miércoles, 21 de febrero de 2018

La Tempestad, Versión Concierto De Una Obra Maestra.

Siguiendo la estela de los últimos títulos del Teatro de la Zarzuela, en el que la recuperación de obras que hace muchos años que no se ponen en pie, de grandes dificultades musicales, y de mítico recuerdo en la memoria del espectador, viene siendo la tónica, se ha recuperado un gran título del repertorio como es La Tempestad. Este feliz propósito se vio reflejado el pasado viernes 16, día en el que se llevó a cabo el primero de los dos conciertos de dicha título, obra mítica y mitificada por su leyenda de obra maldita y por su indudable belleza. Para ello se contaba con un reparto, a priori, de campanillas con Carlos Álvarez a la cabeza, al que tanto se quiere en Madrid, y que tan poco se prodiga por nuestros escenarios.
No me podía perder el evento, obrón de Chapí, elenco de relumbrón, y una maravillosa partitura me parecía suficiente como para considerar el concierto de interés máximo, y vislumbrar que la noche podría ser estupenda... craso error como luego iré contando. La velada fue francamente mejorable en lo musical, ya que el reparto se me antojó bastante desequilibrado, y en algunos casos mas que discreto en su interpretación, siendo esta vez un servidor el que saliera enfadado del coliseo de la Calle Jovellanos, en vez de las abuelitas que clamaban por ovejitas en Maruxa, y que siguieron dándole caña a la anterior producción en los corrillos, aunque Maruxa ya hiciese unos cuantos día que finalizase. Ante el pobretón nivel musical del concierto, y el entusiasmo de "los de siempre" uno empieza a plantearse que el drama de la zarzuela estriba en que a su público le interesan mas las ovejitas que la música, amén de los papeles de los caramelitos, los cuchicheos en los solos de orquesta que son la marca de la casa de ese teatro, y como no, el cantar sin el mas mínimo disimulo lo que están cantando los solistas, que sin duda forman parte de la idiosincrasia del Teatro de La Zarzuela, de la que se puede sacar una tesis abundante y documentada, que explique los problemas de la zarzuela como género, siendo uno de los mas importantes su público, arte y parte en una crisis preocupante en grado sumo y que debe ser enmendada de forma urgente.



La Tempestad, denominada como "Melodrama fantástico en tres actos" en prosa y verso con libreto de Miguel Ramos Carrión y música de Ruperto Chapí, tuvo su estreno triunfante en el Teatro de la Zarzuela de Madrid el 11 de marzo de 1882.
Se la podría definir como una zarzuela grande, pero sus influencias son netamente operísticas, siendo un claro ejemplo de ello la sinfonía claramente verdiana con la que se prologa la obra, aunque también se ve influenciada por la opera francesa de Gounod y Mayerbeer. Esta obra supuso un gran salto en nuestra lírica y formaba parte del intento de renovar la zarzuela, empresa en la que Barbieri fue un pionero, y Chapí un digno sucesor de dicho compositor. La altura musical de la obra es indudable, y su dificultad extrema en practicamente todos lo roles, en una obra donde los concertantes y números de conjunto en general tienen gran importancia, siendo la orquestación una de las mas atmosféricas de todo el repertorio, y una de las grandes bazas de la partitura. La Tempestad abundantísima en música contiene la nada desdeñable cantidad de veintiún números musicales, y por su densidad musical, es comparable a una ópera desde todo ángulo. La que yo considero obra maestra de Chapí, La Bruja estrenada cinco años después, ya se vislumbra en La Tempestad, especialmente en el gran concertante con el que finaliza el segundo acto, y alguno de los coros se ven claramente influenciados por el anteriormente citado Barbieri.




Varias piezas son a destacar, desde el famosísimo "Monólogo de Simón" aria de ópera para barítono en toda regla y auténtico tour de force para cualquier cantante que se precie. También es destacable la famosa romanza de salida del tenor "Salve, costa de Bretaña" así como el bello dúo de sopranos a modo de barcarola que acontece en el primer acto. El resultado es una partitura de impecable acabado, solidez musical pasmosa, y gran efecto escénico, sin que esto sea impedimento para que la música esté a una altura realmente apreciable.
El material literario es un claro ejemplo de su época, y podríamos incluirla dentro del dramón romántico con influencias sobrenaturales en su asunto, y de gran carga dramática. La obra tiene un empaque literario considerable, con unos personajes bien perfilados, y de mas calado del habitual en nuestra zarzuela. 
El concierto se presentó en (acertada) versión libre de Alberto Conejero, y en ella el importante personaje de Mateo, ya anciano, recuerda los hechos ocurridos en la obra cuando era un jovenzuelo, y nos cuenta la historia entre número y número, como si de un cuento se tratara, en un texto profuso en lirismo, que resume a la perfección el argumento y que resulta muy efectivo en cuanto a la comprensión de la historia se trata.



Vayamos con el elenco:
Juan Echanove, actor, como Mateo (narrador)
Echanove, actor al que admiro profundamente no acaba de resultar del todo satisfactorio por varios motivos. El primero y mas notorio es que el papel es leído y no dicho de memoria, algo que encorseta a nuestro actor de forma inclemente, perdiendo frescura, ya que no nos podemos abstraer de la sensación de que se está leyendo mas que interpretando. Encontré a Echanove algo impostado especialmente en su última intervención, que no me creí en absoluto, y que estoy convencido que si se hubiese podido mover por el escenario y no limitarse a estar delante de un atril, todo fluiría de forma mucho mas creíble. Hay cierto tono de radioteatro que no acabó de convencerme, y que si bien es cierto que Echanove aporta oficio, y tiene momentos muy buenos, resulta rutinario en algunos pasajes, y su trabajo se vislumbra mas hacia afuera que desde adentro, rozando la declamación en algunos momentos. 

Carlos Cosías, tenor, como Mateo.
Cosías lleva a cabo un papel que podríamos incluir dentro del repertorio de tenor cómico, tan característico de nuestra zarzuela. Cosías con poca entidad vocal, salva los trastos gracias a que enfoca el papel dentro de una acertado aire bufo, pero no acaba de rematar dado el escuálido material vocal, y algún que otro problema con el apoyo que le resta fuerza a su trabajo musical.

Mariola Cantarero, soprano, como Ángela.
Cantarero hace tiempo que se encuentra en un delicado momento vocal, y así se demostró en la función del viernes, donde el sonido resulta poco fresco, y la voz pesa en exceso. El vibrato tan característico de nuestra soprano parece menos marcado de lo habitual algo que resulta muy de agradecer, pero los problemas continúan en la línea de canto y en el final de los agudos, resueltos de forma excesivamente abrupta y con nula musicalidad. La partitura se debe respetar, y no adaptarla a las necesidades del cantante para hacer con ella lo que mejor le venga a las características de su instrumento, y Cantarero parece estar mas interesada en dar, los por otra partes estupendos, sobreagudos, que por seguir las exigencias del papel tal y como Chapí lo concibió. Estuvo francamente afortunada en su romanza principal, pero no así en el terceto donde la coloratura suena metálica y poco refinada en su resolución. Siendo su composición irregular en líneas generales, ya que una romanza brillante no salva un personaje entero.

José Bros, tenor, como Beltrán.
Bros me hizo sufrir mucho durante el concierto, el papel no se adapta a su vocalidad, y sería necesario otro tipo de tenor para llevarlo a cabo. Problemas de colocación, excesivamente nasal en muchos momentos, y el agudo se encuentra forzado, mal resuelto y cercano al gallo no pocas veces y con problemas en la afinación. Encontré a Bros inseguro en sus intervenciones, y su romanza de salida fue claramente insuficiente, echándose un servidor las manos a la cabeza de forma involuntaria por dos ocasiones, ante los problemas que nuestro tenor se encuentra a la hora de abordar el papel. La zona central suena bien, la voz corre sin problemas, y un trabajo vocal mas concienzudo estoy seguro que hubiese añadido mucho mas interés a su trabajo.

Carlos Álvarez, barítono, como Simón.
Absolutamente magnífico, luciendo señorío sobre el escenario, de atronador volumen y matizadísimo, logró el momento de la noche en su monólogo, por el cual ya mereció la pena el concierto. Álvarez de impoluta línea de canto, sólido como una roca, y muy expresivo, se adapta como un guante al difícil personaje que le ha tocado en suerte. Brilla muchísimo en los concertantes donde la voz destaca de forma muy satisfactoria y con exquisita musicalidad. Me pareció el cantante mas seguro de todos los solistas, y el que mejor preparado tenía su papel, algo que se refleja de forma rotunda en su brillante trabajo que sobresale del resto, y que realmente me supo a poco. Carlos Álvarez debe venir con mas asiduidad al Teatro de la Zarzuela, es una activo importantísimo en nuestro panorama lírico, y pone a la zarzuela en las cotas de excelencia que el género merece. No me cabe ni la mas mínima duda.

Ketevan Kemoklidze, mezzosoprano, como Roberto.
La mezzo georgiana resultó una agradable sorpresa, que afrontó el papel de galán de la función con bravura, elegancia y gran sensibilidad. La voz suena ligera, redonda y muy bien colocada. Exquisita en el fraseo y de gran delicadeza en sus intervenciones. Su romanza fue ejecutada de forma impoluta y con un bello sonido que corre por la sala sin el mas mínimo problema y en el dúo con Cantarero resultó deliciosa. Kemoklidze sirvió una velada de gran calidad musical, refinada y mas que satisfactoria, a lo que hay que añadir una estupenda presencia escénica. 


Coro Titular del Teatro de la Zarzuela magnífico como viene siendo habitual en ellos, luchando contra los elementos ya que la ubicación de la orquesta no les facilitó el trabajo, algo que no influyó para que fuera tremendamente resolutivo en sus intervenciones, y muy matizado. Quizás mas empastados los hombres que las mujeres, pero sin ser nada grave, dieron la nota de espectacularidad necesaria en una partitura como es La Tempestad en la que el coro tiene gran importancia, y un difícil trabajo que se vio muy bien reflejado en la representación.



Guillermo García Calvo llevó la batuta de la OCM no sin problemas, especialmente de concertación, donde se nota que no se pudo trabajar lo suficiente. Las colas de algunos solistas en los finales de número fueron muy notorias, y el sonido en los momentos de conjunto no tuvo la  homogeneidad deseada dando la sensación de que cada cantante iba a lo suyo, siendo pocas las ocasiones en las que se notó un trabajo de unión de las voces realmente estimable, algo que en una obra de las características de La Tempestad puede resultar un problema grave. La orquesta fue de mas a menos, y en líneas generales encontré la lectura bastante plana y aburrida por momentos. He de decir que la orquesta debería haber estado en el foso y no en el escenario, hubiese facilitado el trabajo de la mano que al encontrarse de espaldas a los solistas principales no pudo dar entradas y cortes como desde otra posición hubiese podido hacer, es de justicia la aclaración ya que tengo la sensación de que si García Calvo hubiese estado en el foso, algunos problemas con los que se encontraron no hubiesen sucedido.

En líneas generales encontré el concierto falto de ensayos, sobre todo en cuanto a solistas se refiere, y no llegó a las expectativas con las que entré en el teatro, iba dispuesto a disfrutar, y sufrí por momentos, me aburrí en un segundo acto que no acabó de despegar hasta el concertante final, y también es cierto que disfruté con el trabajo de Carlos Álvarez y Ketevan Kemoklidze, pero que por desgracia no lograron salvar del todo un que espectáculo que podría dar mucho mas de sí.  Finalizo la crónica con una pregunta...¿Para cuando una Tempestad escenificada? espero que sea pronto, la obra de Chapí se lo merece, y los aficionados también, sería una maravilla poder disfrutarla en todo su esplendor.





*Si alguien considera que alguna de las imágenes utilizadas en este blog, está protegida por copyright, ruego me lo comunique para retirarlas a la mayor brevedad posible.

** Los apuntes históricos del estreno de La Tempestad, así como algún apunte del análisis musical de la obra,  están sacados de "El Libro De Oro De La Zarzuela" de Roger Alier, piedra angular de los aficionados al género, y fuente de información de este blog en múltiples ocasiones.


lunes, 12 de febrero de 2018

Hablando con... Cristina Faus

La estupenda mezzosoprano Cristina Faus me concedió una entrevista la semana pasada, y he aquí el resultado de la misma.
Cristina es una de las cantantes con mas proyección del momento, y se encuentra realizando trabajos de gran interés a nivel nacional e internacional. Recién llegada de Londres donde ha estado en el Royal Opera House participando en Semiramide con Antonio Pappano al frente, y embarcada en El Pintor dirigido por Albert Boadella en los Teatros del Canal, nuestra cantante no para, muy merecidamente, y se plantea su carrera desde la serenidad y la inteligencia, como una carrera de fondo en la que lo importante es ir poco a poco, pero pisando firme, para llegar a los objetivos de la mejor forma posible.
Hablar con Cristina es sumamente agradable, transmite gran seguridad, y sobre todo serenidad, pero lo que mas llama la atención de su conversación, es el inmenso amor hacia su trabajo, hacia la música y hacia la voz como instrumento. Mujer sencilla, cercana y de exquisitos modales, que conoce a la perfección los resortes de su profesión, de los que habla con total naturalidad y alejada de cualquier afectación. La velada resultó muy interesante y además con un encanto especial, ya que mientras departíamos, una clase de tango imprevista, nos sirvió de mágico telón de fondo a una charla, que guardo ya, con gran cariño. Cristina es cantante, pero sobre todo es mujer de teatro, con muchísimas ganas de seguir aprendiendo, muy consciente de su lugar en el mundo de la música,  muy consciente de las características de su instrumento, y lo que es mas importante hacia donde y cómo encaminar su carrera. 
Uno distingue a un artista a la legua, Cristina Faus, sin duda lo es, y estoy absolutamente convencido que seguiremos escuchando su voz durante mucho tiempo. Con vosotros... Crisitina Faus.



D.P. -¿Cómo empezó tu relación con la música?
C.F.-Mi relación con la música ha estado desde siempre, porque en mi casa somos todos músicos de banda. Si que es verdad que mis hermanos empezaron todos con ocho o nueve años, yo fui la mas tardía, porque era muy vaga. A mi me gustaba mucho imitar y disfrazarme de la Jurado y todas estas cosas, pero a los once años mi padre me llevó a ver a mi hermana Esther que tocaba el violín en  "Las  Cuatro Estaciones " de Vivaldi con la orquesta del conservatorio. Cuando vi a la orquesta y a todos lo violines sonando a la vez de aquella manera... yo le dije a mi padre -"¡Quiero estar ahí!"- y entonces me dijo mi padre... -"Pues estudia"- y me puse a estudiar solfeo.
En mi casa solfeo siempre nos lo ha enseñado mi padre, que es músico, y empecé con la trompa en la banda. A los catorce años ya tocaba también el violonchelo como instrumento de cuerda. Posteriormente estudié magisterio musical, y finalmente canto.

D.P.-¿Como decides estudiar canto después de finalizar magisterio musical?
C.F.-Una vez que empiezo a dar clases, veo que me agotaba muchísimo vocalmente, así que le planteo a mi hermano, que es profesor de trompeta, que me enseñe a respirar, y es él quien me recomienda que me vaya a educar la voz en el conservatorio. Ya algún profesor me  había comentado cuando cantaba solfeo que tenía una voz bonita, y que debería estudiar canto, pero realmente nunca me lo había planteado.
Después de la conversación con mi hermano, hice la prueba de acceso, y la sorpresa fue que me cogieron. Hice las pruebas de acceso cantando "Se tu m´ami" con las manos en los bolsillos , y pensando... ¡¡madre mia!! Yo escuchaba cada chica allí cantando que me dejaron alucinada.
Recuerdo que le pregunté a mi primera profesora de canto (Consol Rico) el motivo por el cual me habían cogido, porque yo no tenía ni una octava, y me respondió que por el color de mi voz, ya que mi instrumento tenía unas características poco habituales, y pensó que se podría hacer un buen trabajo. Así que se puede decir que realmente empecé a estudiar canto para educarme la voz para dar clase a los peques.



D.P.-Tras ganar el "Toti Dal Monte" Zedda te elige para interpretar la Melibea del "Viaggio a Reims" ¿Que tal fue la experiencia?
C.F.- Fue en el 2008, estando haciendo en el Real la ópera estudio de "El Barbero de Sevilla" con Raúl Jiménez como asesor vocal, y con la propuesta escénica de Emilio Sagi. Celsa Tamayo me comentó que estaba Zedda dirigiendo "La pietra del paragone" y que le gustaría que me escuchase. Celsa me consiguió la audición, le canté las dos arias de Rosina aprovechando que era lo que estaba haciendo en ese momento, y ahí me invitó a Pésaro. Me comentó que también tuvo que ver  mi especial color de voz, y en la Accademia Rossini la verdad es que fue todo genial.

D.P.- Si bien es cierto que destacas en el repertorio belcantista, me consta que abarcas otros estilos diferentes. ¿Cual es el repertorio en el que te sientes mas cómoda?
C.F.-Actualmente, y dado que el instrumento de la voz me apasiona, y considero que es un instrumento agradecido cuando lo tratas bien y hay una evolución lógica, en este momento esta evolución me lleva al belcanto, es decir repertorio italiano belcantístico y romántico francés, si bien es cierto que me gusta mucho no especializarse en una cosa, siendo bueno el fluctuar también con el sinfónico, recital, oratorio, etc etc. Bach creo que es un compositor que es una base absoluta, tanto técnica como musical para un cantante. Actualmente estoy muy ilusionada en ir hacia ese belcanto maduro, Rossini, Bellini y  Donizetti, que Zedda recuerdo que me dijo "no te olvides nunca que haciendo un buen Rossini, harás un gran Verdi",  y la ilusión de mi vida es poder llegar a cantar Verdi en condiciones.

D.P.- ¿Ópera o zarzuela?
C.F.- Es que me gustan las dos, el repertorio español, la zarzuela, me encanta. Si es cierto que unos compositores mas que otros, porque  a veces las tesituras son un tanto complicadas, siendo necesario llevarlas a tu terreno. De las cosas que yo he cantado de zarzuela, que no son tantas, si bien he trabajado en el Teatro de La Zarzuela afortunadamente, ahí me he hecho y ahí crezco, empezando con el rol de Soledad en La Revoltosa con Amelia Ochandiano, empezando con roles pequeñitos hasta llegar a roles protagónicos,  y es algo que tengo que agradecer a ese teatro, ya que han pasado diferentes directores artísticos y han confiado en mi. Pero si es verdad que siempre  me atraen mas los compositores mas parecidos al belcantismo italiano, como puede ser Barbieri, que se trata de partituras mucho mas cuidadas. "Galanteos en Venecia" "Diamantes de La Corona" o "Barberillo", que se dará mas adelante si no pasa nada, me apasionan. Pero eso si, si me das a elegir entre ópera y zarzuela no sabría decirte, son los dos  repertorios que me gustaría hacer.



D.P.- ¿Como ves la situación de la lírica en España en estos momentos?
C.F.- A veces estamos viendo que en la ópera hay muchas agencias, y ya está, no teniéndose en cuenta el valor auténtico del artista para hacer el rol, encontrándonos a veces que en una producción van por el cuarto tenor y todavía no han estrenado, porque el cantante falla. Es mucho mas interesante que el director de un teatro sepa el cantante que tiene entre manos, mas que la agencia que tiene entre manos. Esto sería muy importante tenerlo en cuenta. Por tiempo o comodidad hoy en día todo va rápido, pero creo que esto es un error y a veces se echa mano de una agencia que a su vez se sirve de cantantes que funcionan muy bien en disco o determinados formatos, pero que muchas veces eso no es lo que mejor funciona en un escenario, que es la verdad auténtica de lo que un artista puede ofrecer.
Creo que en este país podría haber mas presencia de cantantes españoles, ya que hay voces y artistas españoles muy bueno, sin querer echar piedras sobre los cantantes extranjeros que vienen a nuestro país, pero muchas veces una se plantea que cualquier primer rol lo podría interpretar un cantante de aquí. Estaría muy bien.

D.P.- Una cantante que admires.
C.F.- ¿Te puedo dar varios? Uno es Samuel Ramey, por muchos motivos, su manera de llevar su carrera, su manera de cantar,su manera de evolucionar, es un artista que admiro muchísimo. Otra es Christa Ludwig, que me apasiona. Otra es Mirella Freni, que considero en mi manera de entender Puccini que es una de las mejores voces que lo ha cantado, y por último Teresa Berganza.

D.P.-¿Eres partidaria de las propuestas escénicas tradicionales o de las mas modernas?
C.F.-Depende de lo que se tercie. Considero que se puede abordar una ópera o una zarzuela, de tintes tradicionales, desde un prisma moderno, e incluso a veces es justo y necesario llevarlas, aunque se tenga que prescindir de enseñar la evidencia de algún elemento que se esté nombrando, creo que no es necesario enseñar el elemento para entrar en la historia. Del mismo modo, si una propuesta tradicional es bonita, y está bien hecha, pues también.


D.P.- Compositor favoríto.
C.F.-Podría decirte como compositor español favorito, Manuel de Falla, y como compositor no español favorito, Verdi.

D.P.- Cuéntame tu experiencia en la ROH.
C.F.- Pues atómica, enriquecedora, divertida, formadora. Partiendo siempre de la base que si mi profesor físico vocal es con quien yo puedo trabajar, para mi, Rossini es mi profesor virtual en mi cabeza. Empecé a estudiar canto con una octava, y mi extensión vocal es a través de Rossini. Empecé con trocitos de arias, el día que pude cantar "Una voce poco fa" entera me fui de paellas al Saler, porque me emocioné. Es verdad, si lo trabajas bien es un compositor que cuida vocalmente, es salud vocal. En Covent Garden, estar de cover y trabajarlo con Pappano, era como poder llevar tecnicamente adelante ese Rossini, que tecnicamente a mi me hace tanto bien, con un señor que lo trabaja maravillosamente. ¡Fue para repetir!

D.P.- Profesor o profesora que te haya marcado como cantante.
C.F. Pues te voy a decir una a la que quiero un montón, he trabajado con ella un año y medio revisando repertorio, y es María Orán. María me ha introducido en la elegancia vocal, y a través de ello te das cuenta que tu voz puede ofrecer muchas otras cosas.

D.P- Y ya para finalizar, ¿Que le dirías a los cantantes que están empezando ahora?
C.F.- Que la paciencia, que se pierde siempre, es la mejor maestra que se puede tener. Yo la pierdo siempre, me desespero por cosas que quiero hacer y todavía no estoy preparada, pero hay que tenerla. Una buena paciencia va a alargar tu vida como cantante. Estoy convencida.



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miércoles, 7 de febrero de 2018

La Habitación, Terror Gótico Para Una Tarde De Domingo

Me encantan las historias de terror, con los años mis gustos sobre este tema han variado, y la truculencia tan buscada en a adolescencia, ha cambiado por mi preferencia por lo sutil siendo el terror psicológico mi favorito en estos momentos. Esto no quita para que los relatos góticos se mantengan dentro de mis favoritos, siendo Poe uno de mis autores de cabecera. Cuando era estudiante de interpretación, llegué a realizar una adaptación de "El corazón delator" ya que me pareció que tenía mucho interés como ejercicio teatral sobre todo en el personaje central, cuyo estado emocional tan aprovechable puede resultar para estos menesteres. Con esto quiero decir que mi afición por Poe viene de largo, y que mi primer contacto con el se remonta a las películas producidas por Roger Corman con las historias mas famosas del escritor estadounidense, y que toda una generación vimos de niño en los famosos ciclos de cine de TVE que se emitían por aquellos tiempos.
Poe y su particular universo de terrores primarios forma parte de mi memoria como espectador, y también forma parte de mi vida, en un momento en el que el género de terror era todo para mi.
Esta disertación sobre el bueno de Edgar Allan Poe viene a colación de "La habitación" obra que se está llevando a cabo en La Usina, y que en cuanto pude me escapé a ver por varios motivos, siendo el primero lo difícil que resulta ver teatro de género en nuestro país, el segundo obviamente  mi admiración por Poe y el terror gótico, y el tercero el ver de nuevo a la troupe de Teatro Del Sótano, con Francisco De los Ríos a la cabeza, haciendo de las suyas una vez mas, y que nunca deja indiferente al espectador con sus siempre interesantes propuestas. 


La habitación, es una pieza de duración media del propio Francisco De los Ríos, en la que se explora el universo de Poe, y se sirve de su imaginario para contarnos una historia que no bebe unicamente de Poe, sino también del Lovecraft en algunos aspectos, sin renunciar en ningún momento a las señas de identidad de Francisco De los Ríos como dramaturgo. No pienso decir nada sobre el argumento de la función, en este tipo de teatro el factor sorpresa a la hora de encontrarnos con la historia es crucial, por tanto intentaré no destripar nada del argumento.
De los Ríos utiliza de forma inteligentísima el personaje central de "El extraño caso del Señor Valdemar" para contarnos que fue de él después de los hechos del célebre cuento de Poe, cuya historia se ve perfectamente integrada en "La habitación" para que luego nuestro autor nos cuente lo que realmente quiere.
Tres personajes, mucha atmósfera, una intriga sorprendente y muy bien dosificada, relaciones insanas y humor negro son los elementos que De los Ríos mete en una coctelera muy bien movida, para que el resultado sea un "divertimento", en sus propias palabras, la mar de jugoso, con mucha chicha teatral, realmente inquietante por momentos, y  sobre todo entretenidísimo, y que satisface al espectador de principio a fin.


Vayamos con el elenco.
La obra se sustenta en tres actores, con unos personajes muy bien diferenciados y que equilibran el espectáculo de forma estupenda, dando cada uno lo mejor de si mismos, y entendiendo muy bien la psicología de cada personaje y sus vínculos.

Mariel Peralta lleva a cabo una creación con ciertos ecos de la Sra. Danvers de Rebecca, la película de Hitchcock, en la que todo cuadra en la segunda parte de la función, y lo que chirría al principio se ajusta perfectamente en el arco del personaje. Peralta tiene un recorrido sorprendente y muy efectivo dentro de una sobriedad encomiable, y muy en consonancia con su papel. Reconozco que ha sido una grata sorpresa, dadas las complicaciones de un personaje que va creciendo de forma gradual y bien medida según avanza el texto resultando inquietante en grado sumo, y muy singular en su forma de hacer.

Pablo Calvo se encuentra mas que convincente, en un papel de difícil ejecución, con un largo monólogo ciertamente comprometido que resulta perfecto de principio a fin, consiguiendo mantener el interés, y resultando muy descriptivo en su resultado. Calvo juega, arriesga, y gana, aportando todos sus recursos de forma medida e inteligente. Nuestro actor no resulta nada afectado y todo se ve orgánico tanto a nivel corporal como de texto, siendo el resultado de su trabajo un ejercicio de naturalidad y oficio muy gratificante, en el que destaca como un gran contador de historias, y con una estupenda resolución técnica.

Jennifer Baldoria como siempre impecable, en su código emocional tan bien medido, y tono de voz impoluto. Actriz intuitiva y generosa, sabe escuchar, hacerse escuchar, y mandar en sus escenas como la primera actriz que es. Resulta conmovedora o temible dependiendo del momento, y la exposición de su personaje resulta cristalina, especialmente en el vínculo con su hermana llevada a cabo por Mariel Peralta, donde lo tortuoso de su relación se ve muy bien reflejada en la segunda parte del espectáculo, donde Baldoria pone toda la carne en el asador, sacando la artillería pesada, tal y como ella sabe hacer. He visto a Baldoria en varios papeles y nunca falla, eso si, me muero por verla haciendo comedia, estará deliciosa, no me cabe ni la mas mínima duda. 



Francisco De los Ríos, además de dramaturgo, ejerce la dirección del espectáculo. 
Para llevar a escena la función De los Ríos consciente de lo importante que son las atmósferas en este tipo de espectáculo cuida mucho la iluminación, en el que las velas dan una impronta muy especial a la función, así como los efectos de luces y sonoros que ayudan muchísimo a la sensación de desasosiego que el espectáculo produce en el espectador. Nuestro director juega con el respetable a su antojo y dota a "La habitación" un aire que recuerda a las "Historias para no dormir" de Chicho Ibáñez Serrador, que a fin de cuentas no dejaba de ser teatro filmado para la televisión. 
Dirige a sus actores en un código netamente naturalista, y se parte de ellos mismos a la hora de enfocar las interpretaciones, algo que enriquece mucho al espectáculo, y se vislumbra que no deja ni un solo detalle en el tintero, tanto en los vínculos, como en las inflexiones del texto, así como en el ritmo que se le quiere dar al espectáculo, que pasito a pasito, sin prisa pero sin pausa, nos va absorbiendo hasta dejarnos pegados en la butaca a medida que la tensión va subiendo. Otra de las genialidades del texto es el personaje de la madre, no ver al "monstruo" da mas miedo que lo obvio, y el planteamiento que De los Ríos hace de dicho rol, me parece magistral, tanto dentro de la obra como a nivel escénico. Reconozco que mi imaginación iba a mil por hora durante el espectáculo y que mas de un salto di en mi butaca, algo sin duda labor de Francisco De los Ríos y su equipo de trabajo.
La habitación es un entretenimiento de primer nivel, modesto en su envoltorio, pero realizado con un mimo, y un cariño hacia el género, sus códigos, y con un trasfondo sobre ciertos aspectos de la sociedad que se encuentran muy patentes en el texto y que se ven perfectamente reflejados tanto en el texto como en la función. Si queréis pasarlo de miedo La habitación es vuestro espectáculo, avisados estáis.



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lunes, 5 de febrero de 2018

Cuatro Corazones Con Freno y Marcha Atrás, Refrescante Comedia Surrealista.

"Cuatro corazones con freno y marcha atrás" se me antoja uno de los títulos mas singulares del repertorio cómico patrio, es un título que nunca viene mal revisar, y que no se representa con la asiduidad merecida, casi como siempre ocurre con la obra de Jardiel, tan discutido como persona y comediógrafo siempre por motivos ajenos a su genio artístico y literario. El caso de Jardiel me parece muy injusto, y aunque su obra poco a poco se va recuperando mas allá de la celebérrima "Eloísa está debajo de un almendro", título imprescindible, conocidísimo y revisado de forma permanente desde su estreno con mayor o menor fortuna.
Mi admiración por Jardiel es infinita, y no siento ni el mas mínimo complejo a la hora de decirlo. Su sentido de la comicidad,  una acidez muy notoria, un poso en muchas ocasiones negrísimo, y sobre todo la feroz crítica a la sociedad que tan poco gustaba a las "personas de orden" de su época, son sus señas de identidad y los valores por los que debe ser recordado como lo que fue, un genio de la literatura dramática de nuestro país, un adelantado a su tiempo y un conocedor exhaustivo de la carpintería teatral a la hora de realizar sus comedias, que siempre resultan en su estructura sólidas como una roca, y de impecable factura.
Este verano se llevó a cabo una serie de representaciones del texto de Jardiel en el patio del Teatro Galileo que me fue imposible ver, por suerte retomaron en el Maravillas, y la semana pasada conseguí acercarme a dicho teatro para ver una función que me producía mucho interés y curiosidad. He aquí mis impresiones sobre la función.




Cuatro corazones con freno y marcha atrás se estrenó en mayo de 1936, y es uno de los títulos puntales de Jardiel. La historia que se nos cuenta es la de cinco personajes, aunque en el título sean cuatro por motivos que no desvelaré, que gracias a unas sales consiguen la inmortalidad, y que una vez desencantados con ella, gracias a otro elixir consiguen ir rejuveneciendo hasta....( no pienso contar nada mas)
Detrás de esta trama aparentemente absurda, todo el universo jardielano se encuentra muy presente, y el surrealismo como recurso cómico se encuentra perfectamente integrado en la trama, siendo ejemplo de esto la impagable escena en la que unos hijos ya mayores regañan a sus padres adolescentes en un intercambio de roles desconcertante y divertido en grado sumo. Jardiel con un uso del lenguaje absolutamente pasmoso, y unas frases de una comicidad exquisita escribió un texto plagado de magia, en el que el espectador acepta con total naturalidad unas situaciones disparatadísimas, que sirven de catalizador para que el mensaje que Jardiel pretende dar quede clarísimo de forma nada forzada, pero si contundente. Cuatro corazones tiene un poso ciertamente melancólico y no se queda en una comedia banal de situaciones chuscas y plagada de humor fácil. La realidad es que resulta una inteligente parábola sobre la existencia del ser humano y que sin duda plantea un puñado de cosas al espectador de interés universal y de gran calado. 
Jardiel crea la comedia perfecta a nivel técnico, en la que cada acto funciona a la perfección en su desarrollo, y que casi se pueden entender de forma independiente. Jardiel muestra su control absoluto de los tiempos teatrales, de como perfilar caracteres y de como hilvanar el asunto de la función  a base de la dosificación de la información con el fin de mantener el interés del respetable con las dosis justas de suspense, y comicidad, para convertir su texto en un entretenimiento de primera, no tan banal como pueda parecer, y mas que estimable en su totalidad.




Vayamos con el elenco, muy extenso, y dado el gran número de personajes de la comedia algunos actores llevan a cabo varios personajes. Intentaré ser breve...

Adecuados Pedro Forero, Esperanza de La Vega y Mateo Rubinstein en sus diversas creaciones, Forero y de La Vega brillan sin duda en el primer y tercer acto, y Rubinstein rsulta impagable como palmera durante el segundo. Rubinstein me sorprendió en su faceta corporal siendo tremendamente expresivo, y mas que acertado en el tono físico.

Reconozco cierta debilidad por Asier Iturriaga al que descubrí en Gross Indecency, dirigido tambien por Gabriel Olivares, montaje en el que nuestro actor no pasaba desapercibido. Iturriaga lleva a cabo tres creaciones muy diferentes y de gran altura cada una. Resulta especialmente interesante como Margarita, en un trabajo que no chirría en absoluto y que resulta convincente como mujer, de cuidada factura y nada desmelenada como podría ser en caso de llevarla a cabo otro actor. También encontré su Catalino muy interesante especialmente en lo corporal, así como divertidísima su extremada intervención en el segundo acto. Muy entregado y con gran capacidad de concentración, Iturriaga creo yo que tiene muchas cosas que decir en nuestros escenarios, algo que estoy seguro que va a ser así. 

Eduard Alejandre ofrece oficio y solidez actoral en tres papeles que realmente se pueden fundir en dos ya que Elías y Bienvenido son practicamente un calco el uno del otro. Brilla como Oliver con impacto cómico y dominio  de los tiempos escénicos y texto. 

En cuanto al cuarteto protagonista de la función encontré muy acertados a Belén de Santiago como Valentina y a Patrick Martino como Ricardo, resultando una pareja de gran química escénica. De Santiago defiende a la perfección su complicada primera escena, de necesaria y difícil implicación emocional en su salida, y resulta muy convincente en un inestable personaje que se ve muy bien plasmado en la visión de Gabriel Olivares. Martino de gran naturalidad y control de los recursos cómicos, resulta adecuadísimo como adolescente en el último tercio de la función y lo que es mas importante muy creíble en su composición. Ariana Bruguera y David García Palencia como Ceferino Bremón resultan mas irregulares en sus trabajos. García Palencia acusa cierto envaramiento y una excesiva tendencia a escucharse, resultando un tanto impostado y poco creíble, lástima, dado que la presencia escénica como la voz son realmente notables. Bruguera por contra se queda corta en su creación, no siendo capaz de vislumbrar un servidor una creación del personaje como tal, sino un ejercicio de naturalidad cercano a las interpretaciones televisivas que no resulta eficiente sobre las tablas. 

Para finalizar Guillermo San Juan como Emiliano. San Juan resulta uno de los mayores aciertos de la función, siendo un cómico nato de primer nivel. Su trabajo a pesar de su juventud, rezuma mucha sabiduría escénica y resulta delicioso desde todo ángulo. Sus apartes son gloriosos, sus intervenciones divertidísimas, su manejo de la voz superior y la forma de encajar los chistes acertadísima. La vis cómica de Guillermo San Juan resulta muy gratificante, y deja patente aquello de que la vis cómica se tiene o no. El trabajo de nuestro actor me pareció el mas redondo de la función, en un código completamente jardielesco y con un control del papel absoluto.



Gabriel Olivares al timón de la función, realiza un espectáculo muy suyo, en su línea de interpretaciones muy físicas habitual, y de sorprendente acabado, donde el inteligente uso de una escueta pero eficaz escenografía de Marta Guedán dan a estos "Cuatro corazones" un aire muy teatral y cierta magia que estoy seguro que haría las delicias del propio Jardiel. Olivares sirve una función frenética a ratos y mas pausada en otros, siendo mas efectivo el tono rápido que el lento, algo lógico dado el tono y asunto del texto. La claridad en la exposición es una tónica del espectáculo, en el que  de forma acertada la acción se ve transportada en el tiempo, para que el último acto se desarrolle en la actualidad y que resulta muy adecuado para fomentar que los grandes temas que Jardiel plantea siguen estando vigentes en la actualidad. En líneas generales nos encontramos ante una función que refleja muy bien la esencia de Jardiel, que se ve reforzada con una visión actualizada de la comedia, y en la que las acertadas músicas y coreografías acentúan el aire festivo del espectáculo resultando el espectáculo muy agradable, y perfecto para pasar un rato entretenido y alejado de los problemas diarios.
Olivares consigue que la obra de Jardiel se encuentre reflejada de forma respetuosa, solvente y acertada, y lo que es mas importante, divertida, que a fin de cuentas eso es lo que importa en textos de esta índole. No nos engañemos, "Cuatro corazones" es una obra de grandes complicaciones, tanto para sus actores como para su director, y esta versión sin duda cumple con creces en su cometido, y resulta deliciosa por momentos y sorprendente dentro de su imaginativa propuesta. 




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viernes, 26 de enero de 2018

Maruxa, Telúrica Revisión De La Ópera De Vives.

Cuando se publicó la programación de la actual temporada del Teatro de La Zarzuela recibí con mucha alegría la inclusión de Maruxa, que nunca había visto representada, y por la que siento verdadera admiración desde que empecé a tener en la sangre el veneno de la zarzuela. No en vano, Vives fue uno de los compositores que mas sorpresas y satisfacciones me dio en aquellos años de descubrimiento de tantos títulos, compositores y estilos diferentes de zarzuela, que todavía me siguen gustando con la misma pasión que cuando hace 24 años vi mi primera zarzuela.
Ante las fotos de la función publicadas en redes no me atreví a hacer ningún juicio de valor hasta ver el espectáculo, ya que no tenía ni la mas remota idea de como saldría la revisión que Paco Azorín proponía en el montaje que esta crítica ocupa. No me gusta hablar sin conocimiento de causa, y reconozco que mi interés ayer era mayúsculo, por un lado dado lo mucho que me gusta Maruxa, y por otro, para que negarlo por la discutida (antes del estreno) producción, y que ha resultado una sorpresa mayúscula, agradabilísima y mas que inspirada en su enfoque como mas adelante explicaré.

Hacía 47 años que Maruxa no se representaba en La Zarzuela, demasiado tiempo para tan magna obra, y sin duda este montaje se trata de una ocasión única de disfrutar de una obra que como me comentaba ayer un aficionado, si se cumple la regla de los 47 años entre montaje y montaje, la mayoría de los presentes ayer en el teatro no tendremos ocasión de volver a verla sobre las tablas. Esperemos que no sea así, y un servidor la disfrutará al menos otra vez, ya que pienso ver el segundo reparto la próxima semana.




Maruxa, denominada como Égloga Lírica en Dos Actos con música de Amadeu Vives y libreto de Luis Pascual Frutos, se estrenó  en el Teatro de La Zarzuela de Madrid en 1914 y en eñ Teatro Real en 1915.  Si nos ceñimos a lo musical se la puede considerar sin ninguna duda una ópera dada la ausencia de diálogos, aunque si que es cierto que tiene paralelismos con la zarzuela grande regionalista, especialmente en la concepción del libreto.
Vives compuso una de sus obras mas inspirada, por no decir la mas, de bellísima música, arrebatador lirismo,  acento gallego en su música, aunque no primordial en el conjunto de la obra pero de inovidable impronta, dándonos la sensación que lo folclórico se encuentra mas presente de lo que realmente se encuentra. Se trata de uno de los títulos mas importantes del repertorio tanto por su calidad musical como por la dificultad para los cantantes, aunque bien es cierto que no es habitual verla representada, supongo por las dificultades para implantar la ópera española en nuestros escenarios, y las enormes exigencia de la partitura, que requiere de un elenco de altísimo nivel para que la obra se interprete tal y como Vives la planteó.

Obra de un fuerte lirismo, que posee una música de gran fuerza descriptiva, acompañada de una espectacular orquestación que le da un sabor muy particular a la partitura, siendo realmente un caso único en nuestro repertorio lírico dada la enorme calidad del material compuesto por Vives. La partitura de muy ecléctica factura, tiene una gran inspiración wagneriana y verista, sin dejar de lado el acento español, siendo el resultado una obra de belleza insuperable, y una de las favoritas de los aficionados, que sigue incrustrada en la memoria popular a pesar de no representarse de forma habitual.

La obra tiene un serio problema de libreto, que resulta excesivamente insulso e incluso ñoño para el espectador actual, siendo los avatares de Maruxa con su ovejita un tanto risibles si los vemos con ojos actuales. La historia es simple, se trata de una trama sentimental entre dos pastores y unos taimados señoritos que salen escaldados de un intento de engaño de nuestros inocentes protagonistas. No, no hay mas, así que os podéis imaginar que la cosa no da para mucho. Nos encontramos ante una obra, que como Marina y muchas tantas óperas, se debe disfrutar en lo musical dejando a un lado la trama argumental. Ya que la música está infinitamente por encima del texto planteado por Luis Pascual Frutos.



Vayamos con el elenco:
Carlos Fidalgo, tenor, como Antonio:
De mas a menos, empezó la función bien entonado, pero a medida que iban pasando sus escenas se empezó a acusar cierto descontrol del instrumento, especialmente en la lectura de la carta, un agudo excesivamente abierto, y problemas de afinación en algunos pasajes, que ensombrecieron su interpretación. La voz es bonita y sin problemas en el volumen para ser justos, pero Fidalgo no acaba de redondear su trabajo en un desagradecido personaje de no pocas dificultades.

Svetla Krasteva, soprano, como Rosa.
Le ha tocado a Krasteva uno de los personajes mas difíciles de la obra, y que si bien es cierto que no es el mas adecuado para su tesitura, especialmente en la zona grave, no importa, dada la calidad de lo ofrecido por nuestra cantante, entregadísima tanto en lo actoral como en lo musical, brilla mucho en las alturas donde la voz suena plena y brillante, con agudos de infarto, impecablemente resueltos, y de espléndida factura. Los filados fueron de gran interés y belleza. Muy segura y de espectacular presencia escénica, Krasteva realiza un personaje cargado de matices, perfectamente perfilado, y con el que nos da a entender perfectamente la visión del personaje que Paco Azorín pretende.

Simón Orfila, bajo, como Rufo.
Gran triunfador de la noche desde todos los ángulos, donde la calidad musical fue la tónica. De atronador volumen, canto nobilísimo, bellísimo timbre de bajo puro, tecnicamente férreo, y una expresividad realmente apabullante, Orfila saca todo el partido posible a un papel que parece escrito para él. Resulta igualmente admirable la perfecta línea de canto, así como el fraseo, exquisito y cuidadísimo. Es enormemente placentero ver como la sala se ve inundada por los armónicos de nuestro bajo, en una voz de indudable calidad, cuyo color no cambia en ningún momento siendo el resultado homogéneo y robusto en grado sumo. Aporta un aire de deliciosa socarronería a su personaje que va en completa consonancia con el carácter de Rufo, dando la nota mas amable al espectáculo.

Rodrigo Esteves, barítono, como Pablo.
Esteves sirvió una función irregular, en la que estuvo mas atinado en las partes mas heroicas de la partitura que en las mas líricas. Encontré cierto cansancio en la voz, y el sonido suena forzado en algún momento, dando la sensación de no controlar los volúmenes de la forma adecuada, y con menos matices de los deseados. Esto no conlleva nada grave, ya que disfruté mucho de su interpretación, pero eché en falta su poderoso trabajo en Las Golondrinas, imponiéndose en Maruxa un sonido excesivamente tosco por momentos, que no remata su trabajo de la forma mas idónea, ya que le resta lirismo a un personaje que se caracteriza por su sensibilidad, y el amor que siente por Maruxa. Actoralmentese encuentra adecuadísimo, especialmente en su escena con Rosa, donde su incomodidad y desconcierto ante el acoso de la señora queda muy patente de forma muy clara y directa. 

Maite Alberola, soprano, como Maruxa.
Correctísima en un papel de no pocas dificultades, en el que la voz suena grande, redonda y homogénea en todas las zonas, pasa la orquesta sin problemas, siendo el primer dúo con Pablo (uno de mis favoritos) quizas el momento en el que mas brilla. Cumple perfectamente en el comprometidísimo final del primer acto, donde Alberola las da todas con aparente facilidad, soltura y hermosos resultado. Actoralmente sirve el ingenuo papel de Maruxa de forma muy convencente, no cayendo en la candidez, tan poco creíble hoy en día, de un personaje que con otra visión nos sería imposible de entender en 2018.



Coro Titular del Teatro de La Zarzuela con Antonio Fauró a la cabeza absolutamente maravilloso. La interpretación de la Muñeira anterior a la escena de la tormenta, fue sin duda uno de los momentos de la noche, de gran emotividad y atronador sonido, empastado y afinado dentro de los niveles habituales de excelencia de la masa coral de la Zarzuela. Escenicamente emocionan e impactan y saben ejecutar a la perfección la interesante visión de ese momento que se plantea en el espectáculo.

Orquesta de la Comunidad de Madrid, dirigida por José Miguel Pérez Sierra, muy atinada, con una profundidad en el sonido francamente disfrutable, unos tiempos mas que acertados, y una lectura de la partitura muy trabajada y alejada de afectación. Si bien es cierto que en algunos momentos de conjunto, el ensamblaje foso-escenario no está todavía del todo conseguido, y algunos volúmenes todavía deben ser ajustados a los cantantes, no encontré nada que me indicara que no se tratase mas que los inconvenientes habituales en un estreno que se irán solventando a medida que se vayan desarrollando las funciones. La dirección de Pérez Sierra dota de gran dramatismo a la función, y mucho sentido de la teatralidad, y resultó de gran espectacularidad el celebre Preludio del Segundo Acto, donde las cuerdas se encuentran acertadísimas, y que sirve de acompañamiento perfecto al drama que transcurre en escena en ese momento.


Vayamos ahora con la propuesta escénica:
Paco Azorín está al mando del espectáculo, y lleva a cabo una labor absolutamente maravillosa. No es fácil salvar el texto de Maruxa desde un prisma exclusivamente pastoril o regionalista ante los ojos del espectador actual. Por tanto Azorín de forma inteligentísima envuelve Maruxa en un entorno histórico, duro y muy representativo de lo que Galicia es, y como los gallegos se comportan en situaciones de crisis. El naufragio del Urquiola, la tragedia ecológica mas grave ocurrida en Galicia y que aconteció durante los años 70. A todo esto se le añade unos matices psicológicos muy interesantes a la pareja de señoritos, especialmente en el caso de Rosa, y nos encontramos con una Maruxa en la que el abuso de poder, el acoso sexual, y las pasiones humanas mas bajas, y también las mas altas, se encuentran a flor de piel. Azorín plantea unas simbologías muy efectivas y de gran fuerza, que se pueden focalizar perfectamente en el personaje interpretado por la bailarina María Cabeza de Vaca como Galicia, diosa telúrica y que engloba todos los valores de las tierras gallegas y que en la escena de la tormenta resulta catártica y con gran empaque escénico, siendo uno de los momentos mas logrados del espectáculo junto con la intervención del coro en el mismo cuadro.
Visualmente la función posee múltiples aciertos, y la estética inconfudible de Paco Azorín, que también es el encargado de la escenografía, se encuentra muy presente. Nuestro director plantea dos universos en dos planos escénicos diferentes, el de los poderosos y el de el pueblo llano, no renunciando en ningún momento a la esencia de la obra en la que el bucolismo del encuentro entre Maruxa y Pablo y lo idealizado de su amor son parte importantísima del espectáculo. Lo que Azorín hace es convertir en adultos a unos personajes que en su concepción original resultan anodinos y excesivamente simples, y que aquí toman un peso que sin duda es creación de nuestro director.
Todo esto que planteo se ve perfectamente apoyado en las mágicas luces de Pedro Yagüe, y los adecuadísimos figurines de Anna Güell, que definen perfectamente cada personaje y su carácter. Siendo el resultado final de la función elegantísimo, muy pensado y nada gratuito.


Azorín plantea una monumental oda a Galicia, hecha con un amor hacia dicha región y sus habitantes muy patentes, de sensible factura, dureza cuando la obra lo requiere, inspirada propuesta estética, y sobre todo respetando la esencia de la obra.
 Esta Maruxa se sale del tópico ¿y que? los tópicos son precisamente arte y parte de la crisis en la que se encuentra sumida la zarzuela actualmente, a lo mejor rompiéndolos sacamos algo en claro. Producciones así se me antojan necesarias, no digo que vayan a cambiar la historia del teatro lírico español, pero si que abren puertas de forma acertada hacia una posible modernización de la zarzuela, y lo que es mas importante, abren mentes en un mundo tan purista como es el de nuestra lírica.




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Quisiera agradecer al maestro Miquel Ortega, encargado de la revisión de la partitura de Maruxa, unas aclaraciones sobre la obra, que muy gentilmente me ofreció, y que me sirvieron de gran ayuda en mis labores de documentación, y de comprensión de la enormidad de una partitura como la que escribió mi admirado Amadeu Vives.