, Cansino era el barítono principal, nunca olvidaré aquella función de La pícara molinera, ni su imponente salida en el magnífico pasacalle que sirve de presentación al Pintu, su personaje en la obra. Después de aquella función vinieron muchas, y montones de títulos de nuestro repertorio. Creo que he visto a Luis practicamente en todos los papeles icónicos de nuestra zarzuela, y algunos de los mas duros roles de ópera y afirmo que Luis nunca falla, cantante de solídisima técnica, enorme expresividad, y mas que dotado para la interpretación, resulta un artista muy completo y que realmente merece el lugar en el que se encuentra, y que estoy seguro de que seguirá subiendo en su carrera. Carrera medida, controlada y llevada con gran inteligencia.
El pasado mes de julio, nuestro barítono tuvo a bien darme una entrevista aprovechando que se encontraba en Madrid por estar cantando en el Teatro Real el rol de Sharpless en la ópera de Puccini, Madama Butterfly.
Hablar con Luis Cansino siempre es interesante, tiene las ideas clarísimas, y habla sin pelos en la lengua de su oficio y de la situación del mismo, desde el punto de vista del profesional experimentado que es, y desde una personalidad reflexiva y analítica.
Espero que os guste esta charla, en la que sin duda se dicen verdades como puños, y muy definitoria sobre el lugar en el que se encuentran la lírica y las artes, en general, en nuestro país.





D.P. - ¿Como descubriste tus condiciones para el canto?
L.C. - Mi madre decía que yo siempre fui un niño muy precoz; que casi canté antes que hablé. Cuando salía un cantante en televisión me gustaba imitarle, y ahí ya se veía que yo tenía voz, aunque estuviésemos hablando de un niño. Con dos añitos sentado en el regazo de mi padre, cuando veía un cantante en televisión yo ya decía que quería ser así, mientras lo señalaba con el dedo (ríe). Esto no quiere decir que yo quisiera ser cantante de ópera, en aquella época aspiraba a ser como los cantantes del momento, Nino Bravo, Camilo Sesto, Al Bano, etc.
Un día, teniendo ocho añitos, estaba cantando en casa y un familiar de un vecino me escuchó y bajó a casa, tocó el timbre y le preguntó a mi madre que quien era ese niño que cantaba. Este señor trabajaba en una emisora de radio en Vigo, que se llamaba “La Voz de Vigo”, y me planteó si quería hacer una prueba, prueba que pasé, y ahí comenzó mi idilio con la radio, formando parte de un magazine dos días por semana, por las tardes en el que cantaba canciones que los oyentes me pedían. El programa, que se llamaba “Xuntanza de Amigos” me bautizó como el “Ruiseñor del Noroeste” y, allí, recomendaron a mi madre que me metiese a estudiar música, dadas mis buenas condiciones. Fue entonces cuando empecé en el Conservatorio, por entonces, Profesional de Vigo a estudiar solfeo, y ya en Madrid a los 14 años decidí presentarme a la pruebas de acceso de canto del Real Conservatorio Superior de Música, y me admitieron empezando a estudiar canto en ese momento. Una edad, todo hay que decirlo, demasiado temprana, y que no recomiendo, ya que la voz no está aún cambiada.

D.P.- Háblame de tus maestros y de alguno que te haya influido especialmente.
L.C.- Empecé a estudiar canto con la Maestra Sofía Patricia Perez-Santos;  ella fue mi profesora durante toda la carrera en el Conservatorio. En aquel momento la carrera eran ocho años y luego tenías la opción de hacer dos años más de Prácticas de Profesorado. Obtuve las máximas calificaciones a lo largo de toda la carrera y, cuando me sometí al examen de octavo curso, gané el Premio de Honor Fin de Carrera. En mi examen se conoce que le gusté nada menos que al grandísimo tenor Pedro Lavirgen, que era, además el titular de la Cátedra de Canto del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid y esa noche me llamó por teléfono y propuso ir a su casa al día siguiente para escucharme la obra obligada que debía cantar pocos días después en el Premio Extraordinario Lucrecia Arana, por aquel entonces, el premio de canto más importante a nivel académico, y al que optaban, cada año los alumnos que en el examen de 8º habían obtenido Premio de Honor o Mención Honorífica. El caso es que, así hice: fui a su casa al día siguiente, me escuchó, y me dio una serie de consejos. Días después, tuve la fortuna de ganar el Premio “Lucrecia Arana” por unanimidad del jurado. Fue entonces cuando Pedro Lavirgen se ofreció a darme clases de manera completamente altruista, sin cobrarme nada, algo que me gusta siempre que puedo recalcar y que demuestra la generosidad humana de quien ha sido uno de los más grandes cantantes líricos que ha dado nuestro país. Estuve perfeccionándome con él durante más de 3 años y tengo que decir que me marcó tanto lo que Pedro me enseñó, que no tuve necesidad nunca de buscar ningún otro profesor. Siempre me he sentido muy orgulloso cuando me han dicho que se notaba en mi voz su sello a la hora de cantar. Es cierto que, en determinadas ocasiones y etapas,  he tenido la oportunidad de trabajar con una de las mejores “coach” que tenemos en España, la Maestra Celsa Tamayo, o el grandísimo Joan Pons, con el que tuve la suerte de trabajar en una producción de “Tosca” para la Ópera de Oviedo y que tuvo a bien escucharme y ofrecerse a darme varias clases, trabajando algunas arias y roles, puliéndome errores y que también hizo de manera desinteresada, algo que le agradeceré por siempre. Pedro Lavirgen y Joan Pons… ¡He sido un afortunado!



D.P.- ¿Cómo fue tu debut?
L.C.- Mi debut fue el 27 de Agosto de 1987 con la Compañía Ases Líricos de Evelio Esteve, en el antiguo Centro Cultural de La Villa de Madrid, con el tristemente desaparecido Miguel De Grandy como mi padrino de debut, y sustituyendo a Luis Villarejo. Se trataba de una antología dedicada al Maestro Alonso, donde yo cantaba la "Canción del Gitano" de La Linda Tapada. Un momento inolvidable.

D.P- ¿Ópera o Zarzuela?
L.C.- Las dos cosas (rotundo). Pienso que los cantantes españoles tenemos una obligación moral que es cantar y defender la zarzuela, y eso lo tenemos que hacer a lo largo de toda nuestra carrera. Personalmente tengo que reconocer que aunque la zarzuela esté pasando por ese momento tan delicado, ha sido ese género el que ha permitido a muchos cantantes de este país empezar y poder desarrollarse escénicamente y cantar. Yo a la zarzuela le agradezco enormemente el haber podido debutar, el haber podido adquirir un oficio, y sobre todo algo muy importante, esa dificultad añadida que tiene de tener que hablar, cantar y actuar. Hacer zarzuela conlleva tener unas condiciones de actor importantes, y eso a mí me ha servido posteriormente de mucho a la hora de cantar Ópera y otros géneros, y, especialmente, a la hora de construir un personaje. Por tanto, yo sería incapaz de elegir entre un género u otro. Que actualmente yo esté cantando más ópera que zarzuela no quiere decir que la haga de menos, sino a cuestiones de agenda y a que, lamentablemente, en España ya no se hace tanta zarzuela como antes.

D.P.- Un barítono que admires.
L.C.- Diría Fischer Dieskau, Renato Bruson, o Aldo Protti, pero, sin duda, Joan Pons y Giuseppe Taddei son mis referentes por antonomasia, los admiro y he aprendido muchísimo oyéndoles cantar y en su manera de abordar muchos de los roles que canto. Hablando de cantantes icónicos sin duda me quedo con ambos.

D.P.-¿Como definirías la situación actual de la lírica en nuestro país?
L.C.- Es complicado, la lírica es uno de los sectores culturales más golpeados por la crisis, y por los políticos. Todos sabemos que hay una serie de elementos que han afectado a la cultura en general, como puede ser la salvaje e incomprensible subida del IVA, y elementos más recientes como puede ser la carencia de sensibilidad hacia la lírica, de nuevas corrientes políticas que se la catalogan, de forma errónea, como un género elitista y desfasado, sin pensar que un político cuando gobierna, lo debe hacer para todos y no para el sólo, y que denota un enorme desconocimiento de lo que la lírica ha sido en la historia como elemento de protesta social. ¿Dónde dejamos a Verdi, que sirvió de estandarte para el risorgimento italiano, o tantas y tantas zarzuelas que fueron en su día vivos ejemplos de contestación y protesta social? En fin, dejando esto de lado, que todos conocemos y que es lamentable, yo creo que la lírica vive un momento bueno en cuanto a que hay un gran plantel de voces jóvenes, con una proyección extraordinaria, pero que tienen un problema gravísimo que no tuvo mi generación y es que no tienen lugares en los que se puedan desarrollar como artistas. La crisis ha golpeado a una serie de compañías privadas de ópera y zarzuela donde la gente podía empezar, a teatros y temporadas que han visto reducida su oferta o, en muchos casos, echado el cierre. Y esa era la mayor escuela: el escenario; no solo se trata de tener una buena voz; tiene que haber espacios, y, de eso es de lo que adolecen los cantantes jóvenes.



D.P.- Papel favorito de Zarzuela.
L.C.- He cantado tanta zarzuela que a todos les tengo un cariño muy especial, pero destacaría a Juan de “los Gavilanes” Juan Pedro de “La rosa del azafrán”, Joaquín de "La del Manojo de Rosas"  Germán de “La del Soto del Parral”, Mario de “La leyenda del beso”, Santi de “El caserío”, o Juan de Eguía de “La tabernera del puerto”... Pero, en conjunto, por su nobleza y por lo redondo del rol, me quedo con el Vidal de “Luisa Fernanda”.

D.P.- Papel favorito de Ópera.
L.C.- ¿Sabes que ocurre? que cuando aprendo un nuevo rol, lo primero que hago es intentar enamorarme de él, para mi esto es muy importante, y, la carrera de una artista como es cíclica y gradual, pues uno se va enamorando dependiendo de la edad y del momento. Hoy en día te diría Rigoletto, tal vez, aunque hay dos papeles más que cuando los he debutado , me he enamorado de ellos abrumadoramente. Uno es Macbeth y el otro es Simon Boccanegra. Sin olvidarme de Iago o de Scarpia. Papeles, todos ellos, de una riqueza psicológica brutal y que te permiten un recorrido creativo muy grande e intenso. No es solo vocal, sino interpretativo y psicológico, un lugar en el que debes desnudar tu alma y la del personaje. Y ya, como cariño, no quiero olvidarme ni de Falstaff ni de Dulcamara, ni por supuesto de Nabucco.

D.P.-¿Cómo crees que se podría paliar la crisis por la que está pasando la zarzuela?
L.C.- Es triste cuando uno está pensando que en España, quitando el Teatro de la Zarzuela, y el Festival de Zarzuela de Oviedo, que se mantiene a duras penas y muy recortado, no existen prácticamente temporadas estables de Zarzuela. Otras temporadas que existían, aún intentan subsistir prácticamente sin ayudas ni subvenciones, como los festivales de Canarias, o funciones puntuales en otras ciudades. Si a esto añadimos que los recortes han llevado a la desaparición de las compañías de repertorio que teníamos, donde durante todo un año uno tenía trabajo continuado, como comprenderás, la situación es lamentable, cuasi desoladora…
Para arreglar la situación de nuestro género lírico, hay que hacer muchas cosas, primero, necesariamente buscar nuevos públicos, para hacer esto hay que abrir el género, ya no nos podemos ceñir al "sota, caballo, y rey" de toda la vida, por mucho que haya un público al que le guste, y que a mí me parece perfecto, y respetabilísimo, pero es necesario renovar el género para hacer ver, a los espectadores más jóvenes, que están disfrutando de un teatro moderno, de hoy en día y sobre todo vivo. También es necesario que los papeles se representen por cantantes que estén acorde con la edad del personaje, es decir, añadir credibilidad a los roles de nuestra zarzuela. Y hay otro asunto de vital importancia ; si la zarzuela se pudiera estudiar como parte de la cultura española en los colegios, como debería hacerse con el cine y el teatro, tal y como se hace con la pintura y otras expresiones artísticas, conseguiríamos, de esta manera, acercar nuestra música a los más jóvenes desde la infancia. Tampoco puede ser que nuestras autoridades, me es igual el color político, no den ningún tipo de importancia a la zarzuela. Leía hace poco que el nuevo responsable del Teatro Principal de Castellón, ha dicho que no apuesta por seguir programando zarzuela ni lírica en la ciudad. Mientras tengamos políticos que sigan haciendo estas cosas, que sigan programando a su gusto y no al de todos, y que piensen que la zarzuela es un espectáculo casposo y trasnochado... apaga y vámonos. El desconocimiento de estos políticos es tan grande, que posiblemente, el hecho de que la zarzuela era un elemento de protesta social, como decía antes, les sea completamente ajeno… Llevamos dos años prácticamente sin zarzuela en los Veranos de la Villa de Madrid; Madrid, que posiblemente la región de España con mayor cantidad de títulos ambientados en ella, obras protagonizadas por gente humilde, gente de la calle, obreros, modistillas, etc., es el género popular por antonomasia, y cuando uno se da cuenta de la forma en que se está actuando, a mí me entra una tristeza tan grande...



D.P.-¿Piensas que este prejuicio hacia la lírica como género elitista es lo que más daño le ha hecho al propio género?
L.C.- Claro que si. Te voy a poner un ejemplo, la temporada lírica de La Coruña ha tenido, como todos sabemos, un revés muy importante desde el punto de vista de las ayudas y de las subvenciones, después del lugar adonde había llegado, pues ha habido algún iluminado político de determinada administración, que piensa que la ópera es un género elitista, y llegó a insinuar que el que quisiera ver ópera que pagase los más de doscientos euros que cuesta ir a la ópera en Madrid (palabras textuales). Si todos hubiesen pensado como esa persona tan cretina, desde luego no seguiría habiendo ópera en La Coruña. Eso es lo que ha pasado con muchas de las temporadas que había en España. En Vigo, mi ciudad, los Amigos de la Ópera hacen auténticos encajes de bolillos para mantener una temporada que este año cumple su 59ª edición, y que sufre una discriminación enorme a la hora de las ayudas, siendo la ciudad más grande de Galicia. Recortes en Oviedo, en Bilbao, en Pamplona, en Málaga, en Canarias; los problemas tan tremendos padecidos por el querido Villamarta de Jerez. Temporadas que han dejado de existir como Murcia o Santander, … Ciudades como Zaragoza, cuya Asociación Miguel Fleta no puede poner en pie una temporada por falta de ayudas… ¿Tan difícil es entender que el arte no se puede medir en euros? ¿Tan difícil es entender que una producción de ópera, no puede pretender recuperar la inversión? El valor de la Lírica va más allá; el arte, la cultura y, por ende, la música es un bien inmaterial; invertir y fomentar todo ello contribuye a una sociedad más preparada, más justa, más civilizada y más humana por cuanto es más sensible. Quien no quiera entender esto, realmente es un pobre de espíritu. Pero claro, es mejor recalcar ese lado elitista que ha acompañado a la lírica toda la vida, y olvidarnos de los aficionados del gallinero, del gran público que llenan los teatros, auténticos aficionados, que con mucho sacrificio se gastan sus ahorrillos en un abono o una entrada en el último piso y disfrutan de una función de ópera o zarzuela o de un concierto. Esos son, para mí, los auténticos aficionados y nos demuestra que hablamos de un género de gran amplitud social. No hay más que ver que ahora en el Real, más de un millón de personas han visto “Madama Butterfly” en escenarios abiertos al público. Hay ganas de ópera, el público quiere verlo, lo que hay que hacer es generar los medios para que la gente tenga acceso a la ópera, desde el punto de vista político, y creando una ley de mecenazgo, para que los teatros no tengan que depender solo de las subvenciones, y que de esta manera aumentando la liquidez, se puedan bajar los precios de las entradas y sean más asequibles al público en general. También se debe llevar la música a las pequeñas poblaciones, para que todo el mundo pueda disfrutar de la música. Los cantantes también tenemos la obligación y la responsabilidad de cantar en plazas más modestas, y no solo para las "élites" que pueden pagar por vernos. 

D.P- Hace unas semanas celebraste tus treinta años de carrera. Háblame de cómo fue aquella noche.
LC.- Bueno, fue un momento inolvidable. El destino quiso que el mismo día 27 de agosto en el que se cumplían esos 30 años, yo tuviese que cantar en Lima, dentro de la temporada de la Ópera de Lima que organiza la Asociación Romanza. Creo que los hados se conjugaron para que, además, esa función fuera en Latinoamérica donde he desarrollado y sigo haciendo una parte importante de mi carrera. Al terminar la función y tras los saludos finales, el Presidente de Romanza, el Dr. Enrique Bernales, salió a dar unas palabras de agradecimiento a modo de clausura de la temporada y, cuál fue mi sorpresa cuando empezó a decir que esa noche especial coincidía con los 30 años de mi debut. Me quedé de piedra. Fue un momento muy emocionante en el que estuve a punto de echarme a llorar por las palabras tan emotivas que tuvo para mí y por la reacción tan cariñosa del público peruano. No pude dar las gracias a tantas y tantas personas a las que debo tanto a lo largo de estos 30 años, pero pude acordarme de mi madre, fallecida hace unos meses y que tanto luchó para que yo viese cumplido mi sueño y que seguro esa noche brincó desde el cielo de felicidad junto a mi padre. Y, si me lo permites, muy hermoso y significativo que el reconocimiento te lo hagan fuera de tus fronteras. A veces pasan estas cosas, que se acuerdan de ti más fuera que en casa…

D.P.-¿Que le recomendarías a un cantante que está empezando?

L.C.- Lo mismo que me recomendó a mi Pedro Lavirgen... humildad y paciencia. Esta profesión es maravillosa, pero a veces está envuelta en un boato que te hace perder el norte, hay que tener los pies en el suelo, nunca hay que perder la sencillez, la capacidad de trabajo, aprender de tus compañeros. Cuando uno lee que la profesora de canto de Montserrat Caballé la tuvo una año entero, aprendiendo a respirar y sin dar una sola nota, uno piensa que por algo esa señora llegó a donde llegó, más allá de sus indudables condiciones, no queda otra, hay que tener paciencia. Las carreras de hoy en día son meteóricas, hay prisa por debutar papeles y cantar en más sitios cuanto antes, y hay que pensar que esto es una carrera de fondo, sino queremos llegar a los cuarenta años y comprobar que ya no podemos seguir... Hay que saber dosificarse para poder tener una carrera longeva, para llegar precisamente a tu madurez vocal en tu madurez personal, y saber el papel que te corresponde en cada momento, y sobre todo, saber decir en un momento determinado “No”; No a un rol o a un teatro, y sí, sé que es muy difícil y que la tentación de aceptar puede ser muy poderosa, pero mejor un “No” a tiempo que estrellarse y arrepentirse el resto de tu Vida.



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