jueves, 5 de octubre de 2017

Billy Elliot, Un Gran Paso Adelante En La Historia Del Musical Patrio

Hace casi dos años que se empezó a escuchar en los corrillos teatrales de Madrid, que la producción de Billy Elliot en España era un hecho, algo que me sorprendió y alegró muchísimo, pero que también me dio un poco de miedo. Me explico, Billy es un título muy grande, de gran riesgo económico, de enormes dificultades de diversa índole, y con un problema añadido que no es ninguna tontería, el peso de la función recae sobre un niño que necesita unas mas que notables condiciones para las diferentes disciplinas que el género musical requiere. 
Que Billy llegase a buen puerto dependía de muchos factores que tienen que ver con la forma de entender los musicales en nuestro país, la formación de las nuevas generaciones, y sobre todo el tomarse en serio un género, que aquí se sigue considerando menor, y cuyo tratamiento actoral, cuando de grandes producciones se trata, suele quedar eclipsado por el envoltorio, siendo difícil quitarle el sambenito de superficialidad y poco interés teatral del género musical.
A medida que se iban contando cosas de la producción de Billy, se iba vislumbrando que el empeño iba en serio, y que se había apostado fuerte por la calidad. La elección de un elenco adulto de campanillas, y el hecho de la enorme preparación a la que se sometió  a los intérpretes para llevar a cabo el complicado papel principal de la función, consiguieron que mis expectativas hacia la función se fueran disparando a velocidad de vértigo.
Otra cosa que me llamó mucho la atención es la ausencia de franquicia, se han mantenido las coreografías originales, y toda la propuesta escénica ha sido creada en nuestro país, acierto total, y señal de fortaleza del género, que demuestra que tenemos grandes creativos capaces de afrontar proyectos de esta envergadura. No soy muy amigo de franquicias, me parece que tienen poca vida y les falta frescura, ya que el corsé impuesto por la producción original resta espontaneidad al resultado final. Algo que en este Billy Elliot es una realidad palpable y disfrutable a partes iguales.
Ayer asistí en el Nuevo Alcalá al pase de prensa del que parece ser el estreno de la temporada, y la verdad es que todavía estoy saboreando la soberbia función que disfruté, y que estoy convencido de que va a ser un bombazo.


Billy Elliot, se estrenó en versión musical en Londres en Mayo de 2005 con partitura de Elton John y libreto a cargo de Lee Hall, estando basado en la celebrada película homónima del año 2000 dirigida por Stephen Daldry. Se mantuvo en cartel durante once años, se ha representado en gran cantidad de países, y es ya un clásico moderno de los musicales, plagado de premios y éxitos allá donde se ha representado.
Billy Elliot es un musical soberbio a todos los niveles, y todo funciona a la perfección en música y texto. Con el trasfondo de la durísimas huelga de mineros acontecida en la Inglaterra de 1984 donde Margareth Thatcher impartía estopa ultraliberal a diestro siniestro, con poco corazón y escasa sensibilidad social. En la función se nos cuenta una fábula sobre la superación personal, la grandeza de la diversidad del ser humano, y el respeto hacia los demás, todo ello desde el prisma de una sensibilidad abrumadora, y grandes dosis de humanidad que conmueven al mas pintado. El texto contiene la suficiente enjundia como para considerarlo por si mismo un puntal en la función, ya que la profundidad de los personajes tal y como se describe en la obra,  no es habitual en el género musical. A esto hay que añadir la magnífica partitura de John, que suma muchísimo, y que refleja a la perfección lo que ocurre en escena. Elton John se apoya en unos soberbios coros, de gran fuerza, una orquestación presente durante practicamente toda la función, y lo que es mas importante, consigue una descripción impresionante de cada personaje principal dándonos una lección de lo que significa la música escénica.
El resultado de Billy Elliot es una obra profundamente emotiva, donde los pequeños detalles son igual de importantes que los grandes, y donde prima un sensible intimismo en la mayoría de sus escenas, de brutal cotidianidad, denuncia social, delicadeza abrumadora, y desgarrado dramatismo en algunos momentos.
Billy Elliot es TEATRO, mas allá del género en el que se encuentra, de rotundo mensaje y gran calado, donde lo que prima es la perfecta conjunción de todas las disciplinas escénicas, de una forma brillante y acertadísima.


Vayamos con elenco.
Mayúsculo de principio a fin, sólido como una roca, y sin fisuras. Algo que es todo un logro dada la enorme dificultad de la pieza a todos los niveles.

Juan Carlos Martín, como George.
Martín, figura indiscutible de nuestro teatro lleva a cabo uno de esos papeles que tan bien se le dan, de hombre tierno y simple, y cargado de bonhomía . Martín consigue que nos creamos a su George sin el mas mínimo problema, siendo una pinceladita tierna y suavemente humorística que enriquece muchísimo el resultado de la función. Por cierto... como se parece a Margareth Thatcher este chico!

Mamen García, como Abuela.
Me cautivó desde que la vi en escena dadas las dosis de verdad que su personaje rezuma, en el que el retrato de esta anciana deslenguada y senil (cuando le interesa) queda perfectamente dibujado por nuestra actriz tanto en las partes habladas como las cantadas. Su número musical, perfectamente medido en las dosis de emotividad y cercanía, resulta uno de los mejores momentos de la función. García, actriz de peculiar forma de hacer me resulta entrañable siempre que la veo, siendo en esta producción indispensable para que su creación llegue a buen puerto con la contundencia que lo hace. 

Adrián Lastra, como Tony.
Gran acierto de elenco, ya que las características físicas y vocales de Lastra son perfectas para su rudo personaje. De rotundísima presencia escénica y gran intensidad en sus momentos mas importantes, Lastra sirvió una función de altura, especialmente en un tremendo dúo con Carlos Hipólito que impresiona por la carga emocional que deja entrever y que llega de forma muy directa al espectador. Tony parece una mala bestia, pero Lastra consigue que entendamos su forma de actuar y las motivaciones que le hacen ser así. Nuestro actor ofrece un trabajo de poderoso acabado y brillantísima resolución.

Beltrán Remiro, como Michael.
Michael es uno de los bombones de la producción, y también uno de los personajes mas difíciles, partiendo de la base que debe ser interpretado por un niño. El peculiar amigo de Billy es ejecutado por nuestro pequeño actor a la perfección, todo un talento que se lleva al público de calle de forma arrolladora, haciendo con el lo que le da la real gana. Desinhibidísimo y cargado de unas dotes naturales para la comedia realmente muy notables. Nos encontramos con un artista que se encuentra en escena como pez en el agua. A esto hay que añadir el elevado nivel tanto de canto como de claqué que resultan imprescindibles para dar vida a Michael. Remiro es carne de musicales, y carne de teatro, disfrutar como el disfruta en la función es un signo inequívoco de ello. Recibió una de las mayores ovaciones de la noche, y con gran justicia por cierto.

Carlos Hipólito, como Padre.
Creo que muchos tenían ciertas reservas con la elección de Hipólito como padre, dadas las características del personaje, un tanto alejado de Hipólito en la imagen que se tiene en la cabeza del rudo minero con un corazón de oro. A mi precisamente esto es lo que me parecía mas interesante, ya que el desafío era grande, pero Hipólito, actor de soberbia técnica, tal y como esperaba ha llevado a buen puerto de forma impecable. Nuestro actor dota a su personaje de una tremebunda humanidad que a partir del segundo acto de la función va saliendo a relucir cada vez de forma mas notoria y por ende dibujándose el personaje en su enormidad. El recorrido emocional es asombroso, y el arco del personaje está perfectamente definido, quedando demostrada una vez mas la solvencia de Hipólito, que dota a su rol de muchas aristas y fabulosa credibilidad.

Natalia Millán, como Señorita Wilkinson.
Perfecta a todos los niveles. No me imaginaba a otra artista en este papel que no fuera Natalia Millán, y como era de esperar triunfa de largo. Insuperable en tono físico y actoral, Millán dota de gran entidad a su personaje, donde las diferentes características de la Srta. Wilkinson son plasmadas de forma impecable por nuestra actriz que le tiene muy pillado el punto al rol. Millán sabe lo que nos quiere contar, con gran inteligencia, y con aires de gran diva como mandan los cánones, en sus números musicales, que resultan de una robustez a prueba de bombas, y de elevadísimo nivel. Millán atrapa al espectador, y demuestra una vez mas que es una estrella del musical.

Pau Gimeno, como Billy.
Gimeno me impresionó profundamente, y me dejó tocado por momentos. Templadísimo y de una madurez escénica increíble, Gimeno nos llega por varios motivos, quizás el mas directo sea su increíble expresividad cuando baila, que el final del primer acto llega al paroxismo, donde Gimeno literalmente nos pone los pelos de punta por la tremebunda implicación emocional, y la entrega de su trabajo. Resulta enternecedor verlo actuar, y transmite a la perfección todos los estados de ánimo por los que Billy pasa ya que se encuentra dotado de grandes recursos a todos los niveles. Billy debe cantar, bailar clásico y claqué, y encima ser actor y todo ello sin tener mas de catorce años, casi nada... Gimeno sale airoso del papel, y encima nos pone el corazón a mil por hora en sus intervenciones dada su capacidad de emocionarse y de emocionarnos. Gimeno puso el teatro patas arriba al menos en tres ocasiones durante la función, eso lo he visto pocas veces, en un artista de su edad, jamás. Habrá que volver a ver a alguno de los otros seis artistas que dan vida a Billy, dado el nivel de Gimeno 

No quisiera cerrar el elenco principal sin cuatro menciones especiales. La primera a la sensible creación de Noemí Gallego como madre de Billy, de exquisita musicalidad. La segunda el estupendo bailarín Axel Amores como Billy adulto que se complementa a la perfección con Pau Gimeno en una de las escenas mas líricas del musical. La tercera el impagable pianista de Alberto Velasco deliciosamente queer. Y por último a Bruno España, el pequeñín robaescenas mas divertido y enternecedor que he visto nunca sobre un escenario.


La función se sostiene en un conjunto de altísimo nivel, que cumple con todas las disciplinas de forma mas que solvente, y que resulta especialmente atinado en las intervenciones corales, realmente impactantes y de un valor musical elevadísimo. La mayoría de los componentes del conjunto son sobradamente conocidos por parte de los aficionados al musical, ya que en mayor o menor medida son profesionales curtidos en el género, y que saben muy bien lo que hacen, como se demuestra en la prestancia que sus intervenciones aportan al espectáculo.

Gaby Goldman lleva la batuta de una orquesta compuesta por 9 músicos de mas que estimables resultados. Goldman sirve una dramática lectura de la partitura de gran efecto teatral, y muy matizada en los momentos mas sensibles. Estuvo muy pendiente de los interpretes sobre las tablas durante toda la representación, poniendo mucho énfasis en las entradas y los volúmenes. Billy no es una obra fácil de dirigir, y Goldman sin duda conoce el material que tiene entre manos, redondeando el espectáculo de forma brillante.



Vayamos con la producción en si:
David Serrano dirige y firma la adaptación. Encontré muy acertada la traducción nada chirriante, y en la que cada sílaba cae perfectamente en cada nota, sin resultar forzado el texto, ni excesivamente rebuscado o ripioso, algo que en las adaptaciones a nuestro idioma es habitual, por tanto por ese lado magnífico trabajo.
Serrano se ha propuesto llevar a cabo un gran trabajo a nivel interpretativo, al tenor de lo que se vislumbra en el escenario, y lo consigue. La impostación actoral de la que se acusa al musical, aquí se encuentra brillantemente eliminada, y cada personaje parte de un profundo análisis de su carácter, de lo que dice, y de como se dice. Aquí se va mas allá de decir los parlamentos, se está haciendo Teatro, y eso está muy patente en la producción. Nuestro director imprime grandes dosis de verdad en cada personaje, y consigue que todos sean carismáticos e interesantes, y sobre todo muy ricos. Los tiempos de lavar los textos y que el actor espere su gran número musical para recibir la ovación, se han acabado después de este Billy Elliot. Cada número musical está perfectamente justificado y el personaje reconducido al mismo, y cada acción escénica argumentada y explicada, con solo aparente sencillez. Es decir David Serrano en un alarde de honestidad encomiable, limpia de vicios al género, y hace de carne y hueso unos personajes tremendamente humanos y reconocibles. 
A nivel producción SOM Produce, ha tirado literalmente la casa por la ventana, sirviéndonos uno de los musicales con mas medios de los últimos años. Esto no resta a la producción, y no la oculta tras un vacío y acartonado sentido de la espectacularidad, no señores. La apabullante escenografía de Ricardo Sánchez, nos está contando y envolviendo la historia a la perfección. Los hallazgos escenográficos son continuos y a cada cual mas interesante, desde la casa de Billy de una precisión viscontiniana, hasta la sorpresiva vuelta con respecto al original que se da a "Merry Christmas Maggie Thatcher" todo funciona a nivel estético con gran magia teatral, perfectas transiciones, y un sentido de la espectacularidad medidísimo y muy impactante. Las soberbias luces, literalmente de premio, de Juan Gómez-Cornejo y Carlos Torrijos tienen muchísimo que ver en esto que planteo, que sin duda dotan de sorprendente entidad atmosférica, a una producción notabilísima desde todo punto de vista.
Hay que abstraerse completamente de la producción original, y dejarse llevar por este Billy Elliot completamente español, que subyuga, maravilla y emociona como solo los buenos espectáculos saben hacer, algo que sin duda Billy Elliot lo es. 
En resumen. Por fin vamos entendiendo en este país que se pueden contar historias en los musicales, que el texto tiene importancia, que el envoltorio cuenta, pero para sumar, no para que sea lo único, y que gran producción no está reñido con enjundia teatral. En los musicales TODAS las disciplinas se deben mimar de igual manera, y sobre todo los fuegos de artificio no pueden eclipsar lo realmente importante, es decir aquello que hace que el teatro esté vivo, EL CORAZÓN. Hoy Madrid está un paso mas cerca de Broadway que ayer, Billy Elliot es el culpable, que tome nota quien corresponda, ya que sin duda esta producción supone un gran paso adelante en la lectura de musicales de gran formato en nuestro país.



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4 comentarios:

  1. Bravo por ti!! Antes de leerte, ganas, después, necesidad!!

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  3. Brillante tu crítica como lo es, indudablemente, este musical. Sus atractivos son muchos. Ya solo por ver a Hipólito merece la pena, camaleónico y genial siempre. Todos a la altura. No me la pierdo. Gracias

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  4. Hay, desde luego, en el elenco nombres que me gustan en dramático y en musical: Hipólito, Martín, Lastra, Millán... Unos más que otra, también he de reconocerlo. No sé aún cuando veré este Billy. Promete. Aunque igual para entonces ha habido cambios en el reparto. Veremos.

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