viernes, 23 de marzo de 2018

Una Vez Al Año, A Veces Hace Daño.

Últimamente estoy viendo mucha comedia, parece ser que el género me persigue, y tristemente no siempre está la cosa a la altura que uno espera. Me hablaron no hace mucho de "Una vez al año" comentándome que era un texto precioso, que se puso en pie a finales de los 70, con Irene Gutiérrez Cava y Carlos Estrada al frente, dirigidos por Luis Escobar, siendo una función de gran éxito, y recordada con cariño. No caí en el momento, en que se trataba del material con el que se había contado para la película titulada como "El próximo año a la misma hora" preciosa e intimista y de la que tengo un hermoso recuerdo. Por tanto se me despertó la curiosidad ante el inminente estreno en el Marquina, de esta bella historia de amor adúltero cargada de sensibilidad y que va mas allá de la comedia meramente sentimental.
Si el otro día alababa las virtudes de la buena comedia, hoy voy a hablar de los defectos de la mala, que cuando se dan, cantan por soleares, y que en este caso en función del título que comentaré viene muy al pelo.
Es importante un elenco adecuado, no todos los actores sirven para hacer comedia, ya que lo de la vis cómica o se tiene o no, no hay mas vuelta de hoja. Pasar de rosca las situaciones consigue el efecto contrario al deseado, es decir no tienen ninguna gracia. La caracterización de los personajes, es fundamental y su psicología debe estar muy bien definida. Todo debe ser ágil, y sobre todo de verdad. Es decir, un actor haciendo comedia, debe vivir lo que le ocurre como un drama en la mayoría de los casos, eso es lo que realmente nos hace gracia. Cuando Pepe Viyuela sufría porque no era capaz de montar una silla, lo que nos llevaba a la carcajada era eso, su agobio, no el que no fuera capaz de abrir una silla. Y por supuesto se encuentra la entidad psicológica de los personajes. Que nos debe hacer entender sus reacciones ante los diferentes vericuetos del texto. Si todo esto falla, NO HAY COMEDIA. Si a esto le añadimos que algunas comedias fluctúan entro lo cómico y lo dramático, el nivel de dificultad se eleva hasta lo estratosférico, y conceptos como ritmo y atmósferas son definitivos a la hora de plantear el espectáculo, cuya línea debe estar perfectamente delimitada al tenor de cada escena.




"Una vez al año" "Same time, next year" en su título original, fue escrita por Bernard Slade y se estrenó en 1975. Llevada al cine por Robert Mulligan en el 78, con Alan Alda y Ellen Burstyn en sus dos papeles protagonistas. La historia que  nos cuenta es la de dos amantes que solo se ven una vez al año en la habitación de un hotel, planteándose la relación entre ellos dos como la excusa para ver la evolución del ser humano durante los 25 años que transcurren en el escenario, y los conflictos existenciales de dos personajes capaces de amarse profundamente, y a la vez adorar a sus respectivas parejas, pero manteniendo una preciosa historia de amor en la clandestinidad, que sirve para suplir todo aquello que en su día a día no está. Slade sirve una historia muy bonita, de gran sensibilidad, en la que una sencilla historia de amor se encuentra plasmada con gran ternura, y de forma cotidiana. La obra original se desarrolla en Estados Unidos en 1951, finalizando en 1975, la versión del Marquina empieza en el 75 en España, y finaliza en el 2000, por tanto todo el trasfondo histórico se ha cambiado por los hechos mas importantes de nuestro país. No resulta del todo satisfactorio el cambio, y algunas situaciones se encuentran forzadas y poco creíbles, del mismo modo que hay algunos errores históricos, no muchos, que nos sacan un poco de situación. No me pareció una traducción redonda, y el uso del lenguaje excesivamente esquemático, y no muy variado, convierte a los personajes en marcadamente simples  y bastante inverosímiles en su psicología, da la sensación que se han utilizado algunas frases como fórmulas, que se repiten varias veces durante la función siendo el resultado extraño y de poco interés literario. Algunos parlamentos tal y como están traducidos o versionados, resultan muy difíciles de decir con naturalidad, ya que todo tiene un aire impostado, muy marcado, mostrándose como un ejercicio de falso lenguaje coloquial que consigue el efecto contrario al deseado, viéndose el texto muy lastrado en esta versión, así como la identidad de los personajes.



La obra la interpretan David Janer y Silvia Marty, dos rostros conocidos por la pequeña pantalla, y que en el caso de Janer resulta un error de casting garrafal, no siendo así con Marty, pero que por desgracia se acaba dejando arrastrar por su compañero en escena viéndose su trabajo muy empañado. Janer resulta completamente insuficiente en su creación, no habiendo entidad actoral ninguna. Janer se da de bruces con un texto que le viene grande por todas partes, y en la que su nula implicación emocional consigue que todo su trabajo se resuma en un equivocado uso de la voz y en un exceso continuo  buscar la comicidad que no logra sacar ni una sola carcajada. Sus carencias actorales se ven al descubierto en una escena durísima en la que debe contar la muerte de su hijo que roza el bochorno mas estrepitoso, por momentos, y en el que no ocurre absolutamente nada por dentro de nuestro actor. Todo está enfocado hacia afuera, no hay ni el mas mínimo cambio en su forma de entender el personaje en los 25 años que se supone que transcurren en escena, y no vi en ningún momento ni el mas mínimo atisbo de evolución, en un recorrido que debería ser interesantísimo y definitorio del papel hasta sus últimas consecuencias. Janer sale a escena y a los cinco minutos ya nos ha contado absolutamente todo lo que nos tenía que contar, no hay nada más, así de simple y así de duro.
Silvia Marty, con más mimbres actorales que su compañero, sirve momentos de altura, y se encuentra más afortunada en líneas generales, más implicada a nivel emocional, y sin ninguna duda con una trabajo más interiorizado, pero que se deja contagiar por la superficialidad de su compañero a ratos, rozando la sobreactuación, algo de lo que no es culpable ella, ya que correctamente dirigida, estoy convencido que podría haber llevado a cabo una interpretación mucho mas interesante, ya que facultades no le faltan. Poca química en escena y unos vínculos poco dibujados entre los dos protagonistas son la tónica en dos interpretaciones que parecen ir por libre y en direcciones y códigos muy distintos, que se tropiezan entre si de forma estrepitosa por momentos y que se van alejando a medida que la función se va tornando mas seria, y con mas complicaciones psicológicas.



Hector Claramunt dirige el espectáculo, y lo hace con grandes problemas de enfoque del texto, en el que algunas escenas aparecen completamente equivocadas, especialmente la última, donde falta cualquier atisbo de peso actoral y dramático. Los diferentes momentos que se plantean en el texto, y el tan difícil equilibrio entre la comedia mas obvia y el drama intimista mas sólido se encuentra completamente desdibujado. Nada parece transcurrir con la necesaria fluidez, los momentos cómicos no tienen gracia, viéndose emborronados y carentes de ritmo. En las partes mas dramáticas todo está tratado de forma superficial, y no ha sabido sacar a sus actores un trabajo mas interiorizado y cargado de emoción resultando todo muy deslavazado y sin tener el espectáculo una línea clara. Las escenas mas románticas se caen hasta el sopor, las más dramáticas se tornan completamente inverosímiles, y en medio de todo esto nos encontramos con un momento vodevilesco completamente fuera de contexto dentro de la función, que si el enfoque del espectáculo hubiese sido distinto no nos chirriaría tanto como lo hace. El problema mas grave estriba en que Claramunt no ha sabido navegar entre el complicado equilibrio de la función, siendo el resultado desangelado y con poca coherencia teatral, moroso por momentos, excesivo a ratos, plano en general y de muy poca intensidad de principio a fin.
A esto hay que añadir que ni la caracterización de los personajes, ni los problemas en los cambios de vestuario ayudan a hacer mas verosímil, ni las interpretaciones ni a la función, donde todo parece impostado, y artificial. 
Uno sale del teatro con la sensación de haber asistido a un espectáculo realizado con prisas, descuidado y mal rematado, en el que se ha apostado por dos nombres populares como reclamo de taquilla, pero que resulta profundamente decepcionante en su acabado artístico y formal. Creo que el proyecto les ha venido grande a los integrantes del equipo, planteando como una comedieta un texto de mas calado, donde debería haber primado la sensibilidad, y el intimismo, mas que el toque de teatro de salón, superficial y con cierto toque "agarbanzado" que diría Don Ramón del Valle-Inclán. 




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lunes, 19 de marzo de 2018

Guateque 69, Comedia Yé-Yé En Verso

Francisco de Rojas Zorrilla, es uno de los grandes olvidados del Siglo De Oro, siendo como es una autor sin duda excelso, su producción no es de las mas habituales en el repertorio de teatro clásico. Yo le tengo especial cariño, ya que mis pruebas de acceso en la escuela de interpretación de mi ciudad de origen incluía un monólogo de "Abre el ojo". Las horas que pasé lápiz en la boca, masticando y rompiendo el verso de aquel puñetero texto son incontables, en la cama, en la ducha, desayunando, por la calle... ¡yo que sé!. No tengo muy claro si me pillaron por aquel monólogo o por la escena que yo había escogido que era nada menos que un fragmento del famoso monólogo de Marco Antonio del "Julio Cesar" de Shakespeare  (osadías de la juventud, y aprovechamiento de un curso de voz que había realizado aquel verano ja ja ja).
Desde entonces siempre recuerdo con simpatía a Rojas Zorrilla, y lo echo de menos en nuestros escenarios, Calderones y Lopes varios suelen eclipsar a un autor a reivindicar, y que va mas allá de las que posiblemente seas sus obras mas famosas, "Entre bobos anda el juego" y "Donde hay agravios no hay celos".
Si por algo ha pasado a la historia Rojas Zorrilla es por la creación del subgénero denominado como "comedia de figurón" de aires farsescos, y arquetípico protagonista, que se mantuvo en nuestros escenarios, con su lógica evolución hasta no hace muchos años, siendo muy reconocible por el espectador patrio, dadas sus particulares características. 
Las comedias de Rojas Zorrilla se caracterizan por su hilaridad, ya que dominaba el humor como pocos, pero por misterios insondables, se ha quedado un poco a la zaga en cuanto a fama con sus coetáneos de mas renombre, y su fecunda obra no se representa tanto como debería, o al menos tanto como a mi me gustaría.
Hace un tiempo llegó a mis oídos que se estaba llevando a cabo en la Sala Tarambana una obra de nuestro autor que hacía 300 años que no se representaba, me picó la curiosidad, y el envoltorio de la producción, años 60 patrios, me hicieron muy atractivo el producto, para que os voy a engañar, ya que la cosa prometía muchas risas y una visión distinta de nuestros clásicos. El título en cuestión era "Lo que son  mujeres" obra completamente desconocida por mi, versionada en esta ocasión por Ozkar Galán, retitulando el texto como "Guateque 69"
Sin tener ni idea de lo que iba a ver me acerqué ayer hasta Carabanchel dispuesto a pasármelo bien y sobre todo a reírme, algo muy sano sin ninguna duda, y que siempre viene bien.




"Guateque 69" sin desvirtuar la esencia del texto de Rojas Zorrilla se presenta como una cuidadísima actualización y reducción del original, que contaba con 24 personajes, reduciéndolos a 6, llevados a cabo por 4 actores. Para ello Ozkar Galán, mediante una dramaturgia realmente soberbia, se dedica a la trama principal limpiando de polvo y paja el texto, y mediante un fresquísimo e innovador tratamiento del verso, hace que la obra sea asequible al espectador actual, que entienda a la perfección los conflictos de los personajes, y donde la mayoría de los arquetipos del Siglo de Oro se encuentran presentes, sin dejar de lado el cacareado figurón del que mas arriba hablo, enseña de nuestro autor y uno de sus personajes mas reconocibles. Lo que "Guateque" plantea es de inusual vigencia, con unos personajes femeninos convenientemente actualizados que se ven reforzados y con una entidad psicológica mas que notable, en un enfoque feminista tremendamente enriquecedor, y sorprendente dado el tipo de texto que se plantea y que parece ser que ya en el texto original se daba de la misma manera, algo que sin duda suma mucho interés a una comedia que ya merecía ser revisada.
Galán dota de un humor muy particular a su texto, desternillante por momentos, con unos chistes perfectamente introducidos dentro de la época en la que se desarrolla el espectáculo, y de un resultado cómico de altura y en perfecta consonancia con el tono de la función. Tal y como está planteado el texto, resulta un bomboncito que se digiere con una facilidad asombrosa, divertidísimo, y con unos toques de comedia elegantona que resultan muy sofisticados. Humor inteligente y directo son la marca de la casa, con su pizca de lirismo, un poco macarra y de resultados altamente satisfactorios, perfilando todos los personajes de forma inteligente y con gran claridad en la exposición siendo esto lo que define un texto que podría verse embarrado por el enrevesado y frenético lío que se produce en el escenario, y que aparece cristalino ante los ojos del espectador.



Los cuatro actores que dan vida a la farsa, se encuentran en completo estado de gracia, con unas interpretaciones muy bien perfiladas, y de gran calado en lo actoral.

Lara Fernán, abosultamente deliciosa como la hermana fea, un tanto atolondrada y de aires adolescentes, derrocha encanto inocencia y naturalidad, en un personaje de esos que te quieres llevar para casa. Fernán dota de gran ternura y humanidad a Matea, dentro de un código muy de verdad y que en su breve monólogo se me antojó absolutamente maravillosa. Verla mirar embobada el conceptual televisor es una delicia y un ejercicio de interpretación teatral que me dejó completamente fascinado, en el que se puede resumir un trabajo lleno de verdad y alejado de cualquier afectación.

Luna Del Egido, templadísima y con aires de primera actriz, como la bella hermana mayor, heredera del mayorazgo familiar. Nuestra actriz de impoluto tono corporal y vocal resulta muy adecuada para su personaje, dando sensación de mujer dura y altiva, que tiene un interesante recorrido a lo largo de la función, y que Del Egido redondea de forma perfecta rematando el arco del personaje sin el mas mínimo problema. La química con Lara Fernán es muy notoria, y las escenas de ellas dos se encuentran en el justo punto de sazón, donde el vínculo entre ambas se ve perfectamente reflejado de forma muy creíble y cargada de matices. Su estupenda presencia escénica ayuda mucho a que entendamos a su personaje, y resulta muy convincente en sus escenas mas comprometidas. Su trabajo con el verso, como es tónica en la función, resulta muy moderno, natural y todo tiene mucho sentido en los parlamentos. 

David Kelly como Gibaja, alter ego del autor de la comedia y parte principal en el enredo. Kelly da vida forma perfecta a este arribista, un tanto chulángano de aires castizos y excesivamente pagado de si mismo, pero que también tiene su corazoncito. Comienza la función de forma admirable, saliendo a comerse al respetable de forma mas que convincente, obsequiándonos con varios apartes realmente notables. Con grandes dosis de enérgica socarronería y bastante ácido en sus comentarios, dota de gran cinismo a su personaje, logrando que se le vean las costuras a su Gibaja a los cinco minutos de estar en escena. Sus objetivos están clarísimos así como sus estrategias, llevando a cabo una sólida interpretación y muy matizada.

Héctor Carballo, absolutamente soberbio interpretando tres personajes arquetípicos, y muy diferenciados entre si. Encontré a Carballo entregadísimo en todas sus intervenciones, logrando cotas de excelencia en un dificílisimo y agotador trabajo de disociación en el que un puro, unas gafas y un foulard son cruciales como elementos diferenciadores de cada personaje. Carballo ejecuta un monólogo a tres que me pareció asombroso. Nuestro actor posee una vis cómica indudable y maestría a la hora de afrontar el verso, que resulta natural y perfectamente dicho, en un trabajo con el texto realmente notable y de enorme calidad. Tiene varios mutis de órdago, y su trabajo resulta impactante tanto por su dificultad, como por su solvencia como actor. 




Gorka Martín firma el espectáculo, y varias cosas a tener en cuenta. Los personajes se encuentran perfectamente definidos, así como sus vínculos y objetivos, siendo la dirección actoral concisa, y muy acertada, consiguiendo que cada actor brille mucho dentro del enfoque de cada personaje, desde el mas naturalista hasta el mas extremado, sin que nada nos chirríe, ni que resulte exagerado o falso. Martín apuesta por la verdad y el tono coloquial de forma que olvidemos que estamos viendo una obra en verso, resultando uno de los mayores logros de "Guateque 69" el tratamiento del mismo alejado de cualquier amaneramiento y perfectamente orgánico. La función pasa por varios tipos de comedia, siendo la parte física fundamental en el enfoque de algunos personajes, y estando el gag visual muy presente por momentos. Nuestro director dota a la función de un ritmo prodigioso no decayendo el espectáculo en ningún momento, manteniendo el interés de principio a fin, siendo delicioso y realmente disfrutable. El enfoque estético, colorista y un tanto kitsch no hace mas que propiciar el tono festivo de la comedia, resultando un completo acierto, así como las transiciones entre escena y escena de inteligente resolución, y en el que los diferentes espacios escénicos en el que transcurre "Guateque" se encuentran perfectamente delimitados de forma imaginativa y muy clara. A esto hay que añadir que la situación de los espectadores rodeando a los actores, y la complicidad con el respetable, como recursos funcionan de forma muy gratificante y le restan la gravedad que algunos se empeñan en dar al verso. Nos encontramos ante una propuesta novedosa, divertida, de sólida factura, y un acabado formal sorprendente y acertadísimo desde todo prisma, donde abunda el buen rollo, y un trabajo cuidadísimo a todos los niveles, en el que la comedia se encuentra definida de forma perfecta, cercana y realmente atractiva. "Guateque 69" es una forma de entender nuestro teatro clásico desprejuiciada, cercana y que debería ser tomada muy en cuenta por algunos que pretenden "acartonar" unas comedias que tal y como se plantea en "Guateque 69" en su mayoría fueron escritas para disfrute del pueblo llano, que a fin de cuentas somos los que mejor nos lo pasamos con aquello del cachondeo. 





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jueves, 15 de marzo de 2018

Aida, La Ópera Según Cecil B. DeMille.

Dice el tango que 20 años no es nada, y digo yo que, según para que cosas. Hacía exactamente 20 años que no se representaba Aida en el Real , demasiados sin ninguna duda, para uno de los títulos mas famosos del gran repertorio, que ya sé que no solo de operones vive el melómano, pero entre lo mucho y lo poco... hay un término medio.
Es necesario que los públicos nuevos tengan acceso a los clásicos, y aquellos a los que nos gustan los grandes títulos también nos merecemos alguna alegría para el cuerpo, ya que en Madrid, hasta hace bien poco se vendían caros, y no me refiero a los precios del Real, que también. La cuestión es que para celebrar los fastos del Bicentenario del Teatro Real, se ha optado por el equilibrio, y la apuesta por el gran repertorio es evidente, algo que garantiza taquillaje, y el aplauso de la mayoría del respetable, que ve con agrado estas iniciativas, siempre y cuando la cosa esté a la altura del título a nivel musical, y que se olviden los referentes, que en cuestión de Verdis y Puccinis varios, para según quien es muy difícil, algo que yo no comparto, ya que siempre que voy a ver un título emblemático, me abstraigo de mis filias y mis fobias históricas para centrarme en el cantante que tengo delante en ese momento específico, que a fin de cuentas, es el que me va a hacer disfrutar o sufrir, dependiendo de la ocasión.
La producción de Aida que se decidió llevar a cabo, es una de las mas emblemáticas del Real desde su reapertura, es decir la que puso en pie con gran éxito Hugo de Ana en 1998, y que es una de las mas recordadas. Así que con gran boato y estridencia el Real publicitó esta Aida con una frase de ecos tan añejos como los de la producción, afirmando que había mas de 300 personas en escena, y que esta Aida era mas o menos la pera limonera en cuanto a despliegue escénico se refiere, algo que sin duda es real, y que ha servido de reclamo, ya que las tropecientas funciones parece ser que tienen lleno asegurado, algo que me alegra y me llena de satisfacción que diría uno que yo me sé, y vosotros también.
Ayer 14 de marzo, me dirigí al Real a ver uno de los mas grandes operones de toda la historia de la música, ávido de música, y una tanto escéptico ante el bombo que se le ha dado al montaje, ya que en esto uno tiene sentimientos encontrados. Por una parte me apetece ver puestas en escena fastuosas, pero por otra el riesgo de superficialidad es tan grande, que prefiero mas "tripa" y menos pompa. Reconozco que ayer iba a pasármelo en grande, y lo hice, pero mas por lo musical que por lo escénico como mas adelante contaré. Función pasada por agua, lleno total en el Real y una velada a recordar por muchos motivos fue lo que me encontré, lo que no es poco.



Ante la visión de la célebre ópera de Verdi no pude evitar acordarme del subgénero operístico denominado como grand opèra, con el que Aida tiene ciertos paralelismos, pero que no podemos incluirla en esa corriente, dado que la mezcla de grandiosidad e intimismo que caracterizan a Aida, no eran precisamente las señas de identidad del subgénero francés, al menos en su totalidad. A ello hay que añadir que el apogeo de Meyerbeer, el exponente mas claro de la grand opèra, fue el estreno de su obra magna "Los hugonotes" en 1836 y Aida se estrenó en 1871 cuando la mastodóntica ópera francesa estaba ya en decadencia.
La grand òpera francesa tenía la máxima "cuanto mas mejor" es decir, enorme orquesta, pretenciosa temática, a poder ser un buen pastiche histórico, fastuoso (y carísimo) aparataje escénico, y en algunos casos un número de solistas ingente. "Los hugonotes" necesita siete cantantes principales, ahí es nada, y como si todo esto no fuera suficiente, por norma se debía incluir un ballet. El resultado en general era grandilocuente, acartonado en lo dramático, y complicado de representar dado lo carísimo que resultaba pagar nóminas, vestuario y escenografía en producciones de esa envergadura.
Verdi ya coqueteó con la grand òpera, en la que para mi (y que me perdonen los mas puristas) es una de sus óperas mas indigestas, "Don Carlo", donde el genio de Busetto tuvo que recortar un acto entero, ya que los parisinos que iban a ver su ópera se quedaban sin transporte público para irse a sus casas dada la enorme duración de la obra. En lo dramático Don Carlo falla, y peca de los vicios del género francés, no siendo así en lo musical, que si que resulta magnífica, aunque mejor recortadita, ja ja ja.
La cuestión es que cuando Verdi compuso Aida, hizo una inteligente mezcla de gran espectáculo e historia intimista que funciona a las mil maravillas, donde el entorno grandioso en el que se desarrollan los trágicos amores de la princesa etíope y el capitán egipcio suman mas que restan y no son la base principal de la historia, aunque si su parte mas vistosa y mas recordada.



El breve preludio de Aida, casi tímido, es una clara declaración de intenciones sobre lo que Verdi quiere contar, y como lo va a contar, y el acto tercero después de toda la artillería pesada de la "escena triunfal" del segundo, se me antoja de una belleza incomensurable, y de una tensión dramática mas que considerable. Aquí los personajes si que dejan de ser monolíticos definitivamente, y la partitura verdiana fluye de forma atmosférica y con gran entidad psicológica.
Realmente Aida en su concepción del drama y los conflictos que plantea se aleja de la grand opèra, de la que solo se sirve de algunos elementos, para que Verdi nos cuente lo que realmente le interesa que son los conflictos internos de los personajes principales, así como el mensaje político del abuso de poder, tan presente en toda la obra verdiana. Siendo el resultado una de las grandes obras del repertorio universal, y una de mis óperas favorita de don Guiseppe.

El éxito de Aida fue, y sigue siendo clamoroso, y aunque a veces los fuegos artificiales enmascaren lo que realmente Aida representa como ópera, cuando el espectador la disfruta por primera vez, no solo se queda apabullado por las pirámides, los caballos, los carros de combate y la sensualidad de los esclavos y esclavas danzando ligeros de ropa. Mas bien sale sobrecogido por una historia de amor que se perpetúa en la eternidad, y por unos personajes atrapados en sus propias pasiones de forma trágica e irremediable.





Vayamos con el elenco:
Correctos comprimarios, destacando Sandra Pastrana como Gran Sacerdotisa, de bello timbre y mágica intervención, así como el entregado mensajero de Fabián Lara, hermoso partiquino que siempre me resulta grato de escuchar, y que fue servido de forma admirable por nuestro tenor. El Ramfis de Roberto Tagliviani me resultó insuficiente especialmente en la zona grave, donde la voz resulta escuálida, y destemplada en los finales de frase. El Rey de Egipto fue interpretado por Soloman Howard de forma mas que adecuada, adaptándose su instrumento a la perfección al papel, pleno de volumen y espléndida presencia escénica.

Gabriele Viviani, barítono, como Amonasro.
Amonasro es uno de esos papeles que sale poco, pero que cuando lo hace corta el bacalao en escena, especialmente en el tremebundo dúo con Aida, una de mis partes favoritas de la ópera. Viviani me pareció un vozarrón de los que despeina, literalmente, de canto robusto e impoluto en su ejecución, aunque si es cierto que en la zona aguda se aprecia cierto agotamiento vocal, que no molesta pero si se acusa. Estuvo muy templado en todas sus intervenciones logrando momentos de gran interés en el tercer acto de la ópera, siendo en general su interpretación efectiva y efectista a partes iguales.

Alfred Kim, tenor, como Radamés.
El tenor coreano fue de menos a mas, y estuvo un tanto rutinario en su escalofriante aria de salida, sin llegar a conmoverme, y con una ejecución un tanto ramplona. Pero a medida que el papel se va haciendo mas humano, empezó a brillar de forma sorprendente, y mas que gratificante. La voz es grande, de ecos baritonales, buen agudo, proyectado a la perfección, y brillante en los pasajes heroicos, pero donde realmente se luce es en los momentos mas líricos, dotando de mucha sensibilidad al dúo final de la partitura con unos agudos apianados de espectacular factura. Algunos momentos resultaron de gran espectacularidad y destacó mucho por su bravura en el enfoque vocal del personaje. Kim cumple como Radamés, dado que la voz posee la suficiente anchura y el necesario toque lírico que el capitán egipcio necesita para ser llevado a buen puerto.

Ekaterina Semenchuck, mezzosoprano, como Amneris.
Amneris es mi personaje favorito de Aida, sin ella no hay drama, y como malvada no tiene precio, pero antes que todo esto se encuentra la dificultad del papel a nivel vocal, que si se ejecuta de forma satisfactoria resulta de gran impacto. Semenchuck resultó una de las mejores intérpretes de la noche a todos los niveles. Enorme voz, colocadísima en todo momento, de agudos estratosféricos y nada pesante. De gran expresividad en todas sus intervenciones, y con una admirable linea de canto, logrando con su trabajo vocal definir a la perfección el carácter de la pérfida Amneris. Su soliloquio fue creo que lo mejor de la noche, logrando deslumbrar al espectador por la calidad de su trabajo, y la robustez de su instrumento. Muy entregada desde el inicio de la función, fue a mi entender la que mas se acercó al personaje, perfectamente apoyado en una poderosa presencia escénica que colma de empaque su interpretación. Semenchuck me ha parecido una de las mejores cantantes que he visto ultimamente en directo, ya que realmente su trabajo me llegó de forma muy directa musical y emocionalmente. 

Anna Pirozzi, soprano, como Aida.
Excelente en el difícil rol protagonista que fluctúa entre lo lírico y lo heroico de forma inclemente. Se agradece escuchar a una spinto auténtica, sin voz prefabricada, y que resulta adecuadísima para el papel. Matizadísima en todo momento, sus dos arias fueron realmente magníficas, especialmente la del tercer acto cantada con extremada sensibilidad, y en la que nos obsequió con unas "notas flotantes" de poner los pelos de punta. Su uso del regulador fue de gran efecto y muy acertado, primando el buen gusto en todo momento, y ofreciendo unos agudos apianados de gran expresividad y realmente conmovedores por momentos. Encontré a Pirozzi una magnífica cantante, de exquisito fraseo, e impecable factura vocal.



Coro Intermezzo, reforzado para la ocasión, con Andrés Máspero a la cabeza, en las cotas de excelencia habitual, de gran empaste en todas las cuerdas, quizás un poco tímidos en algunos pasajes de la "Escena triunfal" pero muy matizados y solventes en sus intervenciones, dando la nota de espectacularidad necesaria en los momentos mas abigarrados de la partitura de Verdi.

Nicola Luisotti llevó la batuta de la Sinfónica de Madrid de forma efectiva, sin hacer hincapié en los momentos mas efectistas y cuidando mucho a los cantantes, que parecen sentirse cómodos con la lectura que Luisotti hace de la obra. Quizás algunos tiempos fueron excesivamente morosos, pero no cayendo en lo aburrido. Nuestro director hace una lectura limpia y con énfasis teatral sin caer en lo superficial, siendo el resultado grato y francamente disfrutable.



Vayamos con la propuesta escénica:
Hugo de Ana firma el espectáculo, y tristemente cae en todo aquello que no debe caer Aida. De Ana parece mas interesado en una Aida contemplativa y esteta, que en una versión mas enfocada a la parte actoral, en la que los personajes aparecen completamente desdibujados, viéndose eclipsados por los clichés asociados al mundo de la ópera, donde el gesto grande, poco creíble y nula implicación emocional fueron la tónica. Mucha soprano arrodillada levantando los brazos, muchos abrazos castos y mas falsos que Judas, y un sempiterno olor a naftalina que arruina cualquier atisbo de dramatismo, fueron la tónica de un espectáculo en el que Hugo de Ana parece mas preocupado por mover la figuración, trabajo el de los figurantes excelente por cierto, que por conducir a los protagonistas por los vericuetos del libreto y darle alas al drama. La función se ha actualizado con unas proyecciones, de las que se abusa hasta la exasperación, no dejando ver la escenografía y que en muchas de las veces no aportan absolutamente nada, y que se ven reflejadas en una gasa que molesta mucho entorpeciendo la visión de lo que ocurre en escena. Nuestro director lo plantea todo muy grande, muy a lo bestia, muy monumental y corpóreo, pero de resultado vacío y superficial, y profundamente antiguo en su planteamiento. Siendo el resultado un espectáculo grandilocuente y acartonado, en el que sus virtudes estéticas, que algunas hay, se ven arruinadas por la proyecciones. Los cuadros plásticos en el final de acto, y la concepción de la ópera como si de una película de Cecil B. DeMille se tratara hace años que pasó a la historia, y en esta producción de Aida, uno no sabe muy bien si está viendo "Los Diez Mandamientos" o la gran obra de Verdi. Tampoco ayudan mucho los figurines del propio regista, muy poco afortunados en alguno de los componentes del coro, y excesivamente "arrevistados" en el caso de Amneris, ni las avejentadas, repetitivas y de pedestre simbología, léase momento momias, coreografías de Leda Lojodice.




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martes, 13 de marzo de 2018

La Extraña Pareja, La Comedia Eterna

La comedia, la tan denostada comedia, no es un género fácil y que desde el material de base, es decir el literario, hasta las interpretaciones, muchos son los factores que influyen para que la cosa funcione, y consiga su principal cometido que no es otro que el hacer reír al personal, algo harto difícil, que muchos intentan, pero que pocos consiguen, ya que aquello del sentido del humor es tan variopinto y personal, que dar con las teclas adecuadas no es precisamente sencillo. Pero si es cierto que cuando se da en la diana no hay género que se disfrute mas en directo que la comedia. Una buena sesión de cachondeo es la mejor terapia para el espectador, y dificilmente olvida un buen momento pasado en el teatro. A lo largo de mi historia como espectador he visto mucha comedia, muchísima, y la mayoría de las veces uno se encuentra obras insulsas, trilladas o de poco interés teatral, no porque el género sea malo, sino por difícil.  Recuerdo gloriosas representaciones de "Aquí no paga nadie" " La venganza de Don Mendo" "Arte" o por irnos a un ejemplo mas cercano, la estupenda "Burundanga" que hizo que me partiera de risa, hablando de un tema tan serio como es el terrorismo, porque señores, esto del humor es una cosa muy seria y que se debe afrontar desde el respeto por parte de los artistas, la entrega, y el ritmo, el sempiterno ritmo, tan complicado de encontrar, tan fácil de perder, y sobre todo crucial para el desarrollo del género cómico tal y como mandan los cánones del teatro. Una comedia sin ritmo está condenada al fracaso. Hay muchos tipos de comedia, desde la elegante y sofisticada alta comedia hasta la mas física y obvia, la paleta de estilos es enorme, pero muy específica en cada caso, y mas que reconocible para el espectador. Cada uno que elija la suya al gusto, que en definitiva el que manda es el respetable.
Esta disertación viene al caso ya que la semana pasada, vi una de esas comedias eternas, que nunca pasan de moda, "La extraña pareja" de Neil Simon, en su versión femenina y que actualmente se está representando en la sala Nueve Norte, para pasar en breve al Lara, dado el éxito que está teniendo.


"La extraña pareja" es una vieja conocida para el público español, ya que ha sido representada en múltiples ocasiones, en alguna de ellas con arrollador éxito, como puede ser el caso de al producción protagonizada por Paco Morán y Joan Pera, que se mantuvo en cartel durante varios años en Barcelona, siendo una producción muy recordada. 
La obra que esta crítica ocupa "The odd couple"  fue escrita por el prolífico Neil Simon en 1965, llevándose la nada desdeñable cantidad de cuatro premios Tony en su primera producción. El éxito del texto de Simon fue instantáneo, y se ha representado en innumerables países, se llevó al cine en una película antológica protagonizada por Walter Matthau y Jack Lemmon, así como también se hizo una recordada serie de televisión que gozó de varias temporadas y mucha popularidad en su momento. El propio Simon revisó su obra con gran tino en 1986 cambiando el sexo de sus protagonistas, aunque el mensaje de la función quedó intacto, si se modernizó el concepto de la función, añadiendo el interés de la independencia de las mujeres, algo sin duda mas vigente que el original, y que como digo mas arriba, es la versión que se está llevando a cabo en estos momentos.
El texto de Simon, como comedia es modélico, sólido, y afilado como un cuchillo en sus chistes, en un texto plagado de alfilerazos verbales, y con unos personajes cercanos y francamente reconocibles por el espectador, con los que se siente identificado de forma inmediata, dado lo cercano de los mismos, y lo carismático de cada uno.
La historia es sencilla, ante la debacle matrimonial de su amiga, Olga acoje en su casa a Flora, siendo dos personalidades completamente opuestas, caótica y liberal una y meticulosa, prolija y conservadora la otra. Las tensiones no tardan en aparecer y las situaciones cómicas, rozando el absurdo son la tónica de un texto, en el que hay mas trasfondo del que pueda parecer, y temas como la libertad del individuo, la diferente visión de la vida, y el crecimiento como persona están muy patentes, siendo su mensaje de carácter universal e imperecedero, ya que el conflicto de "La extraña pareja" tan ligado a la esencia del ser humano, así que pasen muchos años, seguirá vigente.



Vayamos con el elenco:
María Muñoz, Teresa Soria-Ruano y Patirke Mendiguren, dan vida a Clara, Silvia, y Vicky respectivamente.Las tres amigas de nuestra extraña pareja, compañeras de timbas de Trivial, y espectadoras del "drama" de nuestras dos protagonistas. Las tres se encuentran impecables en sus respectivos personajes, iniciando la función en una difícil escena, que sirve para caldear el ambiente, y donde el trabajo de compenetración de nuestras actrices se me antoja crucial para el buen funcionamiento de la obra. Cada una de ellas imprime su especial carácter, desde la pragmática Silvia de Soria-Ruano, la sentada (a ratos) Vicky de Mendiguren, y la pavisosa, pero deliciosa, Clara de Muñoz, personaje muy a tener en cuenta, que encontré acertadísimo en su enfoque tanto corporal como gestualmente. Las tres llevan a cabo un trabajo bien pensado, claro y perfectamente reconocible, dentro de los "tipos" que les han tocado en suerte, y que en definitiva suman mucho a la función, aligerando las escenas de forma muy notoria.

Chema Coloma y Diego Quirós dan vida a Anouchaván y a Atanás, dos hermanos armenios, vecinos de las protagonistas de la función. Encontré excelentes a los dos actores, en unos personajes cargados de verdad, bonhomía y ternura. Tanto Coloma como Quirós, resultan extremadamente convincentes en sus respectivos papeles, llegando a pensar en un principio un servidor, que realmente eran armenios. Su trabajo no pasa por la caricatura, ni por el trabajo enfocado hacia afuera, sino por una interiorización de dos personajes, desde un ángulo respetuoso y sensible en grado sumo. Simplemente me los creí. Honestidad y verdad, los dos componentes esenciales para rematar una interpretación, y que tan pocas veces se ve en nuestros escenarios, son los ingredientes que componen a Anouchaván y Atanás, y que me parece que no es poco precisamente.

Susana Hernáiz y Elda García como Olga y Flori. Nuestras protagonistas se desenvuelven en dos códigos distintos, pero que se complementan a la perfección: Hernáiz explosiva y lapidaria, y García mas hacia adentro pero igual de convincentes, en dos personajes perfectamente perfilados, y entre los que saltan chispas en los momentos punteros de la función. Olga manda en sus escenas tal y como el texto marca, mientras que Flori parece ser una olla a presión a punto de estallar, cosa que hace cuando menos nos lo esperamos. Su vínculo se encuentra perfectamente reflejado, y se entiende perfectamente lo que está pasando por la cabeza de cada una, en dos interpretaciones muy bien medidas, y con un recorrido muy interesante, siendo la evolución de ambas a lo largo de la función la gran baza de la comedia. Encontré a Hernáiz realmente esplendida, tanto en tono corporal como con la voz, de dicción perfecta, y García parte de un peculiar enfoque físico que define a la perfección el aparentemente apocado carácter de su personaje, y que consigue llevarnos a la exasperación dada su singular personalidad. La obra se sustenta practicamente en ellas dos, y sin duda ofrecen los mejores momentos del espectáculo, incluida la surrealista cena con los armenios, donde ambas sacan la artillería pesada en sus momentos de lucimiento. 



Vayamos con la dirección escénica.
Andrés Rus al timón del espectáculo, sabe lo que quiere, y se nota. Imprime a la función las cotas de frescura necesaria para que el texto siga teniendo vigor en estos tiempos, y el cambio de época, así como la actualización de los personajes funciona a las mil maravillas. Entiendo que se ha partido de las características personales de las dos protagonistas, y en base a eso se han ido forjando los personajes, así como en el caso de los secundarios, ha optado por una visión mas tipificada e igual de efectista que en el caso anterior, siendo la mezcla de las diferentes interpretaciones muy homogénea y nada chocante. Nos encontramos ante una función de tono desenfadado, dinámico y que sin romper la cuarta pared en ningún momento, busca continuamente la complicidad del público, algo crucial para la comedia y para que sus resortes funcionen a la perfección. El trabajo de Rus se caracteriza por una limpieza muy notable, tanto en los movimientos, como en los cambios, perfectamente apoyados por unas músicas muy reconocibles y que caldean al respetable de forma adecuada e inteligente. En líneas generales dota a la función de un ritmo muy bien medido y fluctuante de forma acertada, nunca llegando a ser atropellado, pero en progresión ascendente, hasta que nos vuelve a dar un respiro, mientras las actrices se toman su tiempo para implicarse en las escenas, en algunos casos con gags basados en lo visual, mas que en el texto en si. Me ha dado la sensación que Rus ha dejado hacer a sus actores, poniendo cada uno mucho de su parte en su personaje, pero sin dejar atrás unas directrices muy bien definidas, tal y como se refleja en la función, siendo la claridad en la exposición, la tónica, y un resultado mas que estimable en líneas generales, muy gracioso por momentos, y de preclaro mensaje, ligeramente feminista y adecuadísimo para los tiempos que corren.



Nos encontramos ante una propuesta sumamente agradable, que se deja ver con facilidad, y que se disfruta de forma ligera, pero sin quedar en lo banal. Comedia con su mensaje, que no está reñido con el pasárselo bien. Esta "Extraña pareja" es modesta en su envoltorio, pero tremendamente honesta en sus intenciones, y mas que sólida en su planteamiento, siendo en líneas generales un claro exponente de estupendo teatro, de impecable factura y mas que estimable en su resultado final.



lunes, 12 de marzo de 2018

Manifiesto Ante La Posible Privatización De El Teatro de La Zarzuela.

El sábado pasado saltó la noticia, a traición, y pensando los interesados que de esa manera se amortiguaría el golpe. 
El Ministerio de Cultura tiene la intención de fusionar el Teatro de La Zarzuela con el Teatro Real, en un nada disimulado intento de privatizar la enseña de la lírica española, un teatro único en el mundo, y que debe ser referencia a nivel internacional en cuanto a nuestra zarzuela se refiere.
Dicha decisión contempla  la gestión de los dos teatros desde el patronato que ahora mismo dirige el Teatro Real.

No soy capaz de aventurar el alcance de dicha medida, y todo hace pensar que los derroteros que tomará la programación del coliseo de la Calle Jovellanos no son nada halagüeños y que la subida de precios en las entradas será la tónica, así como la reducción de títulos de zarzuela dando prioridad a la ópera, convirtiéndose de esta manera en una especie de sala "B" del teatro principal, que sería en este caso el Teatro Real.

Ante la escandalosa subida de precios de las localidades en la casa de la ópera madrileña, para muestra el botón de Aida donde una entrada de estreno rondaba los 400 EUR, nada hace opinar que el caso de la Zarzuela vaya a ser diferente. Si algo caracteriza a la zarzuela es su carácter popular, y si algo caracteriza a nuestra Compañía Lírica Nacional es la accesibilidad en cuanto al precio de sus localidades, esta situación de darse tal y como todo apunta, se enfrentaría directamente con el espíritu de nuestro género lírico, que no se nos olvide es de todos, y para todos. 




La situación actual de la zarzuela es delicadísima, y una medida como esta no dejaría de ser la puntilla final si se ataca directamente a la línea de flotación del único bastión de nuestro género lírico a nivel mundial, para todo un patrimonio musical único en el mundo, y siempre despreciado por nuestros estamentos. Estamos hablando de la pérdida de una de nuestras señas de identidad a nivel artístico mas importante y mas querida dentro de la cultura popular. 

Que no se nos olvide que el primer cometido de el Teatro de La Zarzuela es la difusión y recuperación de la lírica española. No debe ser el segundón de Teatro Real, cada cosa en su sitio. La zarzuela no puede pasar a ser testimonial en nuestras carteleras, ni se deben liquidar sus cuerpos estables como todo apunta a que va a ser. Del mismo modo la recuperación de títulos es completamente imprescindible, ante la dificultad, de las ya practicamente extintas compañías privadas de ponerlos en pie, siendo esta función una de las mas importantes del Teatro de La Zarzuela, para vigorizar el género y perpetuarlo, algo que si nos atenemos a lo que apunta hacia un intento de hacer caja, sin ninguna duda se perderá.

Sería preferible el aumento de presupuesto para la zarzuela, que se pudieran llevar sus producciones a la mayoría de los teatros de este país y que la institución permanezca tal y como está, en vez de fusionarla en una especie de "Frankenstein escénico" de oscuro planteamiento, y nada claros objetivos, donde todo apunta a intereses pecuniarios mas que al amor por nuestro género lírico. 

Es de ley que el Teatro de La Zarzuela siga funcionando como organismo autónomo, que tenga sus propias señas de identidad como teatro, y que siga siendo lo que es, y para lo que fue construido. Un teatro para el pueblo de Madrid, para sus gentes, y para NUESTRA LÍRICA.

LARGA VIDA A LA ZARZUELA Y AL TEATRO DE LA ZARZUELA





miércoles, 21 de febrero de 2018

La Tempestad, Versión Concierto De Una Obra Maestra.

Siguiendo la estela de los últimos títulos del Teatro de la Zarzuela, en el que la recuperación de obras que hace muchos años que no se ponen en pie, de grandes dificultades musicales, y de mítico recuerdo en la memoria del espectador, viene siendo la tónica, se ha recuperado un gran título del repertorio como es La Tempestad. Este feliz propósito se vio reflejado el pasado viernes 16, día en el que se llevó a cabo el primero de los dos conciertos de dicha título, obra mítica y mitificada por su leyenda de obra maldita y por su indudable belleza. Para ello se contaba con un reparto, a priori, de campanillas con Carlos Álvarez a la cabeza, al que tanto se quiere en Madrid, y que tan poco se prodiga por nuestros escenarios.
No me podía perder el evento, obrón de Chapí, elenco de relumbrón, y una maravillosa partitura me parecía suficiente como para considerar el concierto de interés máximo, y vislumbrar que la noche podría ser estupenda... craso error como luego iré contando. La velada fue francamente mejorable en lo musical, ya que el reparto se me antojó bastante desequilibrado, y en algunos casos mas que discreto en su interpretación, siendo esta vez un servidor el que saliera enfadado del coliseo de la Calle Jovellanos, en vez de las abuelitas que clamaban por ovejitas en Maruxa, y que siguieron dándole caña a la anterior producción en los corrillos, aunque Maruxa ya hiciese unos cuantos día que finalizase. Ante el pobretón nivel musical del concierto, y el entusiasmo de "los de siempre" uno empieza a plantearse que el drama de la zarzuela estriba en que a su público le interesan mas las ovejitas que la música, amén de los papeles de los caramelitos, los cuchicheos en los solos de orquesta que son la marca de la casa de ese teatro, y como no, el cantar sin el mas mínimo disimulo lo que están cantando los solistas, que sin duda forman parte de la idiosincrasia del Teatro de La Zarzuela, de la que se puede sacar una tesis abundante y documentada, que explique los problemas de la zarzuela como género, siendo uno de los mas importantes su público, arte y parte en una crisis preocupante en grado sumo y que debe ser enmendada de forma urgente.



La Tempestad, denominada como "Melodrama fantástico en tres actos" en prosa y verso con libreto de Miguel Ramos Carrión y música de Ruperto Chapí, tuvo su estreno triunfante en el Teatro de la Zarzuela de Madrid el 11 de marzo de 1882.
Se la podría definir como una zarzuela grande, pero sus influencias son netamente operísticas, siendo un claro ejemplo de ello la sinfonía claramente verdiana con la que se prologa la obra, aunque también se ve influenciada por la opera francesa de Gounod y Mayerbeer. Esta obra supuso un gran salto en nuestra lírica y formaba parte del intento de renovar la zarzuela, empresa en la que Barbieri fue un pionero, y Chapí un digno sucesor de dicho compositor. La altura musical de la obra es indudable, y su dificultad extrema en practicamente todos lo roles, en una obra donde los concertantes y números de conjunto en general tienen gran importancia, siendo la orquestación una de las mas atmosféricas de todo el repertorio, y una de las grandes bazas de la partitura. La Tempestad abundantísima en música contiene la nada desdeñable cantidad de veintiún números musicales, y por su densidad musical, es comparable a una ópera desde todo ángulo. La que yo considero obra maestra de Chapí, La Bruja estrenada cinco años después, ya se vislumbra en La Tempestad, especialmente en el gran concertante con el que finaliza el segundo acto, y alguno de los coros se ven claramente influenciados por el anteriormente citado Barbieri.




Varias piezas son a destacar, desde el famosísimo "Monólogo de Simón" aria de ópera para barítono en toda regla y auténtico tour de force para cualquier cantante que se precie. También es destacable la famosa romanza de salida del tenor "Salve, costa de Bretaña" así como el bello dúo de sopranos a modo de barcarola que acontece en el primer acto. El resultado es una partitura de impecable acabado, solidez musical pasmosa, y gran efecto escénico, sin que esto sea impedimento para que la música esté a una altura realmente apreciable.
El material literario es un claro ejemplo de su época, y podríamos incluirla dentro del dramón romántico con influencias sobrenaturales en su asunto, y de gran carga dramática. La obra tiene un empaque literario considerable, con unos personajes bien perfilados, y de mas calado del habitual en nuestra zarzuela. 
El concierto se presentó en (acertada) versión libre de Alberto Conejero, y en ella el importante personaje de Mateo, ya anciano, recuerda los hechos ocurridos en la obra cuando era un jovenzuelo, y nos cuenta la historia entre número y número, como si de un cuento se tratara, en un texto profuso en lirismo, que resume a la perfección el argumento y que resulta muy efectivo en cuanto a la comprensión de la historia se trata.



Vayamos con el elenco:
Juan Echanove, actor, como Mateo (narrador)
Echanove, actor al que admiro profundamente no acaba de resultar del todo satisfactorio por varios motivos. El primero y mas notorio es que el papel es leído y no dicho de memoria, algo que encorseta a nuestro actor de forma inclemente, perdiendo frescura, ya que no nos podemos abstraer de la sensación de que se está leyendo mas que interpretando. Encontré a Echanove algo impostado especialmente en su última intervención, que no me creí en absoluto, y que estoy convencido que si se hubiese podido mover por el escenario y no limitarse a estar delante de un atril, todo fluiría de forma mucho mas creíble. Hay cierto tono de radioteatro que no acabó de convencerme, y que si bien es cierto que Echanove aporta oficio, y tiene momentos muy buenos, resulta rutinario en algunos pasajes, y su trabajo se vislumbra mas hacia afuera que desde adentro, rozando la declamación en algunos momentos. 

Carlos Cosías, tenor, como Mateo.
Cosías lleva a cabo un papel que podríamos incluir dentro del repertorio de tenor cómico, tan característico de nuestra zarzuela. Cosías con poca entidad vocal, salva los trastos gracias a que enfoca el papel dentro de una acertado aire bufo, pero no acaba de rematar dado el escuálido material vocal, y algún que otro problema con el apoyo que le resta fuerza a su trabajo musical.

Mariola Cantarero, soprano, como Ángela.
Cantarero hace tiempo que se encuentra en un delicado momento vocal, y así se demostró en la función del viernes, donde el sonido resulta poco fresco, y la voz pesa en exceso. El vibrato tan característico de nuestra soprano parece menos marcado de lo habitual algo que resulta muy de agradecer, pero los problemas continúan en la línea de canto y en el final de los agudos, resueltos de forma excesivamente abrupta y con nula musicalidad. La partitura se debe respetar, y no adaptarla a las necesidades del cantante para hacer con ella lo que mejor le venga a las características de su instrumento, y Cantarero parece estar mas interesada en dar, los por otra partes estupendos, sobreagudos, que por seguir las exigencias del papel tal y como Chapí lo concibió. Estuvo francamente afortunada en su romanza principal, pero no así en el terceto donde la coloratura suena metálica y poco refinada en su resolución. Siendo su composición irregular en líneas generales, ya que una romanza brillante no salva un personaje entero.

José Bros, tenor, como Beltrán.
Bros me hizo sufrir mucho durante el concierto, el papel no se adapta a su vocalidad, y sería necesario otro tipo de tenor para llevarlo a cabo. Problemas de colocación, excesivamente nasal en muchos momentos, y el agudo se encuentra forzado, mal resuelto y cercano al gallo no pocas veces y con problemas en la afinación. Encontré a Bros inseguro en sus intervenciones, y su romanza de salida fue claramente insuficiente, echándose un servidor las manos a la cabeza de forma involuntaria por dos ocasiones, ante los problemas que nuestro tenor se encuentra a la hora de abordar el papel. La zona central suena bien, la voz corre sin problemas, y un trabajo vocal mas concienzudo estoy seguro que hubiese añadido mucho mas interés a su trabajo.

Carlos Álvarez, barítono, como Simón.
Absolutamente magnífico, luciendo señorío sobre el escenario, de atronador volumen y matizadísimo, logró el momento de la noche en su monólogo, por el cual ya mereció la pena el concierto. Álvarez de impoluta línea de canto, sólido como una roca, y muy expresivo, se adapta como un guante al difícil personaje que le ha tocado en suerte. Brilla muchísimo en los concertantes donde la voz destaca de forma muy satisfactoria y con exquisita musicalidad. Me pareció el cantante mas seguro de todos los solistas, y el que mejor preparado tenía su papel, algo que se refleja de forma rotunda en su brillante trabajo que sobresale del resto, y que realmente me supo a poco. Carlos Álvarez debe venir con mas asiduidad al Teatro de la Zarzuela, es una activo importantísimo en nuestro panorama lírico, y pone a la zarzuela en las cotas de excelencia que el género merece. No me cabe ni la mas mínima duda.

Ketevan Kemoklidze, mezzosoprano, como Roberto.
La mezzo georgiana resultó una agradable sorpresa, que afrontó el papel de galán de la función con bravura, elegancia y gran sensibilidad. La voz suena ligera, redonda y muy bien colocada. Exquisita en el fraseo y de gran delicadeza en sus intervenciones. Su romanza fue ejecutada de forma impoluta y con un bello sonido que corre por la sala sin el mas mínimo problema y en el dúo con Cantarero resultó deliciosa. Kemoklidze sirvió una velada de gran calidad musical, refinada y mas que satisfactoria, a lo que hay que añadir una estupenda presencia escénica. 


Coro Titular del Teatro de la Zarzuela magnífico como viene siendo habitual en ellos, luchando contra los elementos ya que la ubicación de la orquesta no les facilitó el trabajo, algo que no influyó para que fuera tremendamente resolutivo en sus intervenciones, y muy matizado. Quizás mas empastados los hombres que las mujeres, pero sin ser nada grave, dieron la nota de espectacularidad necesaria en una partitura como es La Tempestad en la que el coro tiene gran importancia, y un difícil trabajo que se vio muy bien reflejado en la representación.



Guillermo García Calvo llevó la batuta de la OCM no sin problemas, especialmente de concertación, donde se nota que no se pudo trabajar lo suficiente. Las colas de algunos solistas en los finales de número fueron muy notorias, y el sonido en los momentos de conjunto no tuvo la  homogeneidad deseada dando la sensación de que cada cantante iba a lo suyo, siendo pocas las ocasiones en las que se notó un trabajo de unión de las voces realmente estimable, algo que en una obra de las características de La Tempestad puede resultar un problema grave. La orquesta fue de mas a menos, y en líneas generales encontré la lectura bastante plana y aburrida por momentos. He de decir que la orquesta debería haber estado en el foso y no en el escenario, hubiese facilitado el trabajo de la mano que al encontrarse de espaldas a los solistas principales no pudo dar entradas y cortes como desde otra posición hubiese podido hacer, es de justicia la aclaración ya que tengo la sensación de que si García Calvo hubiese estado en el foso, algunos problemas con los que se encontraron no hubiesen sucedido.

En líneas generales encontré el concierto falto de ensayos, sobre todo en cuanto a solistas se refiere, y no llegó a las expectativas con las que entré en el teatro, iba dispuesto a disfrutar, y sufrí por momentos, me aburrí en un segundo acto que no acabó de despegar hasta el concertante final, y también es cierto que disfruté con el trabajo de Carlos Álvarez y Ketevan Kemoklidze, pero que por desgracia no lograron salvar del todo un que espectáculo que podría dar mucho mas de sí.  Finalizo la crónica con una pregunta...¿Para cuando una Tempestad escenificada? espero que sea pronto, la obra de Chapí se lo merece, y los aficionados también, sería una maravilla poder disfrutarla en todo su esplendor.





*Si alguien considera que alguna de las imágenes utilizadas en este blog, está protegida por copyright, ruego me lo comunique para retirarlas a la mayor brevedad posible.

** Los apuntes históricos del estreno de La Tempestad, así como algún apunte del análisis musical de la obra,  están sacados de "El Libro De Oro De La Zarzuela" de Roger Alier, piedra angular de los aficionados al género, y fuente de información de este blog en múltiples ocasiones.