sábado, 7 de octubre de 2017

El Cantor De México, Oda Al Kitsch

Por fin se inauguró la temporada 2017-2018 de el  Teatro de La Zarzuela, temporada ambiciosa y de variado repertorio, que en líneas generales encuentro mas que interesante. Para abrir este ciclo se ha apostado por un título muy especial para mi, y por el que siento auténtica devoción. El Cantor de México. Mi alegría fue mayúscula cuando empezaron los rumores en los mentideros de La Villa sobre que El Cantor venía a Madrid, algo que finalmente se confirmó en la presentación de la temporada para regocijo mío y de muchos aficionados. Es imposible ver este repertorio en nuestro país (al menos hasta ahora) así que esta ocasión me pareció única, y sin ninguna duda de gran interés musical, ya que si bien El Cantor es una obra ligera, musicalmente es una joyita que no se puede dejar pasar de largo. Primeramente me gustaría romper una lanza por la incursión de obras como esta en nuestro Teatro Lírico Nacional, tiene interés, y es practicamente imposible abarcar este repertorio desde el ámbito privado en nuestro país, dados los costes de producción, y las complicaciones de toda índole que acarrea la opereta de gran espectáculo, y que dificilmente se puede llevar a cabo sin los medios que los teatros públicos ofrecen. Si a esto añadimos que desgraciadamente el espectador actual no conoce mucho el género en el que está incluido El Cantor, pues apaga y vámonos, ya que como proyecto teatral privado se puede considerar un suicido económico de enormes consecuencias.
Como este no es el caso, felicitémonos pues, por la iniciativa del Teatro de La Zarzuela y sobre todo disfrutémosla, que en este caso se puede y se debe hacer, con sus mas y sus menos, como iré desgranando, pero disfrutable sin ninguna duda. Hay que acercar géneros parejos, hay que enriquecer al espectador patrio, y hay que desempolvar conciencias en un mundo en el que un sector de la audiencia es tan purista como lo es en la zarzuela. El género lo necesita, por tanto la amplitud de repertorio y el conocimiento del mismo es necesario e imprescindible.
Ayer fue el solemne inicio de temporada, en el que el  "todo Madrid", que diría un antiguo, se encontró en el coliseo de la Calle Jovellanos con ánimo disfrutón y muy entregado a un espectáculo que me pareció que agradó mucho al respetable, y en el que se bisó el final dos veces, para entusiasmo de los presentes. En mi corrillo hubo diversidad de opiniones y alguna acalorada discusión sobre lo que estábamos viendo, algo que siempre tiene interés y sobre todo de lo que siempre se aprende, a no ser que como en los tiempos Callas-Tebaldi las palabras se dejasen de lado para que las bofetadas campasen a sus anchas entre los aficionados.
Me acerqué emocionadisimo a la Zarzuela, lo reconozco, y dispuesto sobre todo a pasármelo bien, ya que El Cantor, como obra  solo se escribió para un motivo muy claro, alegrarnos la vida. Nada mas y nada menos.



El Cantor de México, denominada como "opereta de gran espectáculo en 2 Actos y 20 Cuadros" fue estrenada cono abrumador éxito en el Châtelet de París el 15 de diciembre de 1951. Se trata de la opereta mas famosa de todas las que el compositor francés, de ascendencia vasca y latinoamericana, Francis Lopez escribió para Luis Mariano. La obra de Lopez se escribió a la medida del divo irundarra que causaba furor en Francia, y que allí era conocido como el "Príncipe de La Opereta". Mariano poseía un bellísimo timbre y una peculiar técnica, en la que los recursos estilísticos eran su gran baza, realmente inimitables, y de una singularidad excepcional. De agudo esplendoroso y mítico falsete, cuya forma de cantar marcó un estilo muy personal en la forma de abordar la opereta. El Cantor no es una opereta de estilo vienés, netamente lírica, sino que se encuentra mas cercana a la comedia musical, en su concepción escénica y melódica, donde lo ideal para ser llevada a cabo es la técnica mixta, aunque también es correcta su  ejecución por voces líricas especialmente en su rol principal.
Lopez compuso una obra de una elegancia apabullante, brillantísima orquestación, y ecléctico acabado formal, donde todos los números de solista principal, son un "hit" por si solo, Ruiseñor, Acapulco, Maitetxu, y como no podía ser de menos el tema central de la obra, famosísimo en nuestro país y que se repite varias veces durante la partitura. La música de Lopez arrastra desde los primeros acordes de orquesta con su inigualable sentido de la espectacularidad, energía y alegría. La música de El Cantor de México es puro espectáculo, deliciosa evasión y con indudable donaire.



Este Cantor se representa en versión libre de Emilio Sagi, y traducción al español de Enrique Viana. La versión de Sagi parece mas bien una excusa ligera para que los cantables se lleven a escena, en la que no queda practicamente nada del libreto original. El primer acto tiene un poco mas de chicha en cuanto a texto, pero una vez pasado el intermedio, una sucesión de números acontecen en escena con la única excusas del rodaje de una película. Encontré ciertamente endeble el argumento, entendiendo que el original no es precisamente el Rey Lear, pero si cambiamos o adaptamos debe ser para mejorar, no para simplemente cercenar el texto. Afortunadamente, hay coherencia y se entiende el espectáculo, pero eso si, la historia se puede resumir en 10 palabras, y que no diré por aquello de los "spoilers". La traducción de Viana, de los cantables,en líneas generales funciona, con excepción de los números netamente cómicos, en los que nuestro traductor se pone excesivamente creativo, y los lleva demasiado a su terreno. No nos debemos olvidar que hay que traducir, no otra versión libre que no tenga nada que ver con los temas originales.




Vayamos con el elenco.
La obra tiene un amplísimo cuadro de actores, y figurantes. Dentro del plantel actoral destaca mucho Ana Goya como ayudante de dirección, que lleva a cabo una composición magnífica y realmente divertida. Tambien destaca la pareja formada por Nagore Navarro y Maribel Salas como impagables limpiadoras mexicanas con unos cuantos momentos lapidarios que fueron muy celebrados.

Manel Esteve, barítono, como Bilou.
De lo mejorcito de la noche, intuitivo y muy timbrado, sirvió una función de altura en lo musical, dentro de un papel de no pocas dificultades canoras, especialmente en su último tema, y que Esteve solventa a la perfección. De hermoso fraseo y bonita voz que brilla mucho en la zona media y aguda. Actoralmente está magnífico, de gran naturalidad, y delicioso en todas sus intervenciones, dotando a Bilou de cierta inocencia muy conseguida y en total consonancia con el personaje.

Sonia de Munck, soprano, como Cricri.
Cricri, que no de Munck, tiene un problema. El papel tiene una tesitura bastante puñeterita, y no está muy definida dentro del espectro lírico, y a nuestra soprano no le va en absoluto vocalmente. Hay problemas con el volumen en algunos pasajes, en los que debido a la enorme orquestación que tiene la obra, y a que Cricri se mueve en una tesitura central durante casi toda la función que no es la de Sonia, pues la voz se pierde en varios momentos. La cosa cambia en el momento de entonar su vals, en donde si la vi plena, y dando el canto de calidad al que nos tiene acostumbrados. Luce bella y muy delicada en escena, y si bien su personaje es bastante desagradecido, cumple y logra imprimarle cierto carisma al pobretón material literario que le ha tocado en suerte.

Luis Álvarez, barítono, como Riccardo Cartoni.
Álvarez en su tono habitual, resulta acertado como casi siempre. Seguro y templado en sus partes habladas, y cargado de oficio en lo musical, demuestra que sigue siendo un activo para nuestra zarzuela, y al que los papeles de carácter suavemente cómicos le van como anillo al dedo.

Rossy de Palma, actriz, como Eva Marshall.
Muy descontrolada desde la dirección del espectáculo, no se la ha encauzado lo suficiente en un trabajo de limpiado y pulido que hubiese sido ideal. Se la ve en un código completamente diferente al resto de los actores, y chirría dentro de la visión en conjunto del espectáculo pareciéndo que Rossy de Palma es ella misma llevando a cabo la imagen que tenemos de su persona en la vida pública, dando la sensación de que Emilio Sagi no se atrevió a hincarle el diente al mejor personaje de la obra, y que resulta muy desaprovechado en un trabajo cargado de tics y que solo funciona a ratos. He de decir que como Tornada, el rol que interpreta en la película que se está filmando, me gustó infinitamente mas que como Eva Marshall y cuyos recursos cómicos tienen mas efecto. Vocalmente estuvo muy insuficiente en su primer número, no así en el segundo, partiendo de la base que es necesaria una artista con unas mínimas condiciones canoras para abordar el papel, algo de lo que ella tampoco tiene culpa, sino de quien realizó la elección de la actriz. Rossy da todo lo que tiene cantando, y se le debe agradecer, pero en este género hay que ser conscientes de que también se debe cantar, no queda otra. 

José Luis Sola, tenor, como Vicente Etxebar.
Lo primero que voy a decir es que nuestro tenor hace su Vicente, no imita a Luis Mariano, ni se pretende, algo desde mi punto de vista acertado, y que se debe juzgar desde sus características vocales. Comparaciones son odiosas, se me antoja una máxima imprescindible en este caso. Sola sirvió lo mejor a nivel musical de la función, y sin ninguna duda sale triunfante del complicado papel que le ha tocado en suerte, cuya exigencia es realmente grande y cuya dificultad mas notoria se encuentra en el estilo, de extremada complejidad, y que Sola borda en sus intervenciones. El falsete en el tema central de la opereta es magnífico, espectacularmente largo y brillantemente resuelto . La voz suena hermosa, y si bien es cierto que no es muy grande, si que corre sin problemas y pasa la orquesta. El mejor momento de la noche fue un Acapulco literalmente de infarto que me pareció sublime, dado el gusto y la sensibilidad con la que fue cantado.
Actoralmente se encuentra envarado, y en un código excesivamente de tenor, pero la verdad es que no me importó en absoluto, la parte vocal suple con creces cualquier expectativa y disfruté muchísimo de todas sus intervenciones. Sola triunfó anoche en la Zarzuela de forma rotunda, y fue ovacionadísimo por un público realmente entusiasmado.




Coro Titular del Teatro de La Zarzuela, dirigido por Antonio Fauró, mas tímido de lo habitual en lo musical, con algunos problemas en las entradas, y pequeños descuadres, que si bien es cierto siendo un estreno son perdonables y solventables. En las grandes apoteosis de la función resultan atronadores, dotando de mucha espectacularidad a la producción, tal y como mandan los cánones del género.

Oliver Díaz, dirige la OCM de forma absolutamente increíble. El Cantor no se puede llevar de otra forma que como la lleva Díaz. Dominando a la orquesta de forma admirable sin que se le vaya de las manos en ningún momento, en una partitura complicada y alejada del repertorio habitual del Teatro de La Zarzuela. Díaz dota a la función de un sonido muy espectacular, grandioso por momentos y de tiempos admirablemente medidos. Sin duda la OCM con Oliver Díaz es uno de los activos de esta producción, y uno de los elementos que mas lustre le da al espectáculo, donde el espléndido material escrito por Lopez sale a relucir en toda su grandeza.






Emilio Sagi firma la producción además de la versión. El Cantor de Sagi, me deslumbró como montaje, disfruté muchísimo, y a la vez me pareció con carencias en cuanto a la dirección actoral, que le confieren al espectáculo cierta falta de entidad en cuanto a la visión de los personajes, la relación entre ellos mismos y la verdad de lo que les pasa a cada uno. Entiendo que  estamos ante una obra muy ligera, y de asunto casi anecdótico, pero no podemos pasar por alto las partes de texto, que no acaban de resultar satisfactorias, y cuyos actores en algunos casos parecen estar un poco vendidos (De Munck y Sola) y que en otros no han sido metidos en cintura de forma adecuada (De Palma). Por tanto a este nivel se le escapa la función a Sagi, siendo el resultado un tanto bajo de tono en las partes habladas, poco homogéneo y menos gracioso de lo que era deseable. Lo que ocurre es que la obra es tan arrebatadoramente bella que nos da igual que los textos y su lectura no estén a la altura, y cuando la música, abundantísima por cierto, hace aparición, la magia surge de manera arrolladora y se lo perdonamos todo rendidos a los pies de Francis Lopez y su genio. Por otro lado encontré la producción de una belleza exquisita y de impactante resolución escénica, especialmente en el cuadro con el que finaliza el primer acto (muy aplaudido tras la mutación) que resulta francamente espectacular como la monumental oda al kitsch que es, y que yo entendí como una desprejuicida y festiva concesión a lo excesivo que a mi personalmente me dejó boquiabierto. Otro cuadro bellamente resuelto y que debe ser mencionado es el de Acapulco, atmosférico y preciosista en grado sumo. En todo esto que planteo la escenografía de Daniel Bianco, se adapta a la perfección al tono visual que pretendidamente se le da a la función, extremado pero sin sacrificar valores estéticos, y con momentos de relumbrón en lo visual. Quizás la única forma de afrontar esta versión de El Cantor sea así, para que entre por los ojos, nos apabulle por momentos y nos deleite con su música. Yo eché de menos una lectura menos plana a nivel actoral, y mas enjundia teatral en las interpretaciones.
La función es disfrutable en grado sumo (pienso volver) y nos encontramos con un espectáculo cuya factura final resulta epatante por los medios empleados y los resultados visuales y musicales, que si fuese mas profunda en su tratamiento, algo que no está reñido en la ligereza del argumento, sería realmente memorable. Tal y como Emilio Sagi plantea la producción, todo se queda un poco en el envoltorio, bellísimo y suntuoso, pero con poca sustancia dramática en el fondo.




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jueves, 5 de octubre de 2017

Billy Elliot, Un Gran Paso Adelante En La Historia Del Musical Patrio

Hace casi dos años que se empezó a escuchar en los corrillos teatrales de Madrid, que la producción de Billy Elliot en España era un hecho, algo que me sorprendió y alegró muchísimo, pero que también me dio un poco de miedo. Me explico, Billy es un título muy grande, de gran riesgo económico, de enormes dificultades de diversa índole, y con un problema añadido que no es ninguna tontería, el peso de la función recae sobre un niño que necesita unas mas que notables condiciones para las diferentes disciplinas que el género musical requiere. 
Que Billy llegase a buen puerto dependía de muchos factores que tienen que ver con la forma de entender los musicales en nuestro país, la formación de las nuevas generaciones, y sobre todo el tomarse en serio un género, que aquí se sigue considerando menor, y cuyo tratamiento actoral, cuando de grandes producciones se trata, suele quedar eclipsado por el envoltorio, siendo difícil quitarle el sambenito de superficialidad y poco interés teatral del género musical.
A medida que se iban contando cosas de la producción de Billy, se iba vislumbrando que el empeño iba en serio, y que se había apostado fuerte por la calidad. La elección de un elenco adulto de campanillas, y el hecho de la enorme preparación a la que se sometió  a los intérpretes para llevar a cabo el complicado papel principal de la función, consiguieron que mis expectativas hacia la función se fueran disparando a velocidad de vértigo.
Otra cosa que me llamó mucho la atención es la ausencia de franquicia, se han mantenido las coreografías originales, y toda la propuesta escénica ha sido creada en nuestro país, acierto total, y señal de fortaleza del género, que demuestra que tenemos grandes creativos capaces de afrontar proyectos de esta envergadura. No soy muy amigo de franquicias, me parece que tienen poca vida y les falta frescura, ya que el corsé impuesto por la producción original resta espontaneidad al resultado final. Algo que en este Billy Elliot es una realidad palpable y disfrutable a partes iguales.
Ayer asistí en el Nuevo Alcalá al pase de prensa del que parece ser el estreno de la temporada, y la verdad es que todavía estoy saboreando la soberbia función que disfruté, y que estoy convencido de que va a ser un bombazo.


Billy Elliot, se estrenó en versión musical en Londres en Mayo de 2005 con partitura de Elton John y libreto a cargo de Lee Hall, estando basado en la celebrada película homónima del año 2000 dirigida por Stephen Daldry. Se mantuvo en cartel durante once años, se ha representado en gran cantidad de países, y es ya un clásico moderno de los musicales, plagado de premios y éxitos allá donde se ha representado.
Billy Elliot es un musical soberbio a todos los niveles, y todo funciona a la perfección en música y texto. Con el trasfondo de la durísimas huelga de mineros acontecida en la Inglaterra de 1984 donde Margareth Thatcher impartía estopa ultraliberal a diestro siniestro, con poco corazón y escasa sensibilidad social. En la función se nos cuenta una fábula sobre la superación personal, la grandeza de la diversidad del ser humano, y el respeto hacia los demás, todo ello desde el prisma de una sensibilidad abrumadora, y grandes dosis de humanidad que conmueven al mas pintado. El texto contiene la suficiente enjundia como para considerarlo por si mismo un puntal en la función, ya que la profundidad de los personajes tal y como se describe en la obra,  no es habitual en el género musical. A esto hay que añadir la magnífica partitura de John, que suma muchísimo, y que refleja a la perfección lo que ocurre en escena. Elton John se apoya en unos soberbios coros, de gran fuerza, una orquestación presente durante practicamente toda la función, y lo que es mas importante, consigue una descripción impresionante de cada personaje principal dándonos una lección de lo que significa la música escénica.
El resultado de Billy Elliot es una obra profundamente emotiva, donde los pequeños detalles son igual de importantes que los grandes, y donde prima un sensible intimismo en la mayoría de sus escenas, de brutal cotidianidad, denuncia social, delicadeza abrumadora, y desgarrado dramatismo en algunos momentos.
Billy Elliot es TEATRO, mas allá del género en el que se encuentra, de rotundo mensaje y gran calado, donde lo que prima es la perfecta conjunción de todas las disciplinas escénicas, de una forma brillante y acertadísima.


Vayamos con elenco.
Mayúsculo de principio a fin, sólido como una roca, y sin fisuras. Algo que es todo un logro dada la enorme dificultad de la pieza a todos los niveles.

Juan Carlos Martín, como George.
Martín, figura indiscutible de nuestro teatro lleva a cabo uno de esos papeles que tan bien se le dan, de hombre tierno y simple, y cargado de bonhomía . Martín consigue que nos creamos a su George sin el mas mínimo problema, siendo una pinceladita tierna y suavemente humorística que enriquece muchísimo el resultado de la función. Por cierto... como se parece a Margareth Thatcher este chico!

Mamen García, como Abuela.
Me cautivó desde que la vi en escena dadas las dosis de verdad que su personaje rezuma, en el que el retrato de esta anciana deslenguada y senil (cuando le interesa) queda perfectamente dibujado por nuestra actriz tanto en las partes habladas como las cantadas. Su número musical, perfectamente medido en las dosis de emotividad y cercanía, resulta uno de los mejores momentos de la función. García, actriz de peculiar forma de hacer me resulta entrañable siempre que la veo, siendo en esta producción indispensable para que su creación llegue a buen puerto con la contundencia que lo hace. 

Adrián Lastra, como Tony.
Gran acierto de elenco, ya que las características físicas y vocales de Lastra son perfectas para su rudo personaje. De rotundísima presencia escénica y gran intensidad en sus momentos mas importantes, Lastra sirvió una función de altura, especialmente en un tremendo dúo con Carlos Hipólito que impresiona por la carga emocional que deja entrever y que llega de forma muy directa al espectador. Tony parece una mala bestia, pero Lastra consigue que entendamos su forma de actuar y las motivaciones que le hacen ser así. Nuestro actor ofrece un trabajo de poderoso acabado y brillantísima resolución.

Beltrán Remiro, como Michael.
Michael es uno de los bombones de la producción, y también uno de los personajes mas difíciles, partiendo de la base que debe ser interpretado por un niño. El peculiar amigo de Billy es ejecutado por nuestro pequeño actor a la perfección, todo un talento que se lleva al público de calle de forma arrolladora, haciendo con el lo que le da la real gana. Desinhibidísimo y cargado de unas dotes naturales para la comedia realmente muy notables. Nos encontramos con un artista que se encuentra en escena como pez en el agua. A esto hay que añadir el elevado nivel tanto de canto como de claqué que resultan imprescindibles para dar vida a Michael. Remiro es carne de musicales, y carne de teatro, disfrutar como el disfruta en la función es un signo inequívoco de ello. Recibió una de las mayores ovaciones de la noche, y con gran justicia por cierto.

Carlos Hipólito, como Padre.
Creo que muchos tenían ciertas reservas con la elección de Hipólito como padre, dadas las características del personaje, un tanto alejado de Hipólito en la imagen que se tiene en la cabeza del rudo minero con un corazón de oro. A mi precisamente esto es lo que me parecía mas interesante, ya que el desafío era grande, pero Hipólito, actor de soberbia técnica, tal y como esperaba ha llevado a buen puerto de forma impecable. Nuestro actor dota a su personaje de una tremebunda humanidad que a partir del segundo acto de la función va saliendo a relucir cada vez de forma mas notoria y por ende dibujándose el personaje en su enormidad. El recorrido emocional es asombroso, y el arco del personaje está perfectamente definido, quedando demostrada una vez mas la solvencia de Hipólito, que dota a su rol de muchas aristas y fabulosa credibilidad.

Natalia Millán, como Señorita Wilkinson.
Perfecta a todos los niveles. No me imaginaba a otra artista en este papel que no fuera Natalia Millán, y como era de esperar triunfa de largo. Insuperable en tono físico y actoral, Millán dota de gran entidad a su personaje, donde las diferentes características de la Srta. Wilkinson son plasmadas de forma impecable por nuestra actriz que le tiene muy pillado el punto al rol. Millán sabe lo que nos quiere contar, con gran inteligencia, y con aires de gran diva como mandan los cánones, en sus números musicales, que resultan de una robustez a prueba de bombas, y de elevadísimo nivel. Millán atrapa al espectador, y demuestra una vez mas que es una estrella del musical.

Pau Gimeno, como Billy.
Gimeno me impresionó profundamente, y me dejó tocado por momentos. Templadísimo y de una madurez escénica increíble, Gimeno nos llega por varios motivos, quizás el mas directo sea su increíble expresividad cuando baila, que el final del primer acto llega al paroxismo, donde Gimeno literalmente nos pone los pelos de punta por la tremebunda implicación emocional, y la entrega de su trabajo. Resulta enternecedor verlo actuar, y transmite a la perfección todos los estados de ánimo por los que Billy pasa ya que se encuentra dotado de grandes recursos a todos los niveles. Billy debe cantar, bailar clásico y claqué, y encima ser actor y todo ello sin tener mas de catorce años, casi nada... Gimeno sale airoso del papel, y encima nos pone el corazón a mil por hora en sus intervenciones dada su capacidad de emocionarse y de emocionarnos. Gimeno puso el teatro patas arriba al menos en tres ocasiones durante la función, eso lo he visto pocas veces, en un artista de su edad, jamás. Habrá que volver a ver a alguno de los otros seis artistas que dan vida a Billy, dado el nivel de Gimeno 

No quisiera cerrar el elenco principal sin cuatro menciones especiales. La primera a la sensible creación de Noemí Gallego como madre de Billy, de exquisita musicalidad. La segunda el estupendo bailarín Axel Amores como Billy adulto que se complementa a la perfección con Pau Gimeno en una de las escenas mas líricas del musical. La tercera el impagable pianista de Alberto Velasco deliciosamente queer. Y por último a Bruno España, el pequeñín robaescenas mas divertido y enternecedor que he visto nunca sobre un escenario.


La función se sostiene en un conjunto de altísimo nivel, que cumple con todas las disciplinas de forma mas que solvente, y que resulta especialmente atinado en las intervenciones corales, realmente impactantes y de un valor musical elevadísimo. La mayoría de los componentes del conjunto son sobradamente conocidos por parte de los aficionados al musical, ya que en mayor o menor medida son profesionales curtidos en el género, y que saben muy bien lo que hacen, como se demuestra en la prestancia que sus intervenciones aportan al espectáculo.

Gaby Goldman lleva la batuta de una orquesta compuesta por 9 músicos de mas que estimables resultados. Goldman sirve una dramática lectura de la partitura de gran efecto teatral, y muy matizada en los momentos mas sensibles. Estuvo muy pendiente de los interpretes sobre las tablas durante toda la representación, poniendo mucho énfasis en las entradas y los volúmenes. Billy no es una obra fácil de dirigir, y Goldman sin duda conoce el material que tiene entre manos, redondeando el espectáculo de forma brillante.



Vayamos con la producción en si:
David Serrano dirige y firma la adaptación. Encontré muy acertada la traducción nada chirriante, y en la que cada sílaba cae perfectamente en cada nota, sin resultar forzado el texto, ni excesivamente rebuscado o ripioso, algo que en las adaptaciones a nuestro idioma es habitual, por tanto por ese lado magnífico trabajo.
Serrano se ha propuesto llevar a cabo un gran trabajo a nivel interpretativo, al tenor de lo que se vislumbra en el escenario, y lo consigue. La impostación actoral de la que se acusa al musical, aquí se encuentra brillantemente eliminada, y cada personaje parte de un profundo análisis de su carácter, de lo que dice, y de como se dice. Aquí se va mas allá de decir los parlamentos, se está haciendo Teatro, y eso está muy patente en la producción. Nuestro director imprime grandes dosis de verdad en cada personaje, y consigue que todos sean carismáticos e interesantes, y sobre todo muy ricos. Los tiempos de lavar los textos y que el actor espere su gran número musical para recibir la ovación, se han acabado después de este Billy Elliot. Cada número musical está perfectamente justificado y el personaje reconducido al mismo, y cada acción escénica argumentada y explicada, con solo aparente sencillez. Es decir David Serrano en un alarde de honestidad encomiable, limpia de vicios al género, y hace de carne y hueso unos personajes tremendamente humanos y reconocibles. 
A nivel producción SOM Produce, ha tirado literalmente la casa por la ventana, sirviéndonos uno de los musicales con mas medios de los últimos años. Esto no resta a la producción, y no la oculta tras un vacío y acartonado sentido de la espectacularidad, no señores. La apabullante escenografía de Ricardo Sánchez, nos está contando y envolviendo la historia a la perfección. Los hallazgos escenográficos son continuos y a cada cual mas interesante, desde la casa de Billy de una precisión viscontiniana, hasta la sorpresiva vuelta con respecto al original que se da a "Merry Christmas Maggie Thatcher" todo funciona a nivel estético con gran magia teatral, perfectas transiciones, y un sentido de la espectacularidad medidísimo y muy impactante. Las soberbias luces, literalmente de premio, de Juan Gómez-Cornejo y Carlos Torrijos tienen muchísimo que ver en esto que planteo, que sin duda dotan de sorprendente entidad atmosférica, a una producción notabilísima desde todo punto de vista.
Hay que abstraerse completamente de la producción original, y dejarse llevar por este Billy Elliot completamente español, que subyuga, maravilla y emociona como solo los buenos espectáculos saben hacer, algo que sin duda Billy Elliot lo es. 
En resumen. Por fin vamos entendiendo en este país que se pueden contar historias en los musicales, que el texto tiene importancia, que el envoltorio cuenta, pero para sumar, no para que sea lo único, y que gran producción no está reñido con enjundia teatral. En los musicales TODAS las disciplinas se deben mimar de igual manera, y sobre todo los fuegos de artificio no pueden eclipsar lo realmente importante, es decir aquello que hace que el teatro esté vivo, EL CORAZÓN. Hoy Madrid está un paso mas cerca de Broadway que ayer, Billy Elliot es el culpable, que tome nota quien corresponda, ya que sin duda esta producción supone un gran paso adelante en la lectura de musicales de gran formato en nuestro país.



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lunes, 2 de octubre de 2017

Gross Indecency, No Juzgues y No Serás Juzgado.

Hoy voy a hablar de una de las mentes mas lúcidas que ha habido nunca, Oscar Fingal 
O´Flahertie Wills Wilde, es decir Oscar Wilde. Wilde es uno de los escritores mas importantes de todos los tiempos y posiblemente el mejor de la Inglaterrra Victoriana, dotado de una ironía finísima y un control absoluto del lenguaje, resultaba delicioso en sus comedias, y atinadísimo en sus comentarios, irreverentes y agudos en igual medida. Wilde hacía honor a su apellido, "salvaje" en inglés, ya que fue una personalidad única, que iba por libre y sin duda se abría paso entre las rígidas normas morales de su época con dentelladas de genialidad, algo que jamás le perdonaron. Nuestro autor consiguió ser jaleado por aquellos mismos que criticaba en sus divertidas comedias, escritas para la alta burguesía y que servían de cínico reflejo de una sociedad marcada por la hipocresía y las falsas apariencias, siendo ejemplo paradigmático de lo que planteo la celebrada "La importancia de llamarse Ernesto" donde el juego de la doble identidad, de múltiples lecturas, es el tema principal de la obra, eso si envuelto en comedia de costumbres entre grandes salones de sociedad. Wilde esteta y defensor de la supremacía del arte sobre todas las cosas, resultaba una figura incómoda en su tiempo, algo que pagó muy caro como mas adelante veremos, ya que su lucha contra los convencionalismos de la época, fue considerada un ataque muy peligroso hacia las buenas costumbres de las tan cacareadas "personas de bien", vaya usted a saber quienes son esos, porque yo no lo tengo muy claro.
Mucho se ha hablado de la sexualidad de Oscar Wilde, no seré yo quien entre en una sesuda discusión sobre este tema, ya que han corrido ríos de tinta sobre este asunto. La cuestión es que la homosexualidad de Wilde, si consumada o idealizada por nuestro autor es lo de menos, sirvió para arruinarle la vida, encarcelarlo y precipitar su prematura muerte practicamente en la indigencia. Este hecho hoy en día está demostrado y aceptado como tal, aunque en su época, su castigo sirvió de escarnio y resultó ejemplarizante para muchos que seguían sus preceptos, eso si, de forma mas discreta y quizás menos desafiante. 
Tres juicios fueron cruciales para que terminara en la cárcel. Primero aquel en el que Wilde era el demandante, y que como consecuencia del mismo acabo denunciado por sodomía y acusado de grave indecencia, siendo el resultado de esta denuncia dos juicios mas, con una sentencia de dos años de trabajos forzados. Una desgraciada caída en prisión derivó en una dolencia, que finalmente acabó con su vida, tres años después de su salida de la cárcel.
La sentencia de Oscar Wilde trajo consigo una oleada de represión a múltiples artistas y las penas sobre la homosexualidad se vieron endurecidas de forma brutal practicamente en toda Europa.




Los tres juicios a Oscar Wilde es como se subtitula Gross Indecency ( Grave Indecencia) que es la obra que se está llevando a cabo en estos momentos en la Sala Jardiel Poncela del Fernán Gómez. En ella se nos cuenta todo el proceso judicial al dramaturgo, así como se nos hace una disección brutal de la época y la sociedad que le tocó en suerte. El soberbio texto de Moises Kaufman estrenado en 1997, es una monumental obra de aires épicos y de una solidez argumental realmente notable, donde se mezclan transcripciones de los juicios con extractos de memorias de los implicados y textos del propio Wilde, de una forma magistral, y con una fuerza teatral arrolladora. Gross Indecency es "una de juicios" a lo grande, bien estructurada, absorvente, de espectacular prosa, y cuyas (abundantes) concesiones al lirismo resultan mas que justificadas dada la naturaleza del personaje principal, cuya psicología queda perfectamente plasmada en el texto desde todos los ángulos posibles, de forma rica y nada redundante.



Vayamos con elenco, formado por diez entregadísimos actores que literalmente se dejan la piel en el escenario, en un montaje brutal y en el que las condiciones físicas de cada uno de los componentes del reparto es crucial para que pueda llevarse a cabo tal y como Gabriel Olivares plantea la producción.

Resulta difícil decantarse por una interpretación en particular, ya que la obra es netamente coral, y practicamente todos los actores llevan a cabo diferentes papeles. Hay que entender esta producción como un milimétrico trabajo de conjunto en el que todos sus componentes se ajustan a la perfección en todos los papeles, y lo que es mas importante en los difíciles y acertadísimos juegos escénicos que trufan el montaje y que son en definitiva lo que caracterizan esta producción. 

Imponente de tono y templadísimo Javier Martín, como Oscar Wilde, que sabe imprimir las dotes justas de ironía y altanería que caracterizaban al protagonista de nuestro drama, resultando conmovedor y divertido según toque en cada momento, y con un estudio interior del personaje muy notorio.

Encontré  acertadísima la composición de David DeGea como amante de Wilde, llevando a cabo una sensible e inquietante creación de un personaje con un mucho de Dorian Gray y que resulta un acierto de casting brutal. Su andar sibilino, su efébica apariencia y su carismática composición resultan idóneas para hacernos una ídea de como era Lord Alfred Douglas, que acabó su existencia como simpatizante del partido Nazi, algo que añade todavía mas a la dualidad de un personaje que parece estar viviendo al límite continuamente. 

Muy extremado  Eduard Alejandre como Marqués de Queensbery, ya que si bien es cierto el hombre no era precisamente la cordura en persona, Alejandre imprime al personaje cierto tono desquiciado que no acaba de cuajar, quedando un tanto plano y excesivamente gritón, algo que empobrece el resultado final. 

Alex Cueva impoluto como abogado de Wilde que le deja en la estacada, dota de grandes dosis de verdad y autoridad a su composición resultando tremendamente convincente.
Resulta impagable  el dúo formado por Alejandro Pantany y Guillermo SanJuán como dos jovencitos que se dejan querer por Wilde, a cambio de dinero, siendo el trabajo de nuestros actores valiente, cargado de ironía y fuerza. 

David García Palencia pasa mas desapercibido por el papel que le ha tocado en suerte, y cuya escena no acaba de entrar en el texto de forma satisfactoria, y si un tanto forzada. Esto no impide que las dosis de verdad en su trabajo y la entrega en las partes de conjunto resulten muy notorias.

Brillantísimo Andrés Acevedo, de enigmática en imponente presencia, resulta un robaescenas involuntario, donde prima la excelente expresividad corporal, la concentración, y lo carismático que resulta en escena, bien sea en sus momentos mas importantes o cuando está en segundo plano.

En cuanto a Asier Iturriaga decir que su esforzadísima entrega y una tremebunda escena de disociación llevada a cabo de forma ejemplar redondean su trabajo de forma mas que estimable y de espectacular ejecución. 

Para finalizar Carmen Flores Sandoval da la nota femenina de la función, resultando versátil en sus composiciones, mas que notable como Reina Victoria, y la presentadora de televisión que lleva a cabo de forma naturalista, estudiadísima y tremendamente creíble.



Nos encontramos en líneas generales con un elenco en completo estado de gracia, perfectamente elegido, y que suma muchísimo a un espectáculo de dificilísima ejecución, y en la que se vislumbra un trabajo previo abrumador, milimétrico y cuidado hasta la extenuación. Nuestros diez actores salen a matar y llegan al respetable con un trabajo de una energía apabullante, y de resultados impactantes.




Gabriel Olivares firma la producción acertando de plano. Olivares se sirve de un ritmo frenético y una poderosa simbología que entra por los ojos de forma muy directa y sorpresiva, para de esta manera atrapar al espectador desde que comienza el espectáculo hasta que finaliza, siendo el resultado cautivador y fresco en su resolución. Nos encontramos ante teatro del bueno, en el que cada escena propone un juego diferente con coherencia dentro del espectáculo y de grandes aciertos estéticos. Toda la función es un tiovivo emocional y visual que nos va llevando por los vericuetos del proceso y de la psicología de los actores del drama. Olivares no renuncia a un acertado aire operístico que le influye al texto cierta épica muy en consonancia con los grandes textos judiciales, en los que de forma acertada el público ejerce de jurado, en un recurso que aunque ya haya sido utilizado con anterioridad en otras producciones en Gross Indecency queda perfectamente justificado en integrado en la propuesta, saliendo el espectador con la sensación de que esa es la única forma en la que se debe representar el texto. Varios momentos son a destacar especialmente la epatante escena en la que toda la compañía interpreta un espeluznante  "Somewhere Over The Rainbow" con aires marciales y de clara intención de himno, que literalmente corta la respiración. Al finalizar dicha escena en mi representación, el público arrancó a aplaudir  entre aliviado por el esfuerzo físico de los actores, y apabullado ante  la fuerza del momento en si, de poderosa energía poética y directo mensaje.
Felype de Lima acierta una vez mas en su conceptual escenografía en la que varias carras sirven de escenario polivalente de forma inspiradísima que junto con las magníficas luces de Carlos Alzueta y el estupendo espacio sonoro de Ricardo Rey llenan de empaque una producción que merece gran recorrido en incluso el salto a alguno de nuestros Teatros Nacionales. Nos encontramos ante una producción de altura que me dejó eufórico a la salida, y con la sensación de haber vivido un acontecimiento teatral, en el que todo resulta redondo, y en el que los aciertos asoman cada dos por tres de forma rotunda, inteligente y lo que es mas importante con una carga artística y emocional mayúscula.





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miércoles, 27 de septiembre de 2017

Troyanas, O La Terrible Actualidad De La Barbarie.

El domingo pasado, día que me disponía a ver Troyanas, me enteré de una historia escalofriante, que salió en prensa hace un par de meses y cuya atrocidad me dejó perplejo. Una esclava sexual de Daesh, secuestrada y sin alimentar desde hacia varios días, descubrió con horror después de comer un plato de arroz con carne que sus captores le ofrecieron, que la carne del arroz era su propio hijo de un año, también en manos de los terroristas, que de forma brutal cocinaron para dárselo a su madre. Esta salvajada ha ocurrido hace poco, en pleno S.XXI, no es algo que nos pille muy lejos en el tiempo, y que nos haga pensar en lo bárbaros que eramos, no. El ser humano es cruel, especialmente con sus semejantes, por desgracia creo que es inherente a nuestra naturaleza de depredadores despiadados y parasitarios. Por mucho que pasen los siglos, hay actitudes que se repiten de forma cíclica y que no varían nunca ni en su desarrollo ni en su final. 
Los griegos plasmaron en sus tragedias unas atrocidades que hoy nos horrorizan, pero que visto como está el mundo, lamentablemente, no están tan lejos de nuestra sociedad, y el terrible ejemplo con el que comienza la crónica bien podría ser un texto de Eurípides escrito para llevar hacia la catarsis a los espectadores de su época.
No quiero frivolizar con un hecho tan grave, simplemente planteo que todos estos siglos de exposición y estudio del alma humana en infinidad de textos teatrales, de poco parecen haber servido para nuestro avance como especie, que cuando se ve con poder, y ejerce la violencia, lo hace de una forma tan brutal que nos causa pavor y asombro a partes iguales.
Las Troyanas habla de cosas que por desgracia siguen de completa vigencia en estos tiempos que nos han tocado en suerte, y para vergüenza de la raza humana 2500 años después de su estreno seguimos exactamente igual, algo que la dura versión de Francisco J. De Los Ríos que se está representando, con gran éxito en La Usina, me hizo ver de forma cristalina.



Las Troyanas de Eurípides representada por primera vez el Siglo V a.C., es una de las tragedias griegas mas conocidas y mas llevadas a escena de todas cuantas se conservan. Esta obra formaba parte de una tetralogía que estaba compuesta por tres tragedias y una comedia, y de la que solo se conserva el título que esta crítica ocupa.
Las Troyanas es una cruda exposición sobre la crueldad de la guerra, y muy especialmente de los vencedores sobre los vencidos. Para ello Eurípides nos habla del triste destino de las mujeres troyanas, en su mayoría viudas, una vez terminada la guerra con los aqueos. La historia gira en torno a Hécuba, esposa de Príamo, rey de Troya de gran bondad y trágico final, como casi todos en esta historia. Hécuba sufre en carne propia su desgracia como testigo del nefasto destino de sus hijas, y de su malogrado nieto, por culpa de la desmedida crueldad de los aqueos una vez finalizada la guerra, siendo esta tragedia un ejemplo paradigmático de la famosa hybris, en la que se exponía la transgresión de todas las normas impuestas por los dioses a los hombres.
Francisco de Los Ríos adapta Las Troyanas originales, y reduce sus personajes a cinco, Hécuba, su hija Casandra, su nuera Adrómaca y añade a Polemós (personificación de la guerra y las batallas en la mitología griega) y que sirve para el avance de la acción como funesto mensajero de los poderosos aqueos hacia las sufridas troyanas.
De Los Ríos lleva a cabo una inteligente condensación del texto original, que va a la esencia del texto con perfecta coherencia dramática, limando un texto, árido en su origen, para hacerlo mas asequible, y que define perfectamente cada personaje y cada psicología, resultando muy adecuado para el espectador de hoy en día que entiende perfectamente lo que Eurípides quería contar, y lo que  De Los Ríos quiere denunciar, como posteriormente explicaré cuando llegue el momento de hablar de la propuesta escénica.



Vayamos con el elenco, atinado en general y superlitivo en algunos casos.

Miriam Arroyo, como Andrómaca.
 Correcta, y de menos a mas, ya que se crece  a partir de que le arrebatan a su hijo. Arroyo lleva a cabo una sufrida y sensible madre, cuyo mutismo en algunos momentos nos deja desolados, y que acompañado de un frágil aspecto físico, consigue que nos apiademos de ella. Arroyo resulta muy creíble fisicamente, y nos recuerda a cualquier mujer musulmana de las que vemos por las calles de nuestra ciudad con su kaftán y velo. Mujer anónima, un tanto anodina,ama de casa, discreta y doliente por dentro. Ese aspecto de la visión de Andrómaca que se da en la función está conseguidísimo y resulta familiar y conmovedor. 

Salomé Peña, como Helena.
Irregular. Peña no nos deja muy claro cual es el objetivo de su personaje, y tampoco llega a la emoción de forma totalmente convincente. Me explico, Helena aparece como altiva y distante, y posiblemente como una traidora. Pero eso no quiere decir que no sufra por lo que ocurre a su alrededor. Peña no consigue ese difícil punto intermedio que definiría mejor al rol, ya que cuando de llegar a los momentos mas dramáticos se trata, se vislumbra cierta impostación, que no fui capaz de dilucidar si está incorporada al rol porque realmente no le importa lo que está pasando, y por tanto finge, o es que a nuestra actriz le cuesta implicarse mas emocionalmente. Encontré  interesantísimo el personaje tal y como se plasma en la obra pero Salomé Peña desaprovecha el bombón que le ha tocado en suerte imprimiéndole  una lectura demasiado superficial y no muy afortunada. Fisicamente da el papel a la perfección, y la composición corporal resulta muy acertada. Si nuestra actriz plantea un acercamiento mas profundo a nivel psicológico, algo que creo que puede hacer porque tiene momentos bastante conseguidos, seguro que terminará interpretando una Helena de Troya estupenda.



Germán García, como Polemós.
García va creciendo como actor, y desde la función de Víctimas que le vi hace un tiempo a ahora, hay cambios y para bien. Polemós es terrorífico en su planteamiento, despiadado y cruel, pero tiene matices y atisbos de humanidad por momentos, que García consigue transmitir de forma correcta e interesante. Muy entregado y haciendo un estupendo uso de la voz que resulta atronadora entre ese coro de mujeres dolientes, Germán García cumple sin aparente problema. El personaje no necesita ni mas ni menos, quizás algunos pasajes dichos menos de paso, enriquecerían la por otra parte estupenda creación que lleva a cabo.

Jennifer Baldoria como Casandra.
Baldoria se mueve como pez en el agua en la tragedia, y la psicología de Casandra le va como anillo al dedo, siendo el resultado una interpretación de altura. Baldoria experta en personajes de rico mundo interior y un tanto despegados de la tierra, logra un maravillosa ilusión con su Casandra, que en trance hipnótico profetiza toda serie de desgracias, y nos hiela la sangre en una escena de enajenación que me trajo ecos de Lucia Di Lammermoor, vestida de blanco y ensangrentada después de haberse cosido los genitales. Casandra nos resulta inquietante y a la vez nos transmite infinita piedad como mujer completamente sobrepasada por los acontecimientos, y que no es capaz de asumir su destino. Su Casandra se encuentra inmersa en su propio drama, completamente ida e introspectiva. Baldoria lleva a cabo un trabajo milimétrico de estudio del texto, una composición psicológica impoluta y una interpretación de impactante crudeza que no pasa desapercibida en absoluto.

Marina Andina, como Hécuba.
Andina lleva a cabo un trabajo mayúsculo, mandando en escena desde que empieza la función. Todo suena fluido, y nuestra actriz parece incorporar el personaje a su carácter de forma natural y asombrosa. Andina escucha a sus compañeras de manera impresionante, las apoya y el papel de matriarca parece reflejarse en su tónica de trabajo, que no hace mas que enriquecer todo el espectáculo con su mera presencia. Sus miradas son de impresión, y los quiebros de la voz imponentes, pero si algo caracteriza a su Hécuba, es la  medidísima progresión dramática del personaje, cuyo recorrido está perfectamente plasmado y justificado con aparente, solo aparente, facilidad. El trabajo que se vislumbra tras su interpretación es enorme, y queda muy patente que todo está muy medido, estudiado e incorporado con organicidad y gran oficio. La escena final en la que entierra a su nieto es completamente desgarradora, y lo es por la sensibilidad desde la que está abordado el personaje, aquí no hay desmelene gratuito, o efectistas trucos de cómico malo, no señor. Aquí hay verdad, oficio y mucha sabiduría. Andina lleva a cabo una Hécuba de altura, telúrica, férrea y de personal factura que impresiona al espectador de forma rotunda.






Francisco J. De Los Ríos, firma la producción, además de la adaptación. La propuesta de nuestro director, pasa por ambientar la acción de forma acertadísima, en el Alepo presente. Las similitudes de la actualidad siria con el argumento de Las Troyanas resultan escalofriantes, y realmente la vigencia del texto de Eurípides queda mas que patente de forma preclara y conmovedora. De Los Ríos mantiene a los personajes de la historia en varios planos diferentes, Hécuba y Casandra atemporales y de concepción mas clásica, y Helena, Andrómaca y Polemós completamente actualizados y funcionando a la perfección, sin que nos chirríe ni que nos resulte extraño en ningún momento. La acción se desarrolla en un espacio indefinido, que recuerda a las ruinas de una ciudad arrasada en la que nos encontramos toda clase de objetos, y en el que la tierra tiene una presencia muy marcada con absoluta lógica, dado lo que se cuenta en la función. Todos los personajes están perfectamente definidos, y la visión de los mismos resulta muy interesante. No esperéis una versión ortodoxa del texto de Eurípides, sino una acercamiento acertado y respetuoso, que desmenuza la esencia de la obra original de forma inteligente y asequible.
Francisco J. De Los Ríos sabe donde y como cargar las tintas, en un espectáculo desolador para el espectador y que no deja lugar a esperanza alguna en su resolución final, de claro mensaje y muy emotivo, siendo el resultado muy interesante y satisfactorio. Llevando al espectador a la catarsis en su escena final tal y como mandan los cánones del teatro griego.
La obra resulta dura y necesaria, dada la realidad que denuncia y que nuestro director expone de una manera cargada de sensibilidad y realmente desgarradora.
Lo que si que es realmente terrible de la producción, es que se encuentra de completa actualidad. Lo que Troyanas nos cuenta a gritos y de forma tan dramática, está ocurriendo en Alepo y en muchos lugares del mundo mientras estáis leyendo estas líneas. Es necesario que lo tengamos presente, aunque sea desde la comodidad de nuestra "civilizada" cultura occidental. No lo olvidéis... los componentes de Troyanas creo que no quieren que lo olvidemos, conmigo desde luego lo han conseguido.





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lunes, 25 de septiembre de 2017

El Florido Pensil (Niñas), Mirando Hacia Atrás Sin Ira.

Hay una sensación extraña, que en mi forma de ser me acompaña desde que tengo uso de razón. Se trata de la nostalgia por aquello que no he vivido. Esto me ha llevado a una afición muy marcada por las fotografías de instantes cotidianos de momentos pasados, así como por ser un apasionado de la historia de nuestro país, especialmente del S.XX. Este sentimiento creo que es mas común de lo que parece, y muchas personas, exactamente igual que yo, sienten que extrañan épocas que no vivieron o que eran practicamente unos bebés cuando transcurrieron.
Un servidor, nacido en plena Transición, no vivió el Franquismo, y obviamente no siente ninguna nostalgia del Ancien Régime, pero si es cierto que por la cercanía en el tiempo de mi nacimiento con la Dictadura, hay algunas cosas que se encontraban muy recientes y muy incrustadas en nuestra sociedad durante mi infancia. Como no podía ser menos, la educación era una de ellas, y mis primeros años de colegio todavía se parecían bastante al sistema educativo franquista en algunos aspectos, aunque logicamente, la parte ideológica era muy distinta.
Esto viene a colación de El Florido Pensil (Niñas), dado que la función habla de la educación en la España nacional-católica, período que no viví, pero que conozco y reconozco muy bien, algo que creo que en mi generación es habitual, ya que fuimos la generación justamente posterior a la Dictadura y eso marca, por tanto en mi caso, me resulta igual de interesante que si hubiese vivido ese período, y en algunos casos hasta muy familiar, por actitudes que he vivido en años de democracia reciente, y comentarios escuchados y grabados a fuego en mi memoria.
Vi El Florido Pensil en su montaje original, vi la versión niñas, en catalán, durante una visita a Barcelona hace un par de años, y no pude resistirme a la versión en castellano que se está llevando a cabo en el Marquina estos días. El estupendo plantel actoral que la obra ofrece me pareció garantía suficiente para volver a disfrutar de este texto, que ya es un clásico de nuestros escenarios, y la verdad es que no me equivoqué.



El Florido Pensil se estrenó en en 1996 y fue un bombazo de taquilla sin parangón, siguiendo representándose de forma ininterrumpida durante muchos años, e incluso llevada al cine en 2002 por Juan José Porto. El texto original, muy parecido a la nueva versión, contaba como era la escuela del Nacional-Catolicismo, en el que desde la retranca, unas gotas de nostalgia, y un punto de vista divertido, se nos expone lo que era la España de no hace tanto tiempo, con el arma mas poderosa que existe desde que el mundo es mundo. La risa. La estructura de El florido en versión niñas es idéntica a la versión niños, y se trata de un juego teatral muy jugoso y la mar de efectivo en el que cinco mujeres ya adultas nos cuentan como fue su educación en una especie de viaje al pasado donde ellas mismas hacen de niñas en una típica aula de la época, y a la vez recrean los diferentes tipos de la Dictadura, desde el cura rijoso,  hasta la mismísima directora de la famosa Sección Femenina que tanto influyó en la moral de la época, una serie de personajes, muy reconocibles, pululan por escena con gran fortuna y para regocijo del espectador . La obra se basa en el libro homónimo de Andrés Sopeña y la adaptación teatral corre a cargo de Kike Díaz Rada siendo tremendamente fiel a la obra literaria, cuyo espíritu se encuentra perfectamente reflejado en la obra de teatro. Rada compone un texto entretenídisimo, de lenguaje claro y directo, cuyo mensaje se ve perfectamente plasmado desde un punto de vista amable, pero contundente en el fondo y lo que es mas importante, tremendamente esclarecedor sobre lo que es nuestro país y el poso que la Dictadura ha dejado en nuestra sociedad, con actitudes todavía hoy en día vigentes y en algunos casos de triste actualidad.



Vayamos con el elenco:
La obra la lleva a cabo un entregadísimo plantel femenino de primer nivel, que ejecutan una función agotadora, y que no les da un respiro de principio a fin, donde todas las actrices realizan diferentes papeles, de variada psicología y tipismo.
Resulta difícil quedarse con una interpretación en si, ya que todas la intérpretes se mueven en un nivel muy alto, y en un trabajo de conjunto perfecto, de gran química escénica y mucha sabiduría teatral. Mariola Fuentes quizás sea la que mas diversidad de papeles lleve a cabo, resultando deliciosa en todos ellos, destacando quizás como la criada ligera de cascos de arrolladora frescachonería, que causa admiración en las jovencitas que la observan entre embelesadas y un poco temerosas. Nuria Gonzalez resulta superlativa en sus intervenciones, siendo especialmente destacable su creación del "director espiritual" que actúa con morbosa delectación al explicar los detalles mas terroríficos de las consecuencias del pecado, eso si con afán unicamente "didáctico" y en una tremenda escena de confesión, que mas de uno y una, vivió en carne propia en aquellos tiempos, donde queda bien claro que el que peca es el que confiesa y no quien se confiesa. González lleva a cabo una admirable composición corporal, con un control absoluto de la voz y su particular forma de interpretar resulta perfecta en todas sus intervenciones. Chiqui Fernández pasa por una creación quizás un poco mas tierna que el resto de sus compañeras, dando las dosis justas de ingenuidad a sus papeles y rotundidad escénica. Africa Gonzalbes resulta sorprendente en su creación de una profesora de gimnasia con aires de dominatrix, de dureza inesperada y comicidad de altos vuelos en algunos momentos. Encontré a Gonzalbes en un código diferente al habitual y de sorprendente ductilidad en sus interpretaciones, de gran energía y muy medidas. Y por último Esperanza Elipe, otra actriz de marcada personalidad, que da lo mejor de si misma en la última escena de la función, como una crispada directora de la Sección Feménina que pasa revista a las alumnas del colegio en el que transcurre la acción. Elipe borda un papel cargado de matices a todos los niveles y que rezuma verdad y credibilidad por los cuatro costados, siendo el resultado redondo y divertídisismo. Nuestras cinco actrices se compenetran a la perfección en escena y se destila muy buena vibración de la producción, en la que todas y cada una de ellas trabajan como fieras llevando a buen puerto una difícil función de altas exigencias interpretativas y donde lo que mas brilla es lo mucho que disfrutan las intérpretes de su trabajo, algo que en esta producción es indispensable para que el resultado sea el deseado.



Fernando Bernués y Mireia Gabilondo firman la función, con algunas diferencias en ciertos gags con respecto a la producción en catalán por los lógicos motivos de la propia idiosincrasia de Cataluña que en Madrid no tendría la misma gracia,  y especialemente lingüísitcos, y que en Barcelona tienen gran relevancia.
Bernués y Gabilondo sirven un espectáculo plagado de aciertos, donde absolutamente todos los juegos escénicos funcionan, manejando la comicidad a la perfección y por ende al público, que se deja llevar si problema por la función. Nuestros directores dejan hacer a sus actrices que aportan mucho de si mismas para recrear los diferentes personajes que hay en el texto. Si algo caracteriza la producción es un acusado sentido del ritmo que fluctúa de forma acertada dependiendo del tipo de escena que se está llevando a cabo, y unas acertadas transiciones entre escena y escena que dinamizan todavía mas, si cabe, un espectáculo que transcurre de forma muy fluida y de estudiado crescendo en lo cómico que explosiona de forma brutal en la desopilante escena final con la directora de la Sección Femenina como hilo conductor, y que resume a la perfección el batiburrillo mental que tenían los niños de aquellos años, donde los diferentes y abundantes tabúes políticos y sociales, daban lugar a unos equívocos que hoy nos resultan gracioso, pero que marcaron profundamente a generaciones de españoles. Otro acierto consiste en el tono del espectáculo, entre tierno y ligeramente ácido, pero en ningún momento airado o hiriente. Precisamente ese aire un tanto condescendiente, y pretendidamente ligero, consigue que el mensaje trascienda como lo que es, crítica feroz, en la que nuestra madurez democrática, es suficiente para que sea el espectador quien juzgue lo brutal de la represión franquista, y la castración moral y política a la que eran sometidos los españolitos de a pie.
Bernués y Gabilondo ofrecen un espectáculo sólido, bien servido, e impecablemente interpretado, que resulta delicioso para el espectador, y en el que se reflexiona, sobre lo que hemos sido, lo que somos, y hacia donde vamos, como país y como sociedad. Algo muy sano, y que si además se hace desde el prisma del desenfado, con sus momentos de seriedad, pues el resultado es de altura a todos los niveles. El Florido Pensil tiene interés tanto para los que vivieron aquella oscura época, como para los que no, especialmente estos últimos, que con esta función verán un reflejo muy vivo de lo que fuimos, y de aquello que nunca se debe volver a repetir.





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jueves, 21 de septiembre de 2017

Hablando de teatro con... Luis Cansino

Luis Cansino se trata sin ninguna duda de uno de los grandes barítonos del actual plantel de cantantes españoles. De reconocido prestigio internacional, y gran defensor de la zarzuela, que tantos éxitos le ha brindado, con gran justicia.
La primera vez que hice zarzuela, Cansino era el barítono principal, nunca olvidaré aquella función de La pícara molinera, ni su imponente salida en el magnífico pasacalle que sirve de presentación al Pintu, su personaje en la obra. Después de aquella función vinieron muchas, y montones de títulos de nuestro repertorio. Creo que he visto a Luis practicamente en todos los papeles icónicos de nuestra zarzuela, y algunos de los mas duros roles de ópera y afirmo que Luis nunca falla, cantante de solídisima técnica, enorme expresividad, y mas que dotado para la interpretación, resulta un artista muy completo y que realmente merece el lugar en el que se encuentra, y que estoy seguro de que seguirá subiendo en su carrera. Carrera medida, controlada y llevada con gran inteligencia.
El pasado mes de julio, nuestro barítono tuvo a bien darme una entrevista aprovechando que se encontraba en Madrid por estar cantando en el Teatro Real el rol de Sharpless en la ópera de Puccini, Madama Butterfly.
Hablar con Luis Cansino siempre es interesante, tiene las ideas clarísimas, y habla sin pelos en la lengua de su oficio y de la situación del mismo, desde el punto de vista del profesional experimentado que es, y desde una personalidad reflexiva y analítica.
Espero que os guste esta charla, en la que sin duda se dicen verdades como puños, y muy definitoria sobre el lugar en el que se encuentran la lírica y las artes, en general, en nuestro país.





D.P. - ¿Como descubriste tus condiciones para el canto?
L.C. - Mi madre decía que yo siempre fui un niño muy precoz; que casi canté antes que hablé. Cuando salía un cantante en televisión me gustaba imitarle, y ahí ya se veía que yo tenía voz, aunque estuviésemos hablando de un niño. Con dos añitos sentado en el regazo de mi padre, cuando veía un cantante en televisión yo ya decía que quería ser así, mientras lo señalaba con el dedo (ríe). Esto no quiere decir que yo quisiera ser cantante de ópera, en aquella época aspiraba a ser como los cantantes del momento, Nino Bravo, Camilo Sesto, Al Bano, etc.
Un día, teniendo ocho añitos, estaba cantando en casa y un familiar de un vecino me escuchó y bajó a casa, tocó el timbre y le preguntó a mi madre que quien era ese niño que cantaba. Este señor trabajaba en una emisora de radio en Vigo, que se llamaba “La Voz de Vigo”, y me planteó si quería hacer una prueba, prueba que pasé, y ahí comenzó mi idilio con la radio, formando parte de un magazine dos días por semana, por las tardes en el que cantaba canciones que los oyentes me pedían. El programa, que se llamaba “Xuntanza de Amigos” me bautizó como el “Ruiseñor del Noroeste” y, allí, recomendaron a mi madre que me metiese a estudiar música, dadas mis buenas condiciones. Fue entonces cuando empecé en el Conservatorio, por entonces, Profesional de Vigo a estudiar solfeo, y ya en Madrid a los 14 años decidí presentarme a la pruebas de acceso de canto del Real Conservatorio Superior de Música, y me admitieron empezando a estudiar canto en ese momento. Una edad, todo hay que decirlo, demasiado temprana, y que no recomiendo, ya que la voz no está aún cambiada.

D.P.- Háblame de tus maestros y de alguno que te haya influido especialmente.
L.C.- Empecé a estudiar canto con la Maestra Sofía Patricia Perez-Santos;  ella fue mi profesora durante toda la carrera en el Conservatorio. En aquel momento la carrera eran ocho años y luego tenías la opción de hacer dos años más de Prácticas de Profesorado. Obtuve las máximas calificaciones a lo largo de toda la carrera y, cuando me sometí al examen de octavo curso, gané el Premio de Honor Fin de Carrera. En mi examen se conoce que le gusté nada menos que al grandísimo tenor Pedro Lavirgen, que era, además el titular de la Cátedra de Canto del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid y esa noche me llamó por teléfono y propuso ir a su casa al día siguiente para escucharme la obra obligada que debía cantar pocos días después en el Premio Extraordinario Lucrecia Arana, por aquel entonces, el premio de canto más importante a nivel académico, y al que optaban, cada año los alumnos que en el examen de 8º habían obtenido Premio de Honor o Mención Honorífica. El caso es que, así hice: fui a su casa al día siguiente, me escuchó, y me dio una serie de consejos. Días después, tuve la fortuna de ganar el Premio “Lucrecia Arana” por unanimidad del jurado. Fue entonces cuando Pedro Lavirgen se ofreció a darme clases de manera completamente altruista, sin cobrarme nada, algo que me gusta siempre que puedo recalcar y que demuestra la generosidad humana de quien ha sido uno de los más grandes cantantes líricos que ha dado nuestro país. Estuve perfeccionándome con él durante más de 3 años y tengo que decir que me marcó tanto lo que Pedro me enseñó, que no tuve necesidad nunca de buscar ningún otro profesor. Siempre me he sentido muy orgulloso cuando me han dicho que se notaba en mi voz su sello a la hora de cantar. Es cierto que, en determinadas ocasiones y etapas,  he tenido la oportunidad de trabajar con una de las mejores “coach” que tenemos en España, la Maestra Celsa Tamayo, o el grandísimo Joan Pons, con el que tuve la suerte de trabajar en una producción de “Tosca” para la Ópera de Oviedo y que tuvo a bien escucharme y ofrecerse a darme varias clases, trabajando algunas arias y roles, puliéndome errores y que también hizo de manera desinteresada, algo que le agradeceré por siempre. Pedro Lavirgen y Joan Pons… ¡He sido un afortunado!



D.P.- ¿Cómo fue tu debut?
L.C.- Mi debut fue el 27 de Agosto de 1987 con la Compañía Ases Líricos de Evelio Esteve, en el antiguo Centro Cultural de La Villa de Madrid, con el tristemente desaparecido Miguel De Grandy como mi padrino de debut, y sustituyendo a Luis Villarejo. Se trataba de una antología dedicada al Maestro Alonso, donde yo cantaba la "Canción del Gitano" de La Linda Tapada. Un momento inolvidable.

D.P- ¿Ópera o Zarzuela?
L.C.- Las dos cosas (rotundo). Pienso que los cantantes españoles tenemos una obligación moral que es cantar y defender la zarzuela, y eso lo tenemos que hacer a lo largo de toda nuestra carrera. Personalmente tengo que reconocer que aunque la zarzuela esté pasando por ese momento tan delicado, ha sido ese género el que ha permitido a muchos cantantes de este país empezar y poder desarrollarse escénicamente y cantar. Yo a la zarzuela le agradezco enormemente el haber podido debutar, el haber podido adquirir un oficio, y sobre todo algo muy importante, esa dificultad añadida que tiene de tener que hablar, cantar y actuar. Hacer zarzuela conlleva tener unas condiciones de actor importantes, y eso a mí me ha servido posteriormente de mucho a la hora de cantar Ópera y otros géneros, y, especialmente, a la hora de construir un personaje. Por tanto, yo sería incapaz de elegir entre un género u otro. Que actualmente yo esté cantando más ópera que zarzuela no quiere decir que la haga de menos, sino a cuestiones de agenda y a que, lamentablemente, en España ya no se hace tanta zarzuela como antes.

D.P.- Un barítono que admires.
L.C.- Diría Fischer Dieskau, Renato Bruson, o Aldo Protti, pero, sin duda, Joan Pons y Giuseppe Taddei son mis referentes por antonomasia, los admiro y he aprendido muchísimo oyéndoles cantar y en su manera de abordar muchos de los roles que canto. Hablando de cantantes icónicos sin duda me quedo con ambos.

D.P.-¿Como definirías la situación actual de la lírica en nuestro país?
L.C.- Es complicado, la lírica es uno de los sectores culturales más golpeados por la crisis, y por los políticos. Todos sabemos que hay una serie de elementos que han afectado a la cultura en general, como puede ser la salvaje e incomprensible subida del IVA, y elementos más recientes como puede ser la carencia de sensibilidad hacia la lírica, de nuevas corrientes políticas que se la catalogan, de forma errónea, como un género elitista y desfasado, sin pensar que un político cuando gobierna, lo debe hacer para todos y no para el sólo, y que denota un enorme desconocimiento de lo que la lírica ha sido en la historia como elemento de protesta social. ¿Dónde dejamos a Verdi, que sirvió de estandarte para el risorgimento italiano, o tantas y tantas zarzuelas que fueron en su día vivos ejemplos de contestación y protesta social? En fin, dejando esto de lado, que todos conocemos y que es lamentable, yo creo que la lírica vive un momento bueno en cuanto a que hay un gran plantel de voces jóvenes, con una proyección extraordinaria, pero que tienen un problema gravísimo que no tuvo mi generación y es que no tienen lugares en los que se puedan desarrollar como artistas. La crisis ha golpeado a una serie de compañías privadas de ópera y zarzuela donde la gente podía empezar, a teatros y temporadas que han visto reducida su oferta o, en muchos casos, echado el cierre. Y esa era la mayor escuela: el escenario; no solo se trata de tener una buena voz; tiene que haber espacios, y, de eso es de lo que adolecen los cantantes jóvenes.



D.P.- Papel favorito de Zarzuela.
L.C.- He cantado tanta zarzuela que a todos les tengo un cariño muy especial, pero destacaría a Juan de “los Gavilanes” Juan Pedro de “La rosa del azafrán”, Joaquín de "La del Manojo de Rosas"  Germán de “La del Soto del Parral”, Mario de “La leyenda del beso”, Santi de “El caserío”, o Juan de Eguía de “La tabernera del puerto”... Pero, en conjunto, por su nobleza y por lo redondo del rol, me quedo con el Vidal de “Luisa Fernanda”.

D.P.- Papel favorito de Ópera.
L.C.- ¿Sabes que ocurre? que cuando aprendo un nuevo rol, lo primero que hago es intentar enamorarme de él, para mi esto es muy importante, y, la carrera de una artista como es cíclica y gradual, pues uno se va enamorando dependiendo de la edad y del momento. Hoy en día te diría Rigoletto, tal vez, aunque hay dos papeles más que cuando los he debutado , me he enamorado de ellos abrumadoramente. Uno es Macbeth y el otro es Simon Boccanegra. Sin olvidarme de Iago o de Scarpia. Papeles, todos ellos, de una riqueza psicológica brutal y que te permiten un recorrido creativo muy grande e intenso. No es solo vocal, sino interpretativo y psicológico, un lugar en el que debes desnudar tu alma y la del personaje. Y ya, como cariño, no quiero olvidarme ni de Falstaff ni de Dulcamara, ni por supuesto de Nabucco.

D.P.-¿Cómo crees que se podría paliar la crisis por la que está pasando la zarzuela?
L.C.- Es triste cuando uno está pensando que en España, quitando el Teatro de la Zarzuela, y el Festival de Zarzuela de Oviedo, que se mantiene a duras penas y muy recortado, no existen prácticamente temporadas estables de Zarzuela. Otras temporadas que existían, aún intentan subsistir prácticamente sin ayudas ni subvenciones, como los festivales de Canarias, o funciones puntuales en otras ciudades. Si a esto añadimos que los recortes han llevado a la desaparición de las compañías de repertorio que teníamos, donde durante todo un año uno tenía trabajo continuado, como comprenderás, la situación es lamentable, cuasi desoladora…
Para arreglar la situación de nuestro género lírico, hay que hacer muchas cosas, primero, necesariamente buscar nuevos públicos, para hacer esto hay que abrir el género, ya no nos podemos ceñir al "sota, caballo, y rey" de toda la vida, por mucho que haya un público al que le guste, y que a mí me parece perfecto, y respetabilísimo, pero es necesario renovar el género para hacer ver, a los espectadores más jóvenes, que están disfrutando de un teatro moderno, de hoy en día y sobre todo vivo. También es necesario que los papeles se representen por cantantes que estén acorde con la edad del personaje, es decir, añadir credibilidad a los roles de nuestra zarzuela. Y hay otro asunto de vital importancia ; si la zarzuela se pudiera estudiar como parte de la cultura española en los colegios, como debería hacerse con el cine y el teatro, tal y como se hace con la pintura y otras expresiones artísticas, conseguiríamos, de esta manera, acercar nuestra música a los más jóvenes desde la infancia. Tampoco puede ser que nuestras autoridades, me es igual el color político, no den ningún tipo de importancia a la zarzuela. Leía hace poco que el nuevo responsable del Teatro Principal de Castellón, ha dicho que no apuesta por seguir programando zarzuela ni lírica en la ciudad. Mientras tengamos políticos que sigan haciendo estas cosas, que sigan programando a su gusto y no al de todos, y que piensen que la zarzuela es un espectáculo casposo y trasnochado... apaga y vámonos. El desconocimiento de estos políticos es tan grande, que posiblemente, el hecho de que la zarzuela era un elemento de protesta social, como decía antes, les sea completamente ajeno… Llevamos dos años prácticamente sin zarzuela en los Veranos de la Villa de Madrid; Madrid, que posiblemente la región de España con mayor cantidad de títulos ambientados en ella, obras protagonizadas por gente humilde, gente de la calle, obreros, modistillas, etc., es el género popular por antonomasia, y cuando uno se da cuenta de la forma en que se está actuando, a mí me entra una tristeza tan grande...



D.P.-¿Piensas que este prejuicio hacia la lírica como género elitista es lo que más daño le ha hecho al propio género?
L.C.- Claro que si. Te voy a poner un ejemplo, la temporada lírica de La Coruña ha tenido, como todos sabemos, un revés muy importante desde el punto de vista de las ayudas y de las subvenciones, después del lugar adonde había llegado, pues ha habido algún iluminado político de determinada administración, que piensa que la ópera es un género elitista, y llegó a insinuar que el que quisiera ver ópera que pagase los más de doscientos euros que cuesta ir a la ópera en Madrid (palabras textuales). Si todos hubiesen pensado como esa persona tan cretina, desde luego no seguiría habiendo ópera en La Coruña. Eso es lo que ha pasado con muchas de las temporadas que había en España. En Vigo, mi ciudad, los Amigos de la Ópera hacen auténticos encajes de bolillos para mantener una temporada que este año cumple su 59ª edición, y que sufre una discriminación enorme a la hora de las ayudas, siendo la ciudad más grande de Galicia. Recortes en Oviedo, en Bilbao, en Pamplona, en Málaga, en Canarias; los problemas tan tremendos padecidos por el querido Villamarta de Jerez. Temporadas que han dejado de existir como Murcia o Santander, … Ciudades como Zaragoza, cuya Asociación Miguel Fleta no puede poner en pie una temporada por falta de ayudas… ¿Tan difícil es entender que el arte no se puede medir en euros? ¿Tan difícil es entender que una producción de ópera, no puede pretender recuperar la inversión? El valor de la Lírica va más allá; el arte, la cultura y, por ende, la música es un bien inmaterial; invertir y fomentar todo ello contribuye a una sociedad más preparada, más justa, más civilizada y más humana por cuanto es más sensible. Quien no quiera entender esto, realmente es un pobre de espíritu. Pero claro, es mejor recalcar ese lado elitista que ha acompañado a la lírica toda la vida, y olvidarnos de los aficionados del gallinero, del gran público que llenan los teatros, auténticos aficionados, que con mucho sacrificio se gastan sus ahorrillos en un abono o una entrada en el último piso y disfrutan de una función de ópera o zarzuela o de un concierto. Esos son, para mí, los auténticos aficionados y nos demuestra que hablamos de un género de gran amplitud social. No hay más que ver que ahora en el Real, más de un millón de personas han visto “Madama Butterfly” en escenarios abiertos al público. Hay ganas de ópera, el público quiere verlo, lo que hay que hacer es generar los medios para que la gente tenga acceso a la ópera, desde el punto de vista político, y creando una ley de mecenazgo, para que los teatros no tengan que depender solo de las subvenciones, y que de esta manera aumentando la liquidez, se puedan bajar los precios de las entradas y sean más asequibles al público en general. También se debe llevar la música a las pequeñas poblaciones, para que todo el mundo pueda disfrutar de la música. Los cantantes también tenemos la obligación y la responsabilidad de cantar en plazas más modestas, y no solo para las "élites" que pueden pagar por vernos. 

D.P- Hace unas semanas celebraste tus treinta años de carrera. Háblame de cómo fue aquella noche.
LC.- Bueno, fue un momento inolvidable. El destino quiso que el mismo día 27 de agosto en el que se cumplían esos 30 años, yo tuviese que cantar en Lima, dentro de la temporada de la Ópera de Lima que organiza la Asociación Romanza. Creo que los hados se conjugaron para que, además, esa función fuera en Latinoamérica donde he desarrollado y sigo haciendo una parte importante de mi carrera. Al terminar la función y tras los saludos finales, el Presidente de Romanza, el Dr. Enrique Bernales, salió a dar unas palabras de agradecimiento a modo de clausura de la temporada y, cuál fue mi sorpresa cuando empezó a decir que esa noche especial coincidía con los 30 años de mi debut. Me quedé de piedra. Fue un momento muy emocionante en el que estuve a punto de echarme a llorar por las palabras tan emotivas que tuvo para mí y por la reacción tan cariñosa del público peruano. No pude dar las gracias a tantas y tantas personas a las que debo tanto a lo largo de estos 30 años, pero pude acordarme de mi madre, fallecida hace unos meses y que tanto luchó para que yo viese cumplido mi sueño y que seguro esa noche brincó desde el cielo de felicidad junto a mi padre. Y, si me lo permites, muy hermoso y significativo que el reconocimiento te lo hagan fuera de tus fronteras. A veces pasan estas cosas, que se acuerdan de ti más fuera que en casa…

D.P.-¿Que le recomendarías a un cantante que está empezando?

L.C.- Lo mismo que me recomendó a mi Pedro Lavirgen... humildad y paciencia. Esta profesión es maravillosa, pero a veces está envuelta en un boato que te hace perder el norte, hay que tener los pies en el suelo, nunca hay que perder la sencillez, la capacidad de trabajo, aprender de tus compañeros. Cuando uno lee que la profesora de canto de Montserrat Caballé la tuvo una año entero, aprendiendo a respirar y sin dar una sola nota, uno piensa que por algo esa señora llegó a donde llegó, más allá de sus indudables condiciones, no queda otra, hay que tener paciencia. Las carreras de hoy en día son meteóricas, hay prisa por debutar papeles y cantar en más sitios cuanto antes, y hay que pensar que esto es una carrera de fondo, sino queremos llegar a los cuarenta años y comprobar que ya no podemos seguir... Hay que saber dosificarse para poder tener una carrera longeva, para llegar precisamente a tu madurez vocal en tu madurez personal, y saber el papel que te corresponde en cada momento, y sobre todo, saber decir en un momento determinado “No”; No a un rol o a un teatro, y sí, sé que es muy difícil y que la tentación de aceptar puede ser muy poderosa, pero mejor un “No” a tiempo que estrellarse y arrepentirse el resto de tu Vida.



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