sábado, 7 de octubre de 2017

El Cantor De México, Oda Al Kitsch

Por fin se inauguró la temporada 2017-2018 de el  Teatro de La Zarzuela, temporada ambiciosa y de variado repertorio, que en líneas generales encuentro mas que interesante. Para abrir este ciclo se ha apostado por un título muy especial para mi, y por el que siento auténtica devoción. El Cantor de México. Mi alegría fue mayúscula cuando empezaron los rumores en los mentideros de La Villa sobre que El Cantor venía a Madrid, algo que finalmente se confirmó en la presentación de la temporada para regocijo mío y de muchos aficionados. Es imposible ver este repertorio en nuestro país (al menos hasta ahora) así que esta ocasión me pareció única, y sin ninguna duda de gran interés musical, ya que si bien El Cantor es una obra ligera, musicalmente es una joyita que no se puede dejar pasar de largo. Primeramente me gustaría romper una lanza por la incursión de obras como esta en nuestro Teatro Lírico Nacional, tiene interés, y es practicamente imposible abarcar este repertorio desde el ámbito privado en nuestro país, dados los costes de producción, y las complicaciones de toda índole que acarrea la opereta de gran espectáculo, y que dificilmente se puede llevar a cabo sin los medios que los teatros públicos ofrecen. Si a esto añadimos que desgraciadamente el espectador actual no conoce mucho el género en el que está incluido El Cantor, pues apaga y vámonos, ya que como proyecto teatral privado se puede considerar un suicido económico de enormes consecuencias.
Como este no es el caso, felicitémonos pues, por la iniciativa del Teatro de La Zarzuela y sobre todo disfrutémosla, que en este caso se puede y se debe hacer, con sus mas y sus menos, como iré desgranando, pero disfrutable sin ninguna duda. Hay que acercar géneros parejos, hay que enriquecer al espectador patrio, y hay que desempolvar conciencias en un mundo en el que un sector de la audiencia es tan purista como lo es en la zarzuela. El género lo necesita, por tanto la amplitud de repertorio y el conocimiento del mismo es necesario e imprescindible.
Ayer fue el solemne inicio de temporada, en el que el  "todo Madrid", que diría un antiguo, se encontró en el coliseo de la Calle Jovellanos con ánimo disfrutón y muy entregado a un espectáculo que me pareció que agradó mucho al respetable, y en el que se bisó el final dos veces, para entusiasmo de los presentes. En mi corrillo hubo diversidad de opiniones y alguna acalorada discusión sobre lo que estábamos viendo, algo que siempre tiene interés y sobre todo de lo que siempre se aprende, a no ser que como en los tiempos Callas-Tebaldi las palabras se dejasen de lado para que las bofetadas campasen a sus anchas entre los aficionados.
Me acerqué emocionadisimo a la Zarzuela, lo reconozco, y dispuesto sobre todo a pasármelo bien, ya que El Cantor, como obra  solo se escribió para un motivo muy claro, alegrarnos la vida. Nada mas y nada menos.



El Cantor de México, denominada como "opereta de gran espectáculo en 2 Actos y 20 Cuadros" fue estrenada cono abrumador éxito en el Châtelet de París el 15 de diciembre de 1951. Se trata de la opereta mas famosa de todas las que el compositor francés, de ascendencia vasca y latinoamericana, Francis Lopez escribió para Luis Mariano. La obra de Lopez se escribió a la medida del divo irundarra que causaba furor en Francia, y que allí era conocido como el "Príncipe de La Opereta". Mariano poseía un bellísimo timbre y una peculiar técnica, en la que los recursos estilísticos eran su gran baza, realmente inimitables, y de una singularidad excepcional. De agudo esplendoroso y mítico falsete, cuya forma de cantar marcó un estilo muy personal en la forma de abordar la opereta. El Cantor no es una opereta de estilo vienés, netamente lírica, sino que se encuentra mas cercana a la comedia musical, en su concepción escénica y melódica, donde lo ideal para ser llevada a cabo es la técnica mixta, aunque también es correcta su  ejecución por voces líricas especialmente en su rol principal.
Lopez compuso una obra de una elegancia apabullante, brillantísima orquestación, y ecléctico acabado formal, donde todos los números de solista principal, son un "hit" por si solo, Ruiseñor, Acapulco, Maitetxu, y como no podía ser de menos el tema central de la obra, famosísimo en nuestro país y que se repite varias veces durante la partitura. La música de Lopez arrastra desde los primeros acordes de orquesta con su inigualable sentido de la espectacularidad, energía y alegría. La música de El Cantor de México es puro espectáculo, deliciosa evasión y con indudable donaire.



Este Cantor se representa en versión libre de Emilio Sagi, y traducción al español de Enrique Viana. La versión de Sagi parece mas bien una excusa ligera para que los cantables se lleven a escena, en la que no queda practicamente nada del libreto original. El primer acto tiene un poco mas de chicha en cuanto a texto, pero una vez pasado el intermedio, una sucesión de números acontecen en escena con la única excusas del rodaje de una película. Encontré ciertamente endeble el argumento, entendiendo que el original no es precisamente el Rey Lear, pero si cambiamos o adaptamos debe ser para mejorar, no para simplemente cercenar el texto. Afortunadamente, hay coherencia y se entiende el espectáculo, pero eso si, la historia se puede resumir en 10 palabras, y que no diré por aquello de los "spoilers". La traducción de Viana, de los cantables,en líneas generales funciona, con excepción de los números netamente cómicos, en los que nuestro traductor se pone excesivamente creativo, y los lleva demasiado a su terreno. No nos debemos olvidar que hay que traducir, no otra versión libre que no tenga nada que ver con los temas originales.




Vayamos con el elenco.
La obra tiene un amplísimo cuadro de actores, y figurantes. Dentro del plantel actoral destaca mucho Ana Goya como ayudante de dirección, que lleva a cabo una composición magnífica y realmente divertida. Tambien destaca la pareja formada por Nagore Navarro y Maribel Salas como impagables limpiadoras mexicanas con unos cuantos momentos lapidarios que fueron muy celebrados.

Manel Esteve, barítono, como Bilou.
De lo mejorcito de la noche, intuitivo y muy timbrado, sirvió una función de altura en lo musical, dentro de un papel de no pocas dificultades canoras, especialmente en su último tema, y que Esteve solventa a la perfección. De hermoso fraseo y bonita voz que brilla mucho en la zona media y aguda. Actoralmente está magnífico, de gran naturalidad, y delicioso en todas sus intervenciones, dotando a Bilou de cierta inocencia muy conseguida y en total consonancia con el personaje.

Sonia de Munck, soprano, como Cricri.
Cricri, que no de Munck, tiene un problema. El papel tiene una tesitura bastante puñeterita, y no está muy definida dentro del espectro lírico, y a nuestra soprano no le va en absoluto vocalmente. Hay problemas con el volumen en algunos pasajes, en los que debido a la enorme orquestación que tiene la obra, y a que Cricri se mueve en una tesitura central durante casi toda la función que no es la de Sonia, pues la voz se pierde en varios momentos. La cosa cambia en el momento de entonar su vals, en donde si la vi plena, y dando el canto de calidad al que nos tiene acostumbrados. Luce bella y muy delicada en escena, y si bien su personaje es bastante desagradecido, cumple y logra imprimarle cierto carisma al pobretón material literario que le ha tocado en suerte.

Luis Álvarez, barítono, como Riccardo Cartoni.
Álvarez en su tono habitual, resulta acertado como casi siempre. Seguro y templado en sus partes habladas, y cargado de oficio en lo musical, demuestra que sigue siendo un activo para nuestra zarzuela, y al que los papeles de carácter suavemente cómicos le van como anillo al dedo.

Rossy de Palma, actriz, como Eva Marshall.
Muy descontrolada desde la dirección del espectáculo, no se la ha encauzado lo suficiente en un trabajo de limpiado y pulido que hubiese sido ideal. Se la ve en un código completamente diferente al resto de los actores, y chirría dentro de la visión en conjunto del espectáculo pareciéndo que Rossy de Palma es ella misma llevando a cabo la imagen que tenemos de su persona en la vida pública, dando la sensación de que Emilio Sagi no se atrevió a hincarle el diente al mejor personaje de la obra, y que resulta muy desaprovechado en un trabajo cargado de tics y que solo funciona a ratos. He de decir que como Tornada, el rol que interpreta en la película que se está filmando, me gustó infinitamente mas que como Eva Marshall y cuyos recursos cómicos tienen mas efecto. Vocalmente estuvo muy insuficiente en su primer número, no así en el segundo, partiendo de la base que es necesaria una artista con unas mínimas condiciones canoras para abordar el papel, algo de lo que ella tampoco tiene culpa, sino de quien realizó la elección de la actriz. Rossy da todo lo que tiene cantando, y se le debe agradecer, pero en este género hay que ser conscientes de que también se debe cantar, no queda otra. 

José Luis Sola, tenor, como Vicente Etxebar.
Lo primero que voy a decir es que nuestro tenor hace su Vicente, no imita a Luis Mariano, ni se pretende, algo desde mi punto de vista acertado, y que se debe juzgar desde sus características vocales. Comparaciones son odiosas, se me antoja una máxima imprescindible en este caso. Sola sirvió lo mejor a nivel musical de la función, y sin ninguna duda sale triunfante del complicado papel que le ha tocado en suerte, cuya exigencia es realmente grande y cuya dificultad mas notoria se encuentra en el estilo, de extremada complejidad, y que Sola borda en sus intervenciones. El falsete en el tema central de la opereta es magnífico, espectacularmente largo y brillantemente resuelto . La voz suena hermosa, y si bien es cierto que no es muy grande, si que corre sin problemas y pasa la orquesta. El mejor momento de la noche fue un Acapulco literalmente de infarto que me pareció sublime, dado el gusto y la sensibilidad con la que fue cantado.
Actoralmente se encuentra envarado, y en un código excesivamente de tenor, pero la verdad es que no me importó en absoluto, la parte vocal suple con creces cualquier expectativa y disfruté muchísimo de todas sus intervenciones. Sola triunfó anoche en la Zarzuela de forma rotunda, y fue ovacionadísimo por un público realmente entusiasmado.




Coro Titular del Teatro de La Zarzuela, dirigido por Antonio Fauró, mas tímido de lo habitual en lo musical, con algunos problemas en las entradas, y pequeños descuadres, que si bien es cierto siendo un estreno son perdonables y solventables. En las grandes apoteosis de la función resultan atronadores, dotando de mucha espectacularidad a la producción, tal y como mandan los cánones del género.

Oliver Díaz, dirige la OCM de forma absolutamente increíble. El Cantor no se puede llevar de otra forma que como la lleva Díaz. Dominando a la orquesta de forma admirable sin que se le vaya de las manos en ningún momento, en una partitura complicada y alejada del repertorio habitual del Teatro de La Zarzuela. Díaz dota a la función de un sonido muy espectacular, grandioso por momentos y de tiempos admirablemente medidos. Sin duda la OCM con Oliver Díaz es uno de los activos de esta producción, y uno de los elementos que mas lustre le da al espectáculo, donde el espléndido material escrito por Lopez sale a relucir en toda su grandeza.






Emilio Sagi firma la producción además de la versión. El Cantor de Sagi, me deslumbró como montaje, disfruté muchísimo, y a la vez me pareció con carencias en cuanto a la dirección actoral, que le confieren al espectáculo cierta falta de entidad en cuanto a la visión de los personajes, la relación entre ellos mismos y la verdad de lo que les pasa a cada uno. Entiendo que  estamos ante una obra muy ligera, y de asunto casi anecdótico, pero no podemos pasar por alto las partes de texto, que no acaban de resultar satisfactorias, y cuyos actores en algunos casos parecen estar un poco vendidos (De Munck y Sola) y que en otros no han sido metidos en cintura de forma adecuada (De Palma). Por tanto a este nivel se le escapa la función a Sagi, siendo el resultado un tanto bajo de tono en las partes habladas, poco homogéneo y menos gracioso de lo que era deseable. Lo que ocurre es que la obra es tan arrebatadoramente bella que nos da igual que los textos y su lectura no estén a la altura, y cuando la música, abundantísima por cierto, hace aparición, la magia surge de manera arrolladora y se lo perdonamos todo rendidos a los pies de Francis Lopez y su genio. Por otro lado encontré la producción de una belleza exquisita y de impactante resolución escénica, especialmente en el cuadro con el que finaliza el primer acto (muy aplaudido tras la mutación) que resulta francamente espectacular como la monumental oda al kitsch que es, y que yo entendí como una desprejuicida y festiva concesión a lo excesivo que a mi personalmente me dejó boquiabierto. Otro cuadro bellamente resuelto y que debe ser mencionado es el de Acapulco, atmosférico y preciosista en grado sumo. En todo esto que planteo la escenografía de Daniel Bianco, se adapta a la perfección al tono visual que pretendidamente se le da a la función, extremado pero sin sacrificar valores estéticos, y con momentos de relumbrón en lo visual. Quizás la única forma de afrontar esta versión de El Cantor sea así, para que entre por los ojos, nos apabulle por momentos y nos deleite con su música. Yo eché de menos una lectura menos plana a nivel actoral, y mas enjundia teatral en las interpretaciones.
La función es disfrutable en grado sumo (pienso volver) y nos encontramos con un espectáculo cuya factura final resulta epatante por los medios empleados y los resultados visuales y musicales, que si fuese mas profunda en su tratamiento, algo que no está reñido en la ligereza del argumento, sería realmente memorable. Tal y como Emilio Sagi plantea la producción, todo se queda un poco en el envoltorio, bellísimo y suntuoso, pero con poca sustancia dramática en el fondo.




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jueves, 5 de octubre de 2017

Billy Elliot, Un Gran Paso Adelante En La Historia Del Musical Patrio

Hace casi dos años que se empezó a escuchar en los corrillos teatrales de Madrid, que la producción de Billy Elliot en España era un hecho, algo que me sorprendió y alegró muchísimo, pero que también me dio un poco de miedo. Me explico, Billy es un título muy grande, de gran riesgo económico, de enormes dificultades de diversa índole, y con un problema añadido que no es ninguna tontería, el peso de la función recae sobre un niño que necesita unas mas que notables condiciones para las diferentes disciplinas que el género musical requiere. 
Que Billy llegase a buen puerto dependía de muchos factores que tienen que ver con la forma de entender los musicales en nuestro país, la formación de las nuevas generaciones, y sobre todo el tomarse en serio un género, que aquí se sigue considerando menor, y cuyo tratamiento actoral, cuando de grandes producciones se trata, suele quedar eclipsado por el envoltorio, siendo difícil quitarle el sambenito de superficialidad y poco interés teatral del género musical.
A medida que se iban contando cosas de la producción de Billy, se iba vislumbrando que el empeño iba en serio, y que se había apostado fuerte por la calidad. La elección de un elenco adulto de campanillas, y el hecho de la enorme preparación a la que se sometió  a los intérpretes para llevar a cabo el complicado papel principal de la función, consiguieron que mis expectativas hacia la función se fueran disparando a velocidad de vértigo.
Otra cosa que me llamó mucho la atención es la ausencia de franquicia, se han mantenido las coreografías originales, y toda la propuesta escénica ha sido creada en nuestro país, acierto total, y señal de fortaleza del género, que demuestra que tenemos grandes creativos capaces de afrontar proyectos de esta envergadura. No soy muy amigo de franquicias, me parece que tienen poca vida y les falta frescura, ya que el corsé impuesto por la producción original resta espontaneidad al resultado final. Algo que en este Billy Elliot es una realidad palpable y disfrutable a partes iguales.
Ayer asistí en el Nuevo Alcalá al pase de prensa del que parece ser el estreno de la temporada, y la verdad es que todavía estoy saboreando la soberbia función que disfruté, y que estoy convencido de que va a ser un bombazo.


Billy Elliot, se estrenó en versión musical en Londres en Mayo de 2005 con partitura de Elton John y libreto a cargo de Lee Hall, estando basado en la celebrada película homónima del año 2000 dirigida por Stephen Daldry. Se mantuvo en cartel durante once años, se ha representado en gran cantidad de países, y es ya un clásico moderno de los musicales, plagado de premios y éxitos allá donde se ha representado.
Billy Elliot es un musical soberbio a todos los niveles, y todo funciona a la perfección en música y texto. Con el trasfondo de la durísimas huelga de mineros acontecida en la Inglaterra de 1984 donde Margareth Thatcher impartía estopa ultraliberal a diestro siniestro, con poco corazón y escasa sensibilidad social. En la función se nos cuenta una fábula sobre la superación personal, la grandeza de la diversidad del ser humano, y el respeto hacia los demás, todo ello desde el prisma de una sensibilidad abrumadora, y grandes dosis de humanidad que conmueven al mas pintado. El texto contiene la suficiente enjundia como para considerarlo por si mismo un puntal en la función, ya que la profundidad de los personajes tal y como se describe en la obra,  no es habitual en el género musical. A esto hay que añadir la magnífica partitura de John, que suma muchísimo, y que refleja a la perfección lo que ocurre en escena. Elton John se apoya en unos soberbios coros, de gran fuerza, una orquestación presente durante practicamente toda la función, y lo que es mas importante, consigue una descripción impresionante de cada personaje principal dándonos una lección de lo que significa la música escénica.
El resultado de Billy Elliot es una obra profundamente emotiva, donde los pequeños detalles son igual de importantes que los grandes, y donde prima un sensible intimismo en la mayoría de sus escenas, de brutal cotidianidad, denuncia social, delicadeza abrumadora, y desgarrado dramatismo en algunos momentos.
Billy Elliot es TEATRO, mas allá del género en el que se encuentra, de rotundo mensaje y gran calado, donde lo que prima es la perfecta conjunción de todas las disciplinas escénicas, de una forma brillante y acertadísima.


Vayamos con elenco.
Mayúsculo de principio a fin, sólido como una roca, y sin fisuras. Algo que es todo un logro dada la enorme dificultad de la pieza a todos los niveles.

Juan Carlos Martín, como George.
Martín, figura indiscutible de nuestro teatro lleva a cabo uno de esos papeles que tan bien se le dan, de hombre tierno y simple, y cargado de bonhomía . Martín consigue que nos creamos a su George sin el mas mínimo problema, siendo una pinceladita tierna y suavemente humorística que enriquece muchísimo el resultado de la función. Por cierto... como se parece a Margareth Thatcher este chico!

Mamen García, como Abuela.
Me cautivó desde que la vi en escena dadas las dosis de verdad que su personaje rezuma, en el que el retrato de esta anciana deslenguada y senil (cuando le interesa) queda perfectamente dibujado por nuestra actriz tanto en las partes habladas como las cantadas. Su número musical, perfectamente medido en las dosis de emotividad y cercanía, resulta uno de los mejores momentos de la función. García, actriz de peculiar forma de hacer me resulta entrañable siempre que la veo, siendo en esta producción indispensable para que su creación llegue a buen puerto con la contundencia que lo hace. 

Adrián Lastra, como Tony.
Gran acierto de elenco, ya que las características físicas y vocales de Lastra son perfectas para su rudo personaje. De rotundísima presencia escénica y gran intensidad en sus momentos mas importantes, Lastra sirvió una función de altura, especialmente en un tremendo dúo con Carlos Hipólito que impresiona por la carga emocional que deja entrever y que llega de forma muy directa al espectador. Tony parece una mala bestia, pero Lastra consigue que entendamos su forma de actuar y las motivaciones que le hacen ser así. Nuestro actor ofrece un trabajo de poderoso acabado y brillantísima resolución.

Beltrán Remiro, como Michael.
Michael es uno de los bombones de la producción, y también uno de los personajes mas difíciles, partiendo de la base que debe ser interpretado por un niño. El peculiar amigo de Billy es ejecutado por nuestro pequeño actor a la perfección, todo un talento que se lleva al público de calle de forma arrolladora, haciendo con el lo que le da la real gana. Desinhibidísimo y cargado de unas dotes naturales para la comedia realmente muy notables. Nos encontramos con un artista que se encuentra en escena como pez en el agua. A esto hay que añadir el elevado nivel tanto de canto como de claqué que resultan imprescindibles para dar vida a Michael. Remiro es carne de musicales, y carne de teatro, disfrutar como el disfruta en la función es un signo inequívoco de ello. Recibió una de las mayores ovaciones de la noche, y con gran justicia por cierto.

Carlos Hipólito, como Padre.
Creo que muchos tenían ciertas reservas con la elección de Hipólito como padre, dadas las características del personaje, un tanto alejado de Hipólito en la imagen que se tiene en la cabeza del rudo minero con un corazón de oro. A mi precisamente esto es lo que me parecía mas interesante, ya que el desafío era grande, pero Hipólito, actor de soberbia técnica, tal y como esperaba ha llevado a buen puerto de forma impecable. Nuestro actor dota a su personaje de una tremebunda humanidad que a partir del segundo acto de la función va saliendo a relucir cada vez de forma mas notoria y por ende dibujándose el personaje en su enormidad. El recorrido emocional es asombroso, y el arco del personaje está perfectamente definido, quedando demostrada una vez mas la solvencia de Hipólito, que dota a su rol de muchas aristas y fabulosa credibilidad.

Natalia Millán, como Señorita Wilkinson.
Perfecta a todos los niveles. No me imaginaba a otra artista en este papel que no fuera Natalia Millán, y como era de esperar triunfa de largo. Insuperable en tono físico y actoral, Millán dota de gran entidad a su personaje, donde las diferentes características de la Srta. Wilkinson son plasmadas de forma impecable por nuestra actriz que le tiene muy pillado el punto al rol. Millán sabe lo que nos quiere contar, con gran inteligencia, y con aires de gran diva como mandan los cánones, en sus números musicales, que resultan de una robustez a prueba de bombas, y de elevadísimo nivel. Millán atrapa al espectador, y demuestra una vez mas que es una estrella del musical.

Pau Gimeno, como Billy.
Gimeno me impresionó profundamente, y me dejó tocado por momentos. Templadísimo y de una madurez escénica increíble, Gimeno nos llega por varios motivos, quizás el mas directo sea su increíble expresividad cuando baila, que el final del primer acto llega al paroxismo, donde Gimeno literalmente nos pone los pelos de punta por la tremebunda implicación emocional, y la entrega de su trabajo. Resulta enternecedor verlo actuar, y transmite a la perfección todos los estados de ánimo por los que Billy pasa ya que se encuentra dotado de grandes recursos a todos los niveles. Billy debe cantar, bailar clásico y claqué, y encima ser actor y todo ello sin tener mas de catorce años, casi nada... Gimeno sale airoso del papel, y encima nos pone el corazón a mil por hora en sus intervenciones dada su capacidad de emocionarse y de emocionarnos. Gimeno puso el teatro patas arriba al menos en tres ocasiones durante la función, eso lo he visto pocas veces, en un artista de su edad, jamás. Habrá que volver a ver a alguno de los otros seis artistas que dan vida a Billy, dado el nivel de Gimeno 

No quisiera cerrar el elenco principal sin cuatro menciones especiales. La primera a la sensible creación de Noemí Gallego como madre de Billy, de exquisita musicalidad. La segunda el estupendo bailarín Axel Amores como Billy adulto que se complementa a la perfección con Pau Gimeno en una de las escenas mas líricas del musical. La tercera el impagable pianista de Alberto Velasco deliciosamente queer. Y por último a Bruno España, el pequeñín robaescenas mas divertido y enternecedor que he visto nunca sobre un escenario.


La función se sostiene en un conjunto de altísimo nivel, que cumple con todas las disciplinas de forma mas que solvente, y que resulta especialmente atinado en las intervenciones corales, realmente impactantes y de un valor musical elevadísimo. La mayoría de los componentes del conjunto son sobradamente conocidos por parte de los aficionados al musical, ya que en mayor o menor medida son profesionales curtidos en el género, y que saben muy bien lo que hacen, como se demuestra en la prestancia que sus intervenciones aportan al espectáculo.

Gaby Goldman lleva la batuta de una orquesta compuesta por 9 músicos de mas que estimables resultados. Goldman sirve una dramática lectura de la partitura de gran efecto teatral, y muy matizada en los momentos mas sensibles. Estuvo muy pendiente de los interpretes sobre las tablas durante toda la representación, poniendo mucho énfasis en las entradas y los volúmenes. Billy no es una obra fácil de dirigir, y Goldman sin duda conoce el material que tiene entre manos, redondeando el espectáculo de forma brillante.



Vayamos con la producción en si:
David Serrano dirige y firma la adaptación. Encontré muy acertada la traducción nada chirriante, y en la que cada sílaba cae perfectamente en cada nota, sin resultar forzado el texto, ni excesivamente rebuscado o ripioso, algo que en las adaptaciones a nuestro idioma es habitual, por tanto por ese lado magnífico trabajo.
Serrano se ha propuesto llevar a cabo un gran trabajo a nivel interpretativo, al tenor de lo que se vislumbra en el escenario, y lo consigue. La impostación actoral de la que se acusa al musical, aquí se encuentra brillantemente eliminada, y cada personaje parte de un profundo análisis de su carácter, de lo que dice, y de como se dice. Aquí se va mas allá de decir los parlamentos, se está haciendo Teatro, y eso está muy patente en la producción. Nuestro director imprime grandes dosis de verdad en cada personaje, y consigue que todos sean carismáticos e interesantes, y sobre todo muy ricos. Los tiempos de lavar los textos y que el actor espere su gran número musical para recibir la ovación, se han acabado después de este Billy Elliot. Cada número musical está perfectamente justificado y el personaje reconducido al mismo, y cada acción escénica argumentada y explicada, con solo aparente sencillez. Es decir David Serrano en un alarde de honestidad encomiable, limpia de vicios al género, y hace de carne y hueso unos personajes tremendamente humanos y reconocibles. 
A nivel producción SOM Produce, ha tirado literalmente la casa por la ventana, sirviéndonos uno de los musicales con mas medios de los últimos años. Esto no resta a la producción, y no la oculta tras un vacío y acartonado sentido de la espectacularidad, no señores. La apabullante escenografía de Ricardo Sánchez, nos está contando y envolviendo la historia a la perfección. Los hallazgos escenográficos son continuos y a cada cual mas interesante, desde la casa de Billy de una precisión viscontiniana, hasta la sorpresiva vuelta con respecto al original que se da a "Merry Christmas Maggie Thatcher" todo funciona a nivel estético con gran magia teatral, perfectas transiciones, y un sentido de la espectacularidad medidísimo y muy impactante. Las soberbias luces, literalmente de premio, de Juan Gómez-Cornejo y Carlos Torrijos tienen muchísimo que ver en esto que planteo, que sin duda dotan de sorprendente entidad atmosférica, a una producción notabilísima desde todo punto de vista.
Hay que abstraerse completamente de la producción original, y dejarse llevar por este Billy Elliot completamente español, que subyuga, maravilla y emociona como solo los buenos espectáculos saben hacer, algo que sin duda Billy Elliot lo es. 
En resumen. Por fin vamos entendiendo en este país que se pueden contar historias en los musicales, que el texto tiene importancia, que el envoltorio cuenta, pero para sumar, no para que sea lo único, y que gran producción no está reñido con enjundia teatral. En los musicales TODAS las disciplinas se deben mimar de igual manera, y sobre todo los fuegos de artificio no pueden eclipsar lo realmente importante, es decir aquello que hace que el teatro esté vivo, EL CORAZÓN. Hoy Madrid está un paso mas cerca de Broadway que ayer, Billy Elliot es el culpable, que tome nota quien corresponda, ya que sin duda esta producción supone un gran paso adelante en la lectura de musicales de gran formato en nuestro país.



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lunes, 2 de octubre de 2017

Gross Indecency, No Juzgues y No Serás Juzgado.

Hoy voy a hablar de una de las mentes mas lúcidas que ha habido nunca, Oscar Fingal 
O´Flahertie Wills Wilde, es decir Oscar Wilde. Wilde es uno de los escritores mas importantes de todos los tiempos y posiblemente el mejor de la Inglaterrra Victoriana, dotado de una ironía finísima y un control absoluto del lenguaje, resultaba delicioso en sus comedias, y atinadísimo en sus comentarios, irreverentes y agudos en igual medida. Wilde hacía honor a su apellido, "salvaje" en inglés, ya que fue una personalidad única, que iba por libre y sin duda se abría paso entre las rígidas normas morales de su época con dentelladas de genialidad, algo que jamás le perdonaron. Nuestro autor consiguió ser jaleado por aquellos mismos que criticaba en sus divertidas comedias, escritas para la alta burguesía y que servían de cínico reflejo de una sociedad marcada por la hipocresía y las falsas apariencias, siendo ejemplo paradigmático de lo que planteo la celebrada "La importancia de llamarse Ernesto" donde el juego de la doble identidad, de múltiples lecturas, es el tema principal de la obra, eso si envuelto en comedia de costumbres entre grandes salones de sociedad. Wilde esteta y defensor de la supremacía del arte sobre todas las cosas, resultaba una figura incómoda en su tiempo, algo que pagó muy caro como mas adelante veremos, ya que su lucha contra los convencionalismos de la época, fue considerada un ataque muy peligroso hacia las buenas costumbres de las tan cacareadas "personas de bien", vaya usted a saber quienes son esos, porque yo no lo tengo muy claro.
Mucho se ha hablado de la sexualidad de Oscar Wilde, no seré yo quien entre en una sesuda discusión sobre este tema, ya que han corrido ríos de tinta sobre este asunto. La cuestión es que la homosexualidad de Wilde, si consumada o idealizada por nuestro autor es lo de menos, sirvió para arruinarle la vida, encarcelarlo y precipitar su prematura muerte practicamente en la indigencia. Este hecho hoy en día está demostrado y aceptado como tal, aunque en su época, su castigo sirvió de escarnio y resultó ejemplarizante para muchos que seguían sus preceptos, eso si, de forma mas discreta y quizás menos desafiante. 
Tres juicios fueron cruciales para que terminara en la cárcel. Primero aquel en el que Wilde era el demandante, y que como consecuencia del mismo acabo denunciado por sodomía y acusado de grave indecencia, siendo el resultado de esta denuncia dos juicios mas, con una sentencia de dos años de trabajos forzados. Una desgraciada caída en prisión derivó en una dolencia, que finalmente acabó con su vida, tres años después de su salida de la cárcel.
La sentencia de Oscar Wilde trajo consigo una oleada de represión a múltiples artistas y las penas sobre la homosexualidad se vieron endurecidas de forma brutal practicamente en toda Europa.




Los tres juicios a Oscar Wilde es como se subtitula Gross Indecency ( Grave Indecencia) que es la obra que se está llevando a cabo en estos momentos en la Sala Jardiel Poncela del Fernán Gómez. En ella se nos cuenta todo el proceso judicial al dramaturgo, así como se nos hace una disección brutal de la época y la sociedad que le tocó en suerte. El soberbio texto de Moises Kaufman estrenado en 1997, es una monumental obra de aires épicos y de una solidez argumental realmente notable, donde se mezclan transcripciones de los juicios con extractos de memorias de los implicados y textos del propio Wilde, de una forma magistral, y con una fuerza teatral arrolladora. Gross Indecency es "una de juicios" a lo grande, bien estructurada, absorvente, de espectacular prosa, y cuyas (abundantes) concesiones al lirismo resultan mas que justificadas dada la naturaleza del personaje principal, cuya psicología queda perfectamente plasmada en el texto desde todos los ángulos posibles, de forma rica y nada redundante.



Vayamos con elenco, formado por diez entregadísimos actores que literalmente se dejan la piel en el escenario, en un montaje brutal y en el que las condiciones físicas de cada uno de los componentes del reparto es crucial para que pueda llevarse a cabo tal y como Gabriel Olivares plantea la producción.

Resulta difícil decantarse por una interpretación en particular, ya que la obra es netamente coral, y practicamente todos los actores llevan a cabo diferentes papeles. Hay que entender esta producción como un milimétrico trabajo de conjunto en el que todos sus componentes se ajustan a la perfección en todos los papeles, y lo que es mas importante en los difíciles y acertadísimos juegos escénicos que trufan el montaje y que son en definitiva lo que caracterizan esta producción. 

Imponente de tono y templadísimo Javier Martín, como Oscar Wilde, que sabe imprimir las dotes justas de ironía y altanería que caracterizaban al protagonista de nuestro drama, resultando conmovedor y divertido según toque en cada momento, y con un estudio interior del personaje muy notorio.

Encontré  acertadísima la composición de David DeGea como amante de Wilde, llevando a cabo una sensible e inquietante creación de un personaje con un mucho de Dorian Gray y que resulta un acierto de casting brutal. Su andar sibilino, su efébica apariencia y su carismática composición resultan idóneas para hacernos una ídea de como era Lord Alfred Douglas, que acabó su existencia como simpatizante del partido Nazi, algo que añade todavía mas a la dualidad de un personaje que parece estar viviendo al límite continuamente. 

Muy extremado  Eduard Alejandre como Marqués de Queensbery, ya que si bien es cierto el hombre no era precisamente la cordura en persona, Alejandre imprime al personaje cierto tono desquiciado que no acaba de cuajar, quedando un tanto plano y excesivamente gritón, algo que empobrece el resultado final. 

Alex Cueva impoluto como abogado de Wilde que le deja en la estacada, dota de grandes dosis de verdad y autoridad a su composición resultando tremendamente convincente.
Resulta impagable  el dúo formado por Alejandro Pantany y Guillermo SanJuán como dos jovencitos que se dejan querer por Wilde, a cambio de dinero, siendo el trabajo de nuestros actores valiente, cargado de ironía y fuerza. 

David García Palencia pasa mas desapercibido por el papel que le ha tocado en suerte, y cuya escena no acaba de entrar en el texto de forma satisfactoria, y si un tanto forzada. Esto no impide que las dosis de verdad en su trabajo y la entrega en las partes de conjunto resulten muy notorias.

Brillantísimo Andrés Acevedo, de enigmática en imponente presencia, resulta un robaescenas involuntario, donde prima la excelente expresividad corporal, la concentración, y lo carismático que resulta en escena, bien sea en sus momentos mas importantes o cuando está en segundo plano.

En cuanto a Asier Iturriaga decir que su esforzadísima entrega y una tremebunda escena de disociación llevada a cabo de forma ejemplar redondean su trabajo de forma mas que estimable y de espectacular ejecución. 

Para finalizar Carmen Flores Sandoval da la nota femenina de la función, resultando versátil en sus composiciones, mas que notable como Reina Victoria, y la presentadora de televisión que lleva a cabo de forma naturalista, estudiadísima y tremendamente creíble.



Nos encontramos en líneas generales con un elenco en completo estado de gracia, perfectamente elegido, y que suma muchísimo a un espectáculo de dificilísima ejecución, y en la que se vislumbra un trabajo previo abrumador, milimétrico y cuidado hasta la extenuación. Nuestros diez actores salen a matar y llegan al respetable con un trabajo de una energía apabullante, y de resultados impactantes.




Gabriel Olivares firma la producción acertando de plano. Olivares se sirve de un ritmo frenético y una poderosa simbología que entra por los ojos de forma muy directa y sorpresiva, para de esta manera atrapar al espectador desde que comienza el espectáculo hasta que finaliza, siendo el resultado cautivador y fresco en su resolución. Nos encontramos ante teatro del bueno, en el que cada escena propone un juego diferente con coherencia dentro del espectáculo y de grandes aciertos estéticos. Toda la función es un tiovivo emocional y visual que nos va llevando por los vericuetos del proceso y de la psicología de los actores del drama. Olivares no renuncia a un acertado aire operístico que le influye al texto cierta épica muy en consonancia con los grandes textos judiciales, en los que de forma acertada el público ejerce de jurado, en un recurso que aunque ya haya sido utilizado con anterioridad en otras producciones en Gross Indecency queda perfectamente justificado en integrado en la propuesta, saliendo el espectador con la sensación de que esa es la única forma en la que se debe representar el texto. Varios momentos son a destacar especialmente la epatante escena en la que toda la compañía interpreta un espeluznante  "Somewhere Over The Rainbow" con aires marciales y de clara intención de himno, que literalmente corta la respiración. Al finalizar dicha escena en mi representación, el público arrancó a aplaudir  entre aliviado por el esfuerzo físico de los actores, y apabullado ante  la fuerza del momento en si, de poderosa energía poética y directo mensaje.
Felype de Lima acierta una vez mas en su conceptual escenografía en la que varias carras sirven de escenario polivalente de forma inspiradísima que junto con las magníficas luces de Carlos Alzueta y el estupendo espacio sonoro de Ricardo Rey llenan de empaque una producción que merece gran recorrido en incluso el salto a alguno de nuestros Teatros Nacionales. Nos encontramos ante una producción de altura que me dejó eufórico a la salida, y con la sensación de haber vivido un acontecimiento teatral, en el que todo resulta redondo, y en el que los aciertos asoman cada dos por tres de forma rotunda, inteligente y lo que es mas importante con una carga artística y emocional mayúscula.





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